06 Diciembre 2012 Seguir en 
"Si conoce Brasil, verá que es ondulante como su arquitectura". Esa frase le quedó grabada a Rafael Serrano, uno de los dos arquitectos tucumanos que trataron a Oscar Niemeyer en Argelia hacia fines de la década de 1960. A Leonardo Combes le impactó su humildad y la generosidad.
"Trabajé durante un año en un gabinete técnico en Argel. Se trataba de una empresa nacional que se dedicaba a la investigación; contrataban arquitectos e ingenieros. Houari Boumédiène era el presidente de la nación en el 67-68. Me encargaron que diseñara un liceo donde había habido antes un fuerte de la Legión Extranjera, era uno de los pueblos más bonitos del país a unos 400 km de Argel", evoca Serrano.
"Paralelamente, el Gabinete Técnico Económico alojaba un plantel de arquitectos que obedecían a Oscar Niemeyer, donde Irmao Montenegro mandaba la batuta. Nos hicimos amigos. Niemeyer estaba en Marsella; viajaba una vez cada 40 días y se quedaba una semana en Argel. Así lo conocí. Le pedí que diera una charla y lo hizo gustoso. Lo invité a comer un asado a mi casa. Era una persona amable, sencilla, una especie de sabio. No importa en qué idioma hablaba, vos entendías todo. Le dije: 'Vemos sencillez en sus trabajos, pero son líneas curvas'. Me contestó: 'Si conoce Brasil verá que es ondulante como su arquitectura'".
Según Serrano, la obra de Niemeyer logra una síntesis, como si fuera una arquitectura simbólica, pero también útil y vital; se preocupaba por la habitabilidad. Cuando la arquitectura es trascendente, sirve siempre. En lo personal, era un tipo franco, muy leal y alegre, abierto a nuevas ideas", relató Serrano.
Por su parte, Combes había tenido un contacto anterior con el gran arquitecto. "Yo había estado con él en 1959 cuando se inauguró Brasilia. Unos meses antes con un grupo de estudiantes fuimos a conocer Brasilia que era como una bomba. Nos recibió él en persona y nos hizo hacer un tour por la ciudad. Aún no estaban ni siquiera hechos los cimientos de la catedral", memora.
Pocos años después Combes estaba viviendo y trabajando en París. "Me contrató el gobierno de Boumédiène; hacía cinco años que Argelia se había independizado y viajamos con Rafael Serrano. Un amigo mío había fundado un organismo para realizar estudios técnicos. En el ínterin surgió la posibilidad de que ese organismo se ocupara del plan regulador de Argel. Eran los años 67-68", contó.
El arquitecto Combes señala que propusieron que Niemeyer se ocupara hacer el plan regulador. "Se lo contrató y vino en barco porque le tenía miedo al avión. Tardó un mes. En Argel iba a casa los fines de semana con su señora, tres arquitectos más su maquetista a comer asado o a tomar el té. Era muy afable, sencillo, accesible, dispuesto a hablar de arquitectura. Yo era muy joven, tenía 27 años ".
Combes define la obra de Niemeyer como un desarrollo del racionalismo lecorbuseriano, pero tiene "esa libertad, esa elegancia de la arquitectura brasileña. El brasileño está en el mundo con orgullo, con una presencia sólida, son amantes del samba, mientras que los argentinos, somos temerosos, tímidos, cultores del tango."
NOTICIAS RELACIONADAS







