Los amantes de la velocidad suman nuevas pistas

Cuando termina la movida nocturna, jóvenes motorizados invaden caminos, calles, rutas y avenidas para apretar a fondo el acelerador. Se incrementaron los controles en la avenida Presidente Perón. Las autoridades piden ayuda a los padres, mientras que los habitantes de las zonas de riesgo rezan para que las carreras no se cobren una vida inocente

COMO UN AUTÓDROMO. Decenas de jóvenes eligen la avenida Presidente Perón para apretar a fondo el acelerador; ayer a la madrugada la Policía intensificó los controles para evitar nuevas tragedias. LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO
COMO UN AUTÓDROMO. Decenas de jóvenes eligen la avenida Presidente Perón para apretar a fondo el acelerador; ayer a la madrugada la Policía intensificó los controles para evitar nuevas tragedias. LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO
Lucía Lozano
Por Lucía Lozano 16 Septiembre 2012
Una ráfaga de viento. Una estrella fugaz. Así ven pasar los autos o motos en la soledad de la madrugada. Los sienten como un escalofrío. Algunos vecinos se sorprenden. Otros ya no. Pero todos tienen miedo. Y enojo. Porque los ruidosos motores no los dejan dormir. Porque tal vez una de esas imprudencias le pueda costar la vida a un inocente.

Las carreras callejeras van perdiendo días y horarios. No requieren organización. Sólo hay que alcanzar la imaginaria línea de llegada. Lo más frecuente es "engancharlas" directamente en un semáforo o en una esquina cualquiera. Y cada vez son más los caminos que se convierten en escenarios ideales para apretar el acelerador a fondo.

Si bien la avenida Presidente Perón sigue estando a la cabeza de las denuncias en la Dirección de Transporte, otras vías se sumaron a los reclamos: son avenidas, calles y rutas del conglomerado del Gran San Miguel de Tucumán que los jóvenes convierten en pistas de alta velocidad después de la salida nocturna. En la lista aparecen las avenidas Mate de Luna y Wenceslao Posse, la Arboleda (al final de la avenida Solano Vera), la ruta 157 (a la altura de Los Aguirre), la ruta 303 (en el tramo recientemente acondicionado que conduce a La Florida), la 301 (en El Manantial).

No hay excusas para no encontrar a "los locos de la velocidad", aseguran los vecinos consultados. "Donde haya un lugar recto va a haber una carrera. Es una situación que se generaliza cuando termina la movida nocturna", admite el director de Transporte, Roberto Viaña. También lo reconoce el titular de la Policía Vial, el comisario Héctor Cheín: "la situación está desenfrenada. Intensificamos los controles, pero todo es insuficiente si no nos ayudan los padres a ponerle límites a los jóvenes para que no salgan en vehículos, borrachos, a correr carreras", señala.

A la vera de la Presidente Perón hay pequeñas grutas. También una estrella amarilla pintada sobre el pavimento. Son el testimonio de algunas de las desgracias que se sucedieron en este camino. En los últimos días, la avenida volvió a quedar bajo la lupa por dos accidentes gravísimos. En uno de ellos murió Joaquín Jiménez, de 19 años.

Los vecinos prefieren no acostumbrarse a las tragedias. "Pero es que no aprenden los jóvenes. Me contaron del caso de un chico que tuvo un accidente, se salvó de milagro, y todavía sigue corriendo carreras por aquí", cuenta Jorge Correa, que vive al 1.900 de la Perón. Francisca, que reside hace 20 años a la altura del 1.800 de la avenida, prefiere llamarla el "autódromo". Cada fin de semana, a la noche, los rugidos de los motores no la dejan dormir. "Es evidente que son autos preparados para carreras. Como mínimo, los conductores pasan a 130 km/h. Es muy peligroso", describe la mujer, y confiesa que a veces se pone a rezar. Tiene miedo que en algún incidente un vehículo se termine incrustando en su vivienda.

"He visto tantas cosas aquí que cuando salgo de noche prefiero ir por las calles de adentro que usar la avenida", comenta. Según cuenta, los vecinos se cansaron de hacer denuncias para que aumentaran los controles. "El problema es que la Policía viene un tiempo después que ocurre una tragedia y luego todo vuelve a lo de siempre. Además, a los que corren no les hacen nada. Si los arrestaran y les secuestrarían el auto, tal vez aprenderían", sugiere.

Los vecinos de la Mate de Luna tampoco tienen paz los fines de semana. "Cuando se acaban los boliches, después de las 4 de la mañana, empiezan a levantar velocidad. No respetan los semáforos, es un peligro. A mí me da miedo, mi hijo sale con sus amigos por esta zona", denuncia Karina Peralta, que vive al 3.200 de la avenida.

Los residentes de Los Aguirre, al este de la capital, están sorprendidos y asustados. Aunque se acostumbraron a ver su pueblo atravesado por rapidísimos autos y camiones, hay una situación que en los últimos meses los desvela: son las picadas de motos que se suceden sobre el asfalto. "Esto comenzó después de que arreglaron la ruta. Son motociclistas muy jóvenes, que vienen de la ciudad. Hacen willy y levantan una velocidad impresionante. Acá no podemos dormir", se queja Ana Alcaraz, de 65 años. Ella tiene miedo. No es para menos: hace poco uno de sus nietos, Cristian, de 9 años, sufrió un accidente cuando cruzaba la ruta. "Por suerte no le pasó nada. Pero el peligro es cada vez peor aquí", concluye.

Los amantes de la velocidad también tomaron como escenario para sus carreras la ruta 303, cerca de La Florida. "Yo escucho el ruido todos los viernes y sábados. Pasan muy rápido en motos ruidosas. No sólo corren a la madrugada, a veces empiezan a las 9 o 10 de la noche", cuenta Fermín Páez, que vive junto al camino.

Según los vecinos consultados, hacen falta más controles y sanciones efectivas para frenar a los que pisan a fondo el acelerador. Por ahora, nada parece detenerlos. La velocidad les da adrenalina, diversión. El famoso "a mí no me va a pasar" hace el resto.

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