Las elecciones de senadores nacionales de 1989 y de 1992 -las últimas realizadas en el marco de la Constitución de 1853- agitaron profundamente al peronismo Los electos entonces se incorporaron al bloque oficialista en los primeros años del menemismo, cuando este necesitaba construir poder con leales, para reformar el Estado y liberalizar la economía.
En 1989 se deshizo lo anudado en 1987. La elección del gobernador por el Colegio Electoral se hallaba atascada. José Domato (PJ) era el postulante apoyado por Fernando Riera, pero su chance de ser ungido de inmediato en el Colegio Electoral, se diluyó a causa del crecimiento de Osvaldo Cirnigliaro (Frente de Acción Peronista).
El radical Rubén Chebaia tampoco tenía esa posibilidad. Antonio Bussi (Defensa Provincial-Bandera Blanca) sumó otro ingrediente inesperado.
Jaque a la profesora
Al peronismo, que venía de derrotar a la UCR en los comicios nacionales de renovación legislativa, le preocupaba el enredo institucional del Colegio Electoral. Tucumán era una ficha más en la liga de gobernadores que reconocía entonces a Antonio Cafiero como su principal negociador con Raúl Alfonsín. Era una eficaz arma de presión frente a la Casa Rosada, urgida de acuerdos.
La línea renovadora, que tallaba la conducción nacional del PJ, delegó en Miguel Angel Toma la resolución del pleito. Cirnigliaro y Toma diseñaron una salida que se basó en el apoyo del FAP a Domato en el Colegio Electoral, y en la reserva para Cirnigliaro de la banca senatorial que se debía elegir en 1989. En el Colegio Electoral, el FAP votó por Domato, que fue consagrado gobernador. Luego, la Asamblea Legislativa le tomó juramento a Domato y avaló a Cirnigliaro como senador para el período 1989-1998, en un mismo acto.
Hunden el pacto
El acuerdo colapsó dos años después. El PJ reflotó una comunicación de Víctor Martínez, presidente del Senado, según la cual el 9 de diciembre expiraba el mandato de Rivas. Se invocó, además, una recomendación de Carlos Menem a Domato para que citase a la Asamblea Legislativa.
Al debatirse el asunto el 25 de noviembre, el senador Juan Cirnigliaro (FAP) defendió el pliego de su hermano, y calificó de engendro jurídico a la nueva convocatoria. El diputado Gabriel Casas (PJ) argumentó que la designación del nuevo senador debía hacerse cuando quedara vacante el escaño, y propuso a Rivas
El senador Julio Ibarreche (FR) habló de la nulidad insanable que implicaba la elección de Cirnigliaro. Sin el FAP en el recinto, Rivas obtuvo 30 votos; el radical Hugo Fabio, 15; Carlos Landa, nueve votos de FR; y Ricardo Díaz, uno. Rivas fue senadora entre 1989 y 1998.
Nueva polémica
La cobertura de la banca de Arturo Jiménez Montilla en 1992 también fue polémica. Su sucesor tendría mandato hasta 2001. El gremialista petrolero Julio Miranda lanzó su postulación con apoyo político y sindical, en los primeros días de noviembre. El gobernador Ramón Ortega, en tanto, consultaba el parecer de la Casa Rosada. Los legisladores deben resolver, le dijeron Carlos Menem, Eduardo Bauzá y José Luis Manzano. Eduardo Menem y el vicegobernador Julio Díaz Lozano coincidieron en que el senador debía ser votado durante 1992.
Miranda, Díaz Lozano. José Roberto Toledo y Antonio Guerrero -los precandidatos en danza- se comprometieron a apoyar el aspirante más votado por el Frente de la Esperaqnza (FE). Esto tiene que andar, afirmaba César Arias, interventor del PJ, quien aclaró que no propiciaba ningún sistema de votación. Durante los primeros días de diciembre, Miranda advertía que la elección estaba trabada por la paridad de votos. Arias les urgía definiciones a todos.
Estalló la bomba
Así las cosas, se llegó a la reslución interna en uno de los subbloques del FE, que dio ganador a Miranda por seis contra cinco de Toledo. La bomba estalló cuando Toledo acusó de traidores a Osvaldo Jaldo y a Juan Carlos Rija, porque habían cambiado sus votos. Estos le replicaron que eran falsas las imputaciones. La votación legislativa del 16 de diciembre terminó así: Miranda, con 19 votos del FE; Bussi; con 18 de FR; y Benjamín Carranza, con dos del radicalismo. Manuel Martínez Zuccardi votó por Guerrero.
En 1989 se deshizo lo anudado en 1987. La elección del gobernador por el Colegio Electoral se hallaba atascada. José Domato (PJ) era el postulante apoyado por Fernando Riera, pero su chance de ser ungido de inmediato en el Colegio Electoral, se diluyó a causa del crecimiento de Osvaldo Cirnigliaro (Frente de Acción Peronista).
El radical Rubén Chebaia tampoco tenía esa posibilidad. Antonio Bussi (Defensa Provincial-Bandera Blanca) sumó otro ingrediente inesperado.
Jaque a la profesora
Al peronismo, que venía de derrotar a la UCR en los comicios nacionales de renovación legislativa, le preocupaba el enredo institucional del Colegio Electoral. Tucumán era una ficha más en la liga de gobernadores que reconocía entonces a Antonio Cafiero como su principal negociador con Raúl Alfonsín. Era una eficaz arma de presión frente a la Casa Rosada, urgida de acuerdos.
La línea renovadora, que tallaba la conducción nacional del PJ, delegó en Miguel Angel Toma la resolución del pleito. Cirnigliaro y Toma diseñaron una salida que se basó en el apoyo del FAP a Domato en el Colegio Electoral, y en la reserva para Cirnigliaro de la banca senatorial que se debía elegir en 1989. En el Colegio Electoral, el FAP votó por Domato, que fue consagrado gobernador. Luego, la Asamblea Legislativa le tomó juramento a Domato y avaló a Cirnigliaro como senador para el período 1989-1998, en un mismo acto.
Hunden el pacto
El acuerdo colapsó dos años después. El PJ reflotó una comunicación de Víctor Martínez, presidente del Senado, según la cual el 9 de diciembre expiraba el mandato de Rivas. Se invocó, además, una recomendación de Carlos Menem a Domato para que citase a la Asamblea Legislativa.
Al debatirse el asunto el 25 de noviembre, el senador Juan Cirnigliaro (FAP) defendió el pliego de su hermano, y calificó de engendro jurídico a la nueva convocatoria. El diputado Gabriel Casas (PJ) argumentó que la designación del nuevo senador debía hacerse cuando quedara vacante el escaño, y propuso a Rivas
El senador Julio Ibarreche (FR) habló de la nulidad insanable que implicaba la elección de Cirnigliaro. Sin el FAP en el recinto, Rivas obtuvo 30 votos; el radical Hugo Fabio, 15; Carlos Landa, nueve votos de FR; y Ricardo Díaz, uno. Rivas fue senadora entre 1989 y 1998.
Nueva polémica
La cobertura de la banca de Arturo Jiménez Montilla en 1992 también fue polémica. Su sucesor tendría mandato hasta 2001. El gremialista petrolero Julio Miranda lanzó su postulación con apoyo político y sindical, en los primeros días de noviembre. El gobernador Ramón Ortega, en tanto, consultaba el parecer de la Casa Rosada. Los legisladores deben resolver, le dijeron Carlos Menem, Eduardo Bauzá y José Luis Manzano. Eduardo Menem y el vicegobernador Julio Díaz Lozano coincidieron en que el senador debía ser votado durante 1992.
Miranda, Díaz Lozano. José Roberto Toledo y Antonio Guerrero -los precandidatos en danza- se comprometieron a apoyar el aspirante más votado por el Frente de la Esperaqnza (FE). Esto tiene que andar, afirmaba César Arias, interventor del PJ, quien aclaró que no propiciaba ningún sistema de votación. Durante los primeros días de diciembre, Miranda advertía que la elección estaba trabada por la paridad de votos. Arias les urgía definiciones a todos.
Estalló la bomba
Así las cosas, se llegó a la reslución interna en uno de los subbloques del FE, que dio ganador a Miranda por seis contra cinco de Toledo. La bomba estalló cuando Toledo acusó de traidores a Osvaldo Jaldo y a Juan Carlos Rija, porque habían cambiado sus votos. Estos le replicaron que eran falsas las imputaciones. La votación legislativa del 16 de diciembre terminó así: Miranda, con 19 votos del FE; Bussi; con 18 de FR; y Benjamín Carranza, con dos del radicalismo. Manuel Martínez Zuccardi votó por Guerrero.







