Tener más votos no garantiza la presidencia
La mayoría del Colegio Electoral designa al mandatario norteamericano, por lo que crece el peso de una decena de Estados indecisos. Hay cuatro antecedentes en la historia en que el triunfador en el escrutinio no llegó a la Casa Blanca. El impacto del bipartidismo
02 Noviembre 2012 Seguir en 
WASHINGTON.- El nombre del futuro Presidente de Estados Unidos no será consagrado por la voluntad de la mayoría de los votantes del martes, sino por los 538 miembros del Colegio Electoral. El candidato necesita reunir 270 electores en este cuerpo para acceder a la Casa Blanca. El sufragio en EEUU es voluntario y participa habitualmente cerca de la mitad de los 312 millones de ciudadanos norteamericanos.
Tres veces en la historia, quien sacó más votos en las urnas en el total escrutado quedó segundo en el colegio y perdió la elección. En todas las oportunidades, se benefició al postulante republicano: en 1876, Rutherford Hayes fue designado Presidente; en 1888, Benjamin Harrison; y en 2000, George Bush (hijo). En 1824, antes de instaurado el sistema bipartidista, ninguno de los candidatos logró la mayoría en el colegio, e intervino la Cámara de Representantes (por primera y única vez hasta ahora), que optó por John Quincy Adams.
Desde la consolidación de la lucha entre republicanos y demócratas, los candidatos alternativos de partidos pequeños o independientes no tienen posibilidad de ser elegidos ni consiguieron electores desde el lejano 1968, con George Wallace y su partido América Independiente. En 1992 y en 1996, el empresario Ross Perot se alzó con el 18,9% y el 8,4% de los votos directos (fue el que mejor resultado logró), pero no se llevó ningún delegado.
En esta elección, por fuera de los partidos clásicos, se postulan a la Presidencia el ex republicano Gary Johnson (por el Partido Liberal); Jill Stein (Partido Verde); Rocky Anderson (ex demócrata) y Virgil Goode (Partido Constitución y ex demócrata y ex republicano sucesivamente), entre otros.
Los colegiados representan a los Estados, y el partido que gana se lleva todos (salvo en Maine y en Nebraska, donde se asignan de otro modo). Por ello, la consagración del mandatario depende de una decena de Estados clave que concentran gran cantidad de electores; están repartidos por todo el país, que han votado alternativamente republicano o demócrata en varios comicios previos y que, por lo tanto, son considerados indecisos y decisivos.
En 2008, todos esos distritos apoyaron a Barack Obama, quien tiene ventaja en otros territorios que colectivamente suman entre 201 y 217 electores. El republicano Mitt Romney está apenas a la zaga, a unos 10 colegiados de diferencia. Las encuestas confirman que están virtualmente empatados en intención de voto y que la lucha será hasta último minuto.
La energía de cada candidato y de sus equipos está volcada en garantizar los votos electorales en los sitios más complejos, tarea en la cual no ahorran esfuerzos ni dinero. Las campañas volvieron con fuerza ayer, tras el paso del devastador huracán Sandy (ver "Subsisten...").
En la lista de las aspiraciones, Florida tiene peso propio ya que de allí saldrán 29 votos para el colegio. Su población es heterogénea, con numerosos jubilados e hispanos de origen puertorriqueño (de tendencia demócrata) y cubanos (proclives a los republicanos). Hace cuatro años, Obama se impuso a John McCain por apenas el 3% de los sufragios.
Detractores y defensores
El profesor de Ciencia Política de la Universidad de Harvard, Alex Keyssar, crítico con el colegio electoral, aseguró que los padres de la Constitución de EEUU sufrían "un tradicional miedo aristocrático a la gente". "Pensaban que la ciudadanía no estaba suficientemente informada para tomar decisiones políticas importantes, por lo que una elite lo haría por ellos", sostuvo, y aseveró que el actual régimen se burla del principio "una persona, un voto" del que se vanagloria el país.
Pero el sistema también tiene defensores, como Tara Ross, abogada conservadora y autora del libro
Democracia Ilustrada: las razones del Colegio Electoral
, quien consideró que disminuye el potencial impacto de un fraude y aísla los resultados ajustados en unidades geográficas pequeñas.
Quien intente manipular el resultado tiene que "robar el voto adecuado en el lugar adecuado y en el momento adecuado", aseguró Ross. (Especial-DPA-AFP)
Tres veces en la historia, quien sacó más votos en las urnas en el total escrutado quedó segundo en el colegio y perdió la elección. En todas las oportunidades, se benefició al postulante republicano: en 1876, Rutherford Hayes fue designado Presidente; en 1888, Benjamin Harrison; y en 2000, George Bush (hijo). En 1824, antes de instaurado el sistema bipartidista, ninguno de los candidatos logró la mayoría en el colegio, e intervino la Cámara de Representantes (por primera y única vez hasta ahora), que optó por John Quincy Adams.
Desde la consolidación de la lucha entre republicanos y demócratas, los candidatos alternativos de partidos pequeños o independientes no tienen posibilidad de ser elegidos ni consiguieron electores desde el lejano 1968, con George Wallace y su partido América Independiente. En 1992 y en 1996, el empresario Ross Perot se alzó con el 18,9% y el 8,4% de los votos directos (fue el que mejor resultado logró), pero no se llevó ningún delegado.
En esta elección, por fuera de los partidos clásicos, se postulan a la Presidencia el ex republicano Gary Johnson (por el Partido Liberal); Jill Stein (Partido Verde); Rocky Anderson (ex demócrata) y Virgil Goode (Partido Constitución y ex demócrata y ex republicano sucesivamente), entre otros.
Los colegiados representan a los Estados, y el partido que gana se lleva todos (salvo en Maine y en Nebraska, donde se asignan de otro modo). Por ello, la consagración del mandatario depende de una decena de Estados clave que concentran gran cantidad de electores; están repartidos por todo el país, que han votado alternativamente republicano o demócrata en varios comicios previos y que, por lo tanto, son considerados indecisos y decisivos.
En 2008, todos esos distritos apoyaron a Barack Obama, quien tiene ventaja en otros territorios que colectivamente suman entre 201 y 217 electores. El republicano Mitt Romney está apenas a la zaga, a unos 10 colegiados de diferencia. Las encuestas confirman que están virtualmente empatados en intención de voto y que la lucha será hasta último minuto.
La energía de cada candidato y de sus equipos está volcada en garantizar los votos electorales en los sitios más complejos, tarea en la cual no ahorran esfuerzos ni dinero. Las campañas volvieron con fuerza ayer, tras el paso del devastador huracán Sandy (ver "Subsisten...").
En la lista de las aspiraciones, Florida tiene peso propio ya que de allí saldrán 29 votos para el colegio. Su población es heterogénea, con numerosos jubilados e hispanos de origen puertorriqueño (de tendencia demócrata) y cubanos (proclives a los republicanos). Hace cuatro años, Obama se impuso a John McCain por apenas el 3% de los sufragios.
Detractores y defensores
El profesor de Ciencia Política de la Universidad de Harvard, Alex Keyssar, crítico con el colegio electoral, aseguró que los padres de la Constitución de EEUU sufrían "un tradicional miedo aristocrático a la gente". "Pensaban que la ciudadanía no estaba suficientemente informada para tomar decisiones políticas importantes, por lo que una elite lo haría por ellos", sostuvo, y aseveró que el actual régimen se burla del principio "una persona, un voto" del que se vanagloria el país.
Pero el sistema también tiene defensores, como Tara Ross, abogada conservadora y autora del libro
Democracia Ilustrada: las razones del Colegio Electoral
, quien consideró que disminuye el potencial impacto de un fraude y aísla los resultados ajustados en unidades geográficas pequeñas.
Quien intente manipular el resultado tiene que "robar el voto adecuado en el lugar adecuado y en el momento adecuado", aseguró Ross. (Especial-DPA-AFP)







