Cauce tapado en Yerba Buena

Las cuestiones constructivas todos los días sorprenden por su irracionalidad en esta provincia.

21 Septiembre 2003
El poeta español Jorge Manrique (1440-1479) escribió: "Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir". El vate tal vez nunca imaginaría que en Tucumán los ríos pueden desembocar en un basural o lo que es peor aún, sus cauces pueden rellenarse con tierra y sobre ellos edificarse casas, como está sucediendo en Yerba Buena. Seguramente, en el siglo XV a ninguna persona con una pequeña porción de sentido común se le habría ocurrido taponar el brazo de un río para erigir una casa, porque rápidamente pensaría que al menor desborde las aguas arrasarían con su vivienda y con su vida.
Por razones que hasta el momento ninguna autoridad pudo aclarar, desde hace unos meses alrededor de 50 familias comenzaron a usurpar tierras en Yerba Buena que pertenecen a la Dirección Provincial del Agua (DPA). Lo más grave no es el asentamiento ilegal, sino dónde están ubicándose estas familias: sobre uno de los brazos (canalizado) del río Muerto, que corre junto a la calle San Javier (de este a oeste) y desemboca en avenida Solano Vera, entre el 400 y el 500.
En un informe de la DPA, se señala que un asentamiento de casas, dispuestas en rosario, se ubicó sobre el cauce rellenado del río. Se obstruyó un curso natural del río Muerto y se advierte que el curso debe definirse como temporario (la ocupación de las aguas depende de la intensidad de las lluvias) y es probable el ingreso de importantes caudales de agua.
"Esto ocasionará, en virtud del taponamiento, una inundación hacia las márgenes y erosión sobre el cauce mismo, agrediendo las casas allí instaladas y las de todo el vecindario, con consecuencias impredecibles", se explica en el informe. El extenso documento, que incluye aspectos legales y técnicos, también recuerda numerosos momentos de zozobra que vivió la población, cuando creció ese río. En otro informe se asevera que se está perjudicando todo el esfuerzo realizado desde la Secretaría de Obras Públicas de la provincia en cuestión de desagües y sistematizaciones en San Javier, y considera incomprensible la actitud de ese municipio, que habría autorizado el taponamiento y el asentamiento ilegal.
El 13 de agosto pasado el director de la DPA intimó al interventor de Yerba Buena para que cesaran los trabajos no autorizados e inconsultos y para que, en un plazo de 10 días, dejara la zona en su estado natural. Le advirtió que, en caso contrario, lo haría la DPA con sus equipos. El interventor contestó negando que él haya autorizado el asentamiento de viviendas y también rechazó que con máquinas del municipio se haya obstruido el río.
Ha transcurrido más de mes de esa correspondencia burocrática y todo prosigue igual. Ni la DPA limpió el cauce como amenazaba, ni el interventor actuó en forma inmediata como el problema lo exige. Lo más probable -de acuerdo con nuestra idiosincrasia- es que los "dimes y diretes" se prolonguen hasta que las lluvias "nos sorprendan", el río Muerto resucite y desborde; y haya evacuados -y quizás víctimas-. Entonces, vendrá la legendaria tertulia de quién tiene la culpa por lo que no se hizo; se hablará de las inversiones necesarias, de la falta de dinero, de la herencia recibida, de los créditos internacionales y, al cabo de unas semanas, las palabras serán llevadas por el viento hasta el próximo desastre ecológico. De ese modo, todo no seguirá igual, sino peor. Esta situación demuestra no sólo la ausencia de control que permite que cualquier persona haga lo que quiera, sino también la falta de educación que impide a estas familias darse cuenta de que sus vidas corren peligro.
Llegar a hallar a los responsables de una irregularidad y sancionarlos es en esta provincia tan difícil como enviar por una misión tripulada a Júpiter. Parece inverosímil que en el siglo XXI haya tucumanos que tapen un río y gobernantes que lo consientan.

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