El noveno aniversario de este Gobierno tucumano llega para montar el escenario más temido por el alperovichismo. Ese que los opositores, en la impotencia de las sucesivas derrotas electorales, lanzaban en voz baja, a medio camino de la ilusión, del resentimiento y del mantra. Ese que, casi a modo de interrogante, el ciudadano sin fueros también planteó alguna vez: "vamos a ver cómo gobiernan cuando no les sobre la plata".
Resulta que "cuando no les sobre la plata" es hoy. Algo que ayer era inimaginable para los inquilinos de la Casa de Gobierno. Y era impensable porque el problema, según la unánime (y susurrante) coincidencia de los alperovichista, se originó en el exacto lugar desde donde provenían todas las soluciones: la Casa Rosada.
La sofocación financiera inducida por el kirchnerismo tiene, según el despacho de la Casa de Gobierno donde se golpee la puerta, dos grandes vertientes.
Por un lado, la plata que el kirchnerismo tenía legalmente comprometida y no envió. El senador radical José Cano vive sacando a bailar a los funcionarios nacionales que visitan la Cámara Alta, justamente con esa cantinela alperovichista de que la Nación les mandaba menos dinero del que debía, y siempre le contestan que la gestión de Cristina Fernández le ha enviado recursos a la administración de José Alperovich, en lo que va del año, por un 24% más que el año pasado.
Lo públicamente inconfesable, según los alperovichistas, es que ese 24% es global. "La Casa Rosada saca la cuenta con la totalidad de los recursos que manda a Tucumán, incluyendo, por ejemplo, los de vivienda. Y sí: mandó más para módulos habitacionales, pero no podemos pagar sueldos con paredes", contrastan "a lo tucumano" en el primer piso del palacio de 25 de Mayo y San Martín.
El 24% en cuestión es, precisamente, lo que los alperovichistas dicen haber previsto como incremento para los gastos salariales, a partir de no de una promesa cristinista, sino de las pautas del Presupuesto Nacional 2012.
Los montos, según la versión oficialista: $ 30 millones mensuales menos, de enero a mayo. O sea, $ 150 millones. "Recién en junio se regularizaron", afirman.
Por otra parte está la plata que el kirchnerismo siempre remitía discrecionalmente y que dejó de enviar. Es verdad que todo dependía de la graciosa voluntad de Su Majestad, reconocen, pero no menos cierto es que esa dádiva ya era uso y costumbre.
¿Cuánto se estimaba recibir "de yapa"? Unos $ 750 millones, desde dos grandes vertientes.
La primera: la Coparticipación Federal de Impuestos. La prodigalidad K hacía presumir que, otra vez, iban a arribar entre $ 250 millones y $ 300 millones "extra".
La segunda vía refería al pago de compromisos que surgen de la duplicada deuda pública. Este año tocaron pagar $ 800 millones: $ 200 millones en intereses y $ 600 millones en capital. Históricamente, Tucumán debía afrontar con recursos propios el pago de los intereses y del 20% del capital, porque el 80% restante ($ 480 millones, en este caso) se cancelaban con plata que enviaba la Casa Rosada. Este año mandó $ 0.
¿Le falta plata al Gobierno? No para 2012, según sacan pecho. Y entonces advierten que el asunto es 2013, pero no porque ese año vaya a faltar plata, ya que hay elecciones, sino porque las paritarias condicionarán los recursos de 2014... O sea, ya no les sobra.
¿Y cómo gobierna el alperovichismo ahora que no le sobra la plata? A los barquinazos.
Conejos y fragatas
Dice uno de los más antiguos proverbios gubernamentales que un gobierno sólo puede tener dos clases de problemas: económicos o políticos. El corolario, todavía no predicado explícitamente, es que se ha comprobado estadísticamente que cuando aparecen los problemas económicos casi siempre surgen los problemas políticos. Y, con una coherencia de hierro, si el origen de los problemas económicos está dentro del peronismo, el origen de los problemas políticos también.
La peronista Asociación Bancaria se ha convertido en una protagonista de la agenda pública tucumana, justamente, en esa intersección de la política con la economía que es la Caja Popular de Ahorros de la Provincia.
El Gobierno, fiel a su larga tradición reduccionista, pretende que todo el problema gira alrededor de la intervención del Club Caja Popular y que por eso, en nueve años, no tuvieron un solo encontronazo con la Bancaria. El sindicato, en tanto, se envalentona y advierte que al gremio no se lo van a "llevar puesto" como han hecho con otras instituciones, y advierte que reaccionan porque ahora van por ellos.
En medio de ambos extremos, todo se reduce a un viejo y conocido ritual. El Gobierno transita a los bandazos. Y donde no hay rumbo hay flaqueza. Y donde hay debilidad hay "compañeros" hurgando casi de la misma manera en que el agua busca la sed.
Es que el alperovichismo se ha empecinado en mostrar que no sabe exactamente cómo encaminarse ahora que enfrenta un escenario de estrechez de recursos. Primero, hizo que la Legislatura le autorizara en mayo a tomar un crédito por hasta $ 400 millones. Y esa misma noche, el gobernador convidó un asado y los legisladores salieron saciados con la promesa de una reforma constitucional y de la habilitación de la reelección ilimitada, que el anfitrión negó al día siguiente.
Durante la mañana que había precedido la cena, en el recinto de la Legislatura, el oficialismo había elogiado el carácter previsor del mandatario y lo conveniente del instrumento que había elegido para conjurar cualquier inconveniente de liquidez... Pero no lo usaron. Y no lo hicieron porque la Nación no se los permite. O, en términos del propio gobernador, le autorizaron $ 100 millones, pero él prefiere no tomar deuda por ahora. A cambio de 100 millones de "sí", le dieron 300 millones de "no".
El Gobierno central no le dio el visto bueno al Gobierno local, básicamente, porque en el concurso de preguntas y respuestas, hay un interrogante que los funcionarios tucumanos no logran contestar: si la Nación paga las obras y el Presupuesto de la Provincia es de $ 14.000 millones, ¿por qué no les alcanza para los sueldos?
Pero los problemas de comprensión son mutuos. Hoy, es el alperovichismo el que no entiende por qué, si tomó las previsiones y acumuló un stock de dólares suficiente para afrontar los vencimientos de los Consadep, el kirchnerismo lo empuja a la cornisa de la pesificación. Porque la respuesta llegó con tonada y con tono de La Cámpora. "No pensamos en venderles un solo dólar más", se escuchó en la comunicación telefónica con el Banco Central. Y donde dice solo había otra palabra, también de cuatro letras, que también finaliza en "o".
Así que el prestidigitador ministro de Economía inventó el "rescate anticipado". Ya no es "El Burro" sino el "El Mago" que de la galera saca conejos. Y burros...
De lo que se deduce una primera certeza. No es que Alperovich no sabe hacia cuál puerto dirigirse: lo que ignora es cómo abandonar este muelle que es el kirchnerismo, donde el lema parece ser "porque te quiero política y electoralmente, te aporrio económica y financieramente".
En materia de finanzas públicas, el alperovichismo se percibe hoy, respecto de la Casa Rosada, como la Fragata Libertad respecto de Ghana.
Leyes y botones
Frustrada la posibilidad de zarpar hacia el puerto de los préstamos de la banca privada por $ 400 millones, a un 16% anual en promedio, el Gobierno decidió buscar una solución de cabotaje: meterle manos a la Caja Popular de Ahorros por $ 172 millones de pesos, también a una tasa de interés del 16% anual.
Y, por supuesto, hubo otro asado y otra promesa de enmienda y de reelección eterna, debidamente negada al día siguiente.
Pero la medida significó todavía más volantazos. En primer lugar, discursivos. Porque ahora el gobernador también dice que no prevé usar los recursos del fondo de garantía para seguros de la Caja Popular. A los efectos del derecho positivo, el alperovichismo se presenta como el régimen de las leyes al divino botón.
En segundo lugar, otra vez es la administración federal la que pone reparos, pero esta vez desde el punto de vista estrictamente técnico. Tal como se reveló el sábado pasado, la Superintendencia de Seguros de la Nación notificó el pasado Día de la Lealtad que "las 'Normas sobre Política y Procedimientos de Inversiones' sólo permitirán inversiones (...) hasta el 20% del capital a acreditar o el 20% del total de las inversiones (excluido inmuebles)". En términos de Carlos Cisneros, el alperovichismo que tomó $ 172 millones apenas si puede emplear entre $ 48 millones y $ 49 millones.
Y todavía hay un derrape más.
Lo advirtió el abogado Gustavo Morales (patrocina a la Bancaria en las últimas denuncias penales del gremio contra el funcionariado) en la carta documento que envió el jueves al gobernador, reclamando que remueva a Armando Cortalezzi como titular de la Caja Popular de Ahorros. Pero no porque en Casa de Gobierno todos hablen de que "Cacho no tiene miedo" antes que de su idoneidad para el cargo técnico. El planteo refiere a que la carta orgánica de la entidad crediticia estatal (Ley 5.115) fija en su artículo 11: "No pueden integrar el Directorio: a) Los miembros de los cuerpos legislativos de la provincia). Y para Morales, el interventor, es "todos" los miembros del directorio. Y Cortalezzi es miembro de la Legislatura: no renunció a su banca, sino que es "legislador en uso de licencia".
Con independencia de lo que el mandatario disponga, y de que el Gobierno discuta si las disposiciones para los directores de la Caja es aplicable a la figura del interventor, lo cierto es que el nombramiento de Cortalezzi acaba de transitar el borde de la banquina de la nulidad.
Pelotas y créditos
Cuando rebozaba en recursos, el alperovichismo "jugaba" en la cancha de la política porque era el dueño de la pelota. Ahora, sólo puede jugar si sabe jugar.
En otros términos, el gobernador, su mesa chica y las correspondientes esposas se van a Dubai dejando en Tucumán la advertencia de que, para 2015, hay que empezar a acordarse menos de "Betty" y más de "José".
O sea, otra vez prometen reforma y reelección indefinida. Pero al crédito político no lo puede otorgar la Legislatura sino el pueblo. Y las gestiones para obtener ese préstamo ya tiene una primera audiencia para realizar una simulación de costos e intereses: el 8 de noviembre.
Resulta que "cuando no les sobre la plata" es hoy. Algo que ayer era inimaginable para los inquilinos de la Casa de Gobierno. Y era impensable porque el problema, según la unánime (y susurrante) coincidencia de los alperovichista, se originó en el exacto lugar desde donde provenían todas las soluciones: la Casa Rosada.
La sofocación financiera inducida por el kirchnerismo tiene, según el despacho de la Casa de Gobierno donde se golpee la puerta, dos grandes vertientes.
Por un lado, la plata que el kirchnerismo tenía legalmente comprometida y no envió. El senador radical José Cano vive sacando a bailar a los funcionarios nacionales que visitan la Cámara Alta, justamente con esa cantinela alperovichista de que la Nación les mandaba menos dinero del que debía, y siempre le contestan que la gestión de Cristina Fernández le ha enviado recursos a la administración de José Alperovich, en lo que va del año, por un 24% más que el año pasado.
Lo públicamente inconfesable, según los alperovichistas, es que ese 24% es global. "La Casa Rosada saca la cuenta con la totalidad de los recursos que manda a Tucumán, incluyendo, por ejemplo, los de vivienda. Y sí: mandó más para módulos habitacionales, pero no podemos pagar sueldos con paredes", contrastan "a lo tucumano" en el primer piso del palacio de 25 de Mayo y San Martín.
El 24% en cuestión es, precisamente, lo que los alperovichistas dicen haber previsto como incremento para los gastos salariales, a partir de no de una promesa cristinista, sino de las pautas del Presupuesto Nacional 2012.
Los montos, según la versión oficialista: $ 30 millones mensuales menos, de enero a mayo. O sea, $ 150 millones. "Recién en junio se regularizaron", afirman.
Por otra parte está la plata que el kirchnerismo siempre remitía discrecionalmente y que dejó de enviar. Es verdad que todo dependía de la graciosa voluntad de Su Majestad, reconocen, pero no menos cierto es que esa dádiva ya era uso y costumbre.
¿Cuánto se estimaba recibir "de yapa"? Unos $ 750 millones, desde dos grandes vertientes.
La primera: la Coparticipación Federal de Impuestos. La prodigalidad K hacía presumir que, otra vez, iban a arribar entre $ 250 millones y $ 300 millones "extra".
La segunda vía refería al pago de compromisos que surgen de la duplicada deuda pública. Este año tocaron pagar $ 800 millones: $ 200 millones en intereses y $ 600 millones en capital. Históricamente, Tucumán debía afrontar con recursos propios el pago de los intereses y del 20% del capital, porque el 80% restante ($ 480 millones, en este caso) se cancelaban con plata que enviaba la Casa Rosada. Este año mandó $ 0.
¿Le falta plata al Gobierno? No para 2012, según sacan pecho. Y entonces advierten que el asunto es 2013, pero no porque ese año vaya a faltar plata, ya que hay elecciones, sino porque las paritarias condicionarán los recursos de 2014... O sea, ya no les sobra.
¿Y cómo gobierna el alperovichismo ahora que no le sobra la plata? A los barquinazos.
Conejos y fragatas
Dice uno de los más antiguos proverbios gubernamentales que un gobierno sólo puede tener dos clases de problemas: económicos o políticos. El corolario, todavía no predicado explícitamente, es que se ha comprobado estadísticamente que cuando aparecen los problemas económicos casi siempre surgen los problemas políticos. Y, con una coherencia de hierro, si el origen de los problemas económicos está dentro del peronismo, el origen de los problemas políticos también.
La peronista Asociación Bancaria se ha convertido en una protagonista de la agenda pública tucumana, justamente, en esa intersección de la política con la economía que es la Caja Popular de Ahorros de la Provincia.
El Gobierno, fiel a su larga tradición reduccionista, pretende que todo el problema gira alrededor de la intervención del Club Caja Popular y que por eso, en nueve años, no tuvieron un solo encontronazo con la Bancaria. El sindicato, en tanto, se envalentona y advierte que al gremio no se lo van a "llevar puesto" como han hecho con otras instituciones, y advierte que reaccionan porque ahora van por ellos.
En medio de ambos extremos, todo se reduce a un viejo y conocido ritual. El Gobierno transita a los bandazos. Y donde no hay rumbo hay flaqueza. Y donde hay debilidad hay "compañeros" hurgando casi de la misma manera en que el agua busca la sed.
Es que el alperovichismo se ha empecinado en mostrar que no sabe exactamente cómo encaminarse ahora que enfrenta un escenario de estrechez de recursos. Primero, hizo que la Legislatura le autorizara en mayo a tomar un crédito por hasta $ 400 millones. Y esa misma noche, el gobernador convidó un asado y los legisladores salieron saciados con la promesa de una reforma constitucional y de la habilitación de la reelección ilimitada, que el anfitrión negó al día siguiente.
Durante la mañana que había precedido la cena, en el recinto de la Legislatura, el oficialismo había elogiado el carácter previsor del mandatario y lo conveniente del instrumento que había elegido para conjurar cualquier inconveniente de liquidez... Pero no lo usaron. Y no lo hicieron porque la Nación no se los permite. O, en términos del propio gobernador, le autorizaron $ 100 millones, pero él prefiere no tomar deuda por ahora. A cambio de 100 millones de "sí", le dieron 300 millones de "no".
El Gobierno central no le dio el visto bueno al Gobierno local, básicamente, porque en el concurso de preguntas y respuestas, hay un interrogante que los funcionarios tucumanos no logran contestar: si la Nación paga las obras y el Presupuesto de la Provincia es de $ 14.000 millones, ¿por qué no les alcanza para los sueldos?
Pero los problemas de comprensión son mutuos. Hoy, es el alperovichismo el que no entiende por qué, si tomó las previsiones y acumuló un stock de dólares suficiente para afrontar los vencimientos de los Consadep, el kirchnerismo lo empuja a la cornisa de la pesificación. Porque la respuesta llegó con tonada y con tono de La Cámpora. "No pensamos en venderles un solo dólar más", se escuchó en la comunicación telefónica con el Banco Central. Y donde dice solo había otra palabra, también de cuatro letras, que también finaliza en "o".
Así que el prestidigitador ministro de Economía inventó el "rescate anticipado". Ya no es "El Burro" sino el "El Mago" que de la galera saca conejos. Y burros...
De lo que se deduce una primera certeza. No es que Alperovich no sabe hacia cuál puerto dirigirse: lo que ignora es cómo abandonar este muelle que es el kirchnerismo, donde el lema parece ser "porque te quiero política y electoralmente, te aporrio económica y financieramente".
En materia de finanzas públicas, el alperovichismo se percibe hoy, respecto de la Casa Rosada, como la Fragata Libertad respecto de Ghana.
Leyes y botones
Frustrada la posibilidad de zarpar hacia el puerto de los préstamos de la banca privada por $ 400 millones, a un 16% anual en promedio, el Gobierno decidió buscar una solución de cabotaje: meterle manos a la Caja Popular de Ahorros por $ 172 millones de pesos, también a una tasa de interés del 16% anual.
Y, por supuesto, hubo otro asado y otra promesa de enmienda y de reelección eterna, debidamente negada al día siguiente.
Pero la medida significó todavía más volantazos. En primer lugar, discursivos. Porque ahora el gobernador también dice que no prevé usar los recursos del fondo de garantía para seguros de la Caja Popular. A los efectos del derecho positivo, el alperovichismo se presenta como el régimen de las leyes al divino botón.
En segundo lugar, otra vez es la administración federal la que pone reparos, pero esta vez desde el punto de vista estrictamente técnico. Tal como se reveló el sábado pasado, la Superintendencia de Seguros de la Nación notificó el pasado Día de la Lealtad que "las 'Normas sobre Política y Procedimientos de Inversiones' sólo permitirán inversiones (...) hasta el 20% del capital a acreditar o el 20% del total de las inversiones (excluido inmuebles)". En términos de Carlos Cisneros, el alperovichismo que tomó $ 172 millones apenas si puede emplear entre $ 48 millones y $ 49 millones.
Y todavía hay un derrape más.
Lo advirtió el abogado Gustavo Morales (patrocina a la Bancaria en las últimas denuncias penales del gremio contra el funcionariado) en la carta documento que envió el jueves al gobernador, reclamando que remueva a Armando Cortalezzi como titular de la Caja Popular de Ahorros. Pero no porque en Casa de Gobierno todos hablen de que "Cacho no tiene miedo" antes que de su idoneidad para el cargo técnico. El planteo refiere a que la carta orgánica de la entidad crediticia estatal (Ley 5.115) fija en su artículo 11: "No pueden integrar el Directorio: a) Los miembros de los cuerpos legislativos de la provincia). Y para Morales, el interventor, es "todos" los miembros del directorio. Y Cortalezzi es miembro de la Legislatura: no renunció a su banca, sino que es "legislador en uso de licencia".
Con independencia de lo que el mandatario disponga, y de que el Gobierno discuta si las disposiciones para los directores de la Caja es aplicable a la figura del interventor, lo cierto es que el nombramiento de Cortalezzi acaba de transitar el borde de la banquina de la nulidad.
Pelotas y créditos
Cuando rebozaba en recursos, el alperovichismo "jugaba" en la cancha de la política porque era el dueño de la pelota. Ahora, sólo puede jugar si sabe jugar.
En otros términos, el gobernador, su mesa chica y las correspondientes esposas se van a Dubai dejando en Tucumán la advertencia de que, para 2015, hay que empezar a acordarse menos de "Betty" y más de "José".
O sea, otra vez prometen reforma y reelección indefinida. Pero al crédito político no lo puede otorgar la Legislatura sino el pueblo. Y las gestiones para obtener ese préstamo ya tiene una primera audiencia para realizar una simulación de costos e intereses: el 8 de noviembre.







