Salen de casa y miran para todos lados

ENJAULADOS. La escena de rejas infinitas se repite en los barrios.  LA GACETA / FOTOS DE FRANCO VERA
ENJAULADOS. La escena de rejas infinitas se repite en los barrios. LA GACETA / FOTOS DE FRANCO VERA
21 Octubre 2012
El pánico se ha convertido en un peligroso virus contagioso que se expande rápidamente por todo el barrio Alto La Pólvora, pegado al Cementerio del Norte. No son las tumbas ni los muertos los que despiertan el terror de los vecinos. "A cualquier hora, si salís caminando por las calles del barrio tenés que mirar para todos lados y tomar todas las medidas de precaución necesarias. Aquí las cosas están muy feas, hay mucha droga y jóvenes capaces de hacer lo que sea con tal de conseguir plata para drogarse", detalla Carlos Rojas, un vecino que ya no se resiste a ser infestado por el pánico que les genera la inseguridad.

Detrás de la reja que lo separa del mundo, Mario habla bajito. Es dueño del almacén del barrio; y cuenta varios asaltos, uno de los cuales casi le cuesta la vida: los tres balazos que entraron en su cuerpo le dejaron una marca imborrable en su mente. "Por eso vivo acá; esta es mi cárcel y mi única manera de ser libre de esos malvivientes", resalta. Cada vez que aparece un cliente se queda callado. "Ese es gato", describe. Observa todo, estudia movimientos, mira de reojo. "Esos dos chicos vienen de comprar droga. La droga los deja mal. Hay mucha vagancia", reclama este vecino que pese a haberse comprado hace unos años un auto cero kilómetro nunca lo quiso usar. "Prefiero no salir nunca de aquí", concluye, mientras se jacta de tener la casa más impenetrable del barrio. Y, sin embargo, las gigantescas rejas también fueron vulneradas hace un tiempo atrás.

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