11 Noviembre 2012 Seguir en 
La dimisión de David Petraeus como jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) es otra prueba de que la realidad supera la ficción: la persona al mando del espionaje estadounidense tuvo una aventura con una mujer poderosa e irresistible que no pudo mantener en secreto. Era el espía más poderoso de EEUU hasta que él mismo fue víctima de sus secretos, destapados por el FBI.
La "unidad contraespionaje" de la policía federal comenzó hace meses a controlar y analizar la cuenta de correo privado del jefe de los servicios secretos en Google, dice el The Wall Street Journal. En realidad, los federales sólo querían comprobar la seguridad de su cuenta de correo, pero "por casualidad" se toparon con comprometedores mensajes sobre la aventura amorosa de Petraeus. Hasta ahí la versión conocida hasta hoy. La verdad completa que se esconde tras el mayor escándalo sexual que sacudió Washington desde hace tiempo sólo saldrá a la luz como mucho de forma parcial y fragmentada.
Pero con lo que se conoce ya bastaría para hacer un thriller escabroso de Hollywood. Sólo una mirada sobre la supuesta amante de Petraeus ya da a los guionistas un material que ellos mismos apenas habrían podido concebir: una mujer de gran belleza, reina del baile en el instituto, triatleta, licenciada en la academia militar de élite de West Point y en la universidad de Harvard, y madre de dos hijos. E, incluso, ex modelo de fotos para una fabricante de pistolas automáticas. Así es Paula Broadwell, la mujer que hizo que el tan disciplinado general de cuatro estrellas, y que lleva 37 años casado, no pudiera resistirse. La mujer, de 40 años, escribió una biografía sobre Petraeus y alababa en entrevistas de televisión su capacidad de liderazgo. Para su investigación se mudó alrededor de un año a Afganistán, donde Petraeus dirigía la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo.
Mantuvo con él largas conversaciones e iban juntos a hacer jogging. Al parecer, el affaire comenzó cuando el hombre de 60 años abandonó el Ejército. Era agosto de 2011, poco antes de pasar al mando de la CIA. Desde hace algunos meses la aventura se había terminado.
Sin embargo, el que fuera jefe de los servicios secretos no fue capaz de ocultar su propia relación: lo que los agentes del FBI encontraron desató preocupaciones por la seguridad nacional. Es que un affaire puede hacer vulnerable al jefe de los espías nacionales, que puede convertirse en objeto de chantajes y con ello poner en riesgo la seguridad nacional. Y el jefe de la CIA no es una excepción a la hora de tomar medidas, sino todo lo contrario. Hace dos semanas, la policía federal enfrentó a Petraeus con los resultados de sus investigaciones, asegura el diario The New York Times, y al parecer no fue capaz de tranquilizar a los investigadores.
El miércoles, el caso se puso en conocimiento de la Casa Blanca. El jueves lo supo el presidente, Barack Obama. Y el viernes todo había terminado con la dimisión del militar.
El asunto no sólo es vergonzoso para la potencia mundial, al traer la memoria escándalos como el affaire del ex presidente Bill Clinton con Mónica Lewinsky, becaria de la Casa Blanca; o el embarazo de Rielle Hunter, amante del candidato a la presidencia John Edwards. El caso, para Obama, es "incómodo y decepcionante", a tal punto de arruinarle el ambiente festivo tras la reelección del martes.
La "unidad contraespionaje" de la policía federal comenzó hace meses a controlar y analizar la cuenta de correo privado del jefe de los servicios secretos en Google, dice el The Wall Street Journal. En realidad, los federales sólo querían comprobar la seguridad de su cuenta de correo, pero "por casualidad" se toparon con comprometedores mensajes sobre la aventura amorosa de Petraeus. Hasta ahí la versión conocida hasta hoy. La verdad completa que se esconde tras el mayor escándalo sexual que sacudió Washington desde hace tiempo sólo saldrá a la luz como mucho de forma parcial y fragmentada.
Pero con lo que se conoce ya bastaría para hacer un thriller escabroso de Hollywood. Sólo una mirada sobre la supuesta amante de Petraeus ya da a los guionistas un material que ellos mismos apenas habrían podido concebir: una mujer de gran belleza, reina del baile en el instituto, triatleta, licenciada en la academia militar de élite de West Point y en la universidad de Harvard, y madre de dos hijos. E, incluso, ex modelo de fotos para una fabricante de pistolas automáticas. Así es Paula Broadwell, la mujer que hizo que el tan disciplinado general de cuatro estrellas, y que lleva 37 años casado, no pudiera resistirse. La mujer, de 40 años, escribió una biografía sobre Petraeus y alababa en entrevistas de televisión su capacidad de liderazgo. Para su investigación se mudó alrededor de un año a Afganistán, donde Petraeus dirigía la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo.
Mantuvo con él largas conversaciones e iban juntos a hacer jogging. Al parecer, el affaire comenzó cuando el hombre de 60 años abandonó el Ejército. Era agosto de 2011, poco antes de pasar al mando de la CIA. Desde hace algunos meses la aventura se había terminado.
Sin embargo, el que fuera jefe de los servicios secretos no fue capaz de ocultar su propia relación: lo que los agentes del FBI encontraron desató preocupaciones por la seguridad nacional. Es que un affaire puede hacer vulnerable al jefe de los espías nacionales, que puede convertirse en objeto de chantajes y con ello poner en riesgo la seguridad nacional. Y el jefe de la CIA no es una excepción a la hora de tomar medidas, sino todo lo contrario. Hace dos semanas, la policía federal enfrentó a Petraeus con los resultados de sus investigaciones, asegura el diario The New York Times, y al parecer no fue capaz de tranquilizar a los investigadores.
El miércoles, el caso se puso en conocimiento de la Casa Blanca. El jueves lo supo el presidente, Barack Obama. Y el viernes todo había terminado con la dimisión del militar.
El asunto no sólo es vergonzoso para la potencia mundial, al traer la memoria escándalos como el affaire del ex presidente Bill Clinton con Mónica Lewinsky, becaria de la Casa Blanca; o el embarazo de Rielle Hunter, amante del candidato a la presidencia John Edwards. El caso, para Obama, es "incómodo y decepcionante", a tal punto de arruinarle el ambiente festivo tras la reelección del martes.







