Los tamberos tucumanos decidieron ayer tirar la leche que acumulaban hace un poco más de 24 horas. Al trascender la información, la bronca se esparció por las redes sociales, en los comentarios de los sitios web de noticias, en cada lugar donde el tema repercutía. En la estancia El Molino-Zárate, al ver la leche dispersa, la propietaria María Aragón de Chebaia, su ingeniero zootecnista, Daniel Suárez; Graciela Pastrana y su acompañante expresaron lamento por no poder salvar lo que quedaba del tanque. La propia Graciela, una organizadora social, explicó que esa fue la única alternativa y que si no se la concretaba -si no se vaciaba esa cisterna-, las vacas no iban a ser ordeñadas y podrían sufrir una infección. Las dos miradas son consecuencias terrenales de un reclamo que lleva más de 10 años sin solución. El precio del litro de leche actual no beneficia al sector; tampoco es aceptable que miles de litros se desechen para formar grandes ríos blancos, cuando hay quienes los necesitan.
Se llora hoy sobre la leche que se derrama en el suelo seco de Trancas y se crítica sobre lo hecho, pero el conflicto viene desde hace tiempo. Los tamberos advirtieron sobre la imagen que hoy irrita, la de la leche derramada. Aquel clamor no encontró respuestas oficiales.









