El tucumano que patrulló las aguas del Caribe

Agüero estuvo a bordo del Rosales. Las sensaciones encontradas de los momentos de la Crisis de los Misiles en 1962, cuando se estuvo al límite de un conflicto nuclear entre EEUU y la URSS

RECONOCIMIENTO. Agüero muestra el diploma norteamericano. LA GACETA / FOTO DE INéS QUINTEROS ORIO RECONOCIMIENTO. Agüero muestra el diploma norteamericano. LA GACETA / FOTO DE INéS QUINTEROS ORIO
17 Noviembre 2012
"Yo viví una epopeya, que se valora con el tiempo. En ese momento no captaba la dimensión que tenía el hecho; a mí me llevó años entenderlo".

El tucumano Carlos Agüero era un joven marinero de 19 años recién cumplidos cuando participó del cerco naval a Cuba a bordo del destructor argentino Rosales, en la crisis de los misiles que cumplió 50 años el mes pasado. En aquel octubre de 1962, el mundo (y él) contuvieron la respiración cuando Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieron a punto de iniciar una guerra nuclear.

"Nuestra misión era patrullar la zona del Caribe circundante a Cuba, durante el bloqueo (conocido como la cuarentena) dictado por la OEA. Estuvimos hasta el 7 u 8 de diciembre, pese a que se había llegado a un pacto antes. Cuando nos avisan que había un acuerdo de paz, sentimos que se nos fue un enorme peso de encima, pero había mucha confusión, como si fuese todo en nada. La alegría inmensa nos llegó cuando pegamos el retorno a la Argentina, donde llegamos a mediados de diciembre", recordó, en una entrevista realizada por LA GACETA. - ¿Por qué ingresó a la Marina? - A mí me gustaban las armas; eran los años de las películas de cowboy, cuando uno no entiende el daño que causan y se cree que son una cosa inofensiva. Entré de voluntario a los 17 años, e hice el curso en la isla Martín García. Los cinco mejores promedios de los 482 ingresantes fuimos asignados al buque insignia, que entonces era el portaaviones Independencia.

- ¿Cuándo se entera de que iba a ir a la misión de la OEA?

-En realidad, no nos asignaron, sino que todos fuimos voluntarios. Un día de octubre, citaron a todo el personal a cubierta de vuelo del portaaviones; éramos unos 40, porque era una guardia que había quedado, la mayoría estaba de licencia. El comandante nos pone al tanto del conflicto bélico entre rusos y norteamericanos y explica que como la Argentina era parte de la fuerza de tarea 137, tenía el compromiso asumido de colaborar en un caso como éste. Nadie nos obligó, pidieron voluntarios y casi todos nos ofrecimos. - ¿Qué pasó entonces?- Nos trasladan e hicimos un curso acelerado con el nuevo armamento, porque el portaaviones tiene armas defensivas, y el destructor Rosales, ofensivas, con cañones de hasta 105 milímetros. Cada proyectil pesa 50 kilos y yo pesaba 55 kilos. En una semana aprendimos todo, dormíamos muy poco para estar al tanto de la nueva tecnología, y mi función fue graduador de espoleta, la que hace que explote la bomba. La tripulación era de 240 o 250 marineros, 100 más que en tiempo de paz. - ¿Cuándo llegaron a la zona de conflicto?- Entre el 21 y el 22 de octubre ya había contacto de comunicaciones con los EEUU. Viajamos a una velocidad de 43 nudos, que son unos 80 kilómetros, era casi a fondo. - ¿Participaron en alguna acción?- En la noche del 26 al 27 de octubre se detectó una nave no identificada y nos desplazamos con una unidad de los EEUU. Los perseguimos y les hicimos dos tiros de advertencia, y entonces se pararon. Se sabe que el tercero va directo al blanco. Fue la mayor tensión naval del momento. El abordaje estuvo a cargo de los norteamericanos. Andábamos constantemente patrullando por toda la zona, y rotábamos con naves de EEUU. Nuestra base era la de la Segunda Flota en Norfolk, Virginia, pero fuimos dos veces nomás. Nos dieron un diploma de reconocimiento por haber participado del bloqueo. - ¿Cuándo se alejó del servicio?- Me fui en el 66 por la revolución. No puedo comprender por qué nos hacemos pelota entre nosotros. Hoy la Marina está desmantelada y es una de las peores cosas que hizo el menemismo. Aquellos fueron los mejores años de mi vida y mi mayor deseo es volver a navegar.

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