31 Agosto 2003 Seguir en 
El largo plazo es la clave en materia de energía, según lo entiende uno de los principales ejecutivos de Transportadora de Gas Norte (TGN) una de las dos empresas transportadoras de gas que operan en la Argentina. El ingeniero industrial y master en Dirección de Empresas Jorge Epelbaum aseguró que no es el gas lo que falta sino la infraestructura necesaria para que el fluido pueda abastecer holgadamente, tanto a la industria como a los usuarios residenciales.
- ¿La energía ha dejado de ser un negocio en esta Argentina pos devaluación?
- Yo no lo pondría en esos términos. La energía es una herramienta estratégica para el desarrollo económico de cualquier país. Las estadísticas demuestran que los países más desarrollados son aquellos que mayor consumo de energía tienen. De manera que es algo más que un mero negocio. Con todo, las empresas que trabajan en el sector, sean las transportadoras o las distribuidoras, tienen que ser rentables.
- ¿El Estado es el que debe garantizar esa rentabilidad?
- No exactamente. El Estado es el que tiene que poner las reglas de juego y las empresas preocuparse por su rentabilidad dentro de esas reglas de juego. El problema es que en la Argentina se ha producido un quiebre de condiciones contractuales y reglas de juego. La magnitud de las inversiones que requiere la generación, el transporte y la distribución de la energía hace que sean necesarias las reglas de juego a largo plazo. Esto no es caprichoso. La obra más pequeña que se haga, por ejemplo, en materia de gasoductos, demora no menos de uno año. Los costos son enormes; por ejemplo, solo para asegurar de manera firme una capacidad adicional de un millón de metros cúbicos para las industrias de Tucumán haría falta una inversión de 26 millones de dólares. El volumen señalado es el mínimo que los industriales consideran hoy necesario para su funcionamiento regular. De manera que es necesario conseguir financiamiento a largo plazo. Todo lo tenemos que pensar y proyectar para el largo plazo y por eso también requerimos de reglas de juego a largo plazo.
- ¿El NOA es la única región que tiene inconvenientes para la provisión de gas a las industrias?
- En general, la del NOA es una problemática común en todas las regiones. Sin embargo, en muy pocos lados ocurre lo que pasa en esta zona en el invierno cuando coincide la mayor demanda de los usuarios residenciales con la máxima capacidad de trabajo de las principales industrias de la provincia, como son la azucarera y la citrícola. En otras regiones, la estacionalidad no es tan marcada.
- ¿A qué se debe que en años anteriores, con prácticamente la misma demanda de gas, no se produjeron cortes en las industrias como sí ocurrió este invierno y el pasado?
- En parte, sí ha habido un aumento de la demanda del fluido. Pero ese no es el mayor problema. Lo que ocurre es que el precio del gas está distorsionado. Mientras los demás combustibles han aumentado siguiendo el ritmo de la devaluación, el precio del gas no se ha movido. Esto lo hace mucho más atractivo que los combustibles alternativos que en otros años empleaba la industria cuando escaseaba el gas.
- El problema de la interrupción en el servicio de gas, ¿no se debe a que no se hicieron, en su momento, las previsiones debidas en materia de inversiones?
- De ninguna manera. Sólo en transporte de gas se invirtieron más de 2.000 millones de dólares, incluyendo inversiones siete veces mayores a las que eran obligatorias en los rubros exigibles de acuerdo con los pliegos de concesión. En todo el sector, incluyendo transporte y distribución, la inversión global fue de 3.900 millones de dólares. Desde que se reestructuró el sistema, el número de usuarios residenciales aumentó un 25% y hoy el 60% de la población en todo el país cuenta con el servicio de gas natural domiciliario.
- ¿El aumento de las tarifas resolvería estos problemas?
- La suba tarifaria es una necesidad para acomodar mejor las cuentas ante el alza de los costos. Pero la solución global para la cuestión energética del país no se arregla con mejoras tarifarias. Es indispensable recuperar el financiamiento externo de largo plazo. Sin inversiones, no es posible el desarrollo de la energía y sin energía no es posible el desarrollo económico del país.
- ¿Qué responsabilidad le cabe al sector industrial en estas circunstancias?
- La que se ha comenzado a poner de manifiesto en este tipo con el encuentro sobre energía realizado esta semana. Es decir, buscar en forma conjunta las soluciones para avanzar en un proyecto energético que contribuya al crecimiento de la industria y, en consecuencia, a la reactivación de la economía. Es importante que cada parte involucrada pueda exponer sus debilidades y sus puntos fuertes. También es fundamental estar unidos, entre usuarios y proveedores de la energía para reclamar al Gobierno una política que sea transparente y previsible para el largo plazo y que garantice la seguridad jurídica para que vengan las inversiones.
- ¿Argentina está importando gas?
- No, no es necesario. Tenemos provisión suficiente e incluso estamos exportando gas a países vecinos como Chile, Brasil y en menor medida Uruguay.
- ¿La energía ha dejado de ser un negocio en esta Argentina pos devaluación?
- Yo no lo pondría en esos términos. La energía es una herramienta estratégica para el desarrollo económico de cualquier país. Las estadísticas demuestran que los países más desarrollados son aquellos que mayor consumo de energía tienen. De manera que es algo más que un mero negocio. Con todo, las empresas que trabajan en el sector, sean las transportadoras o las distribuidoras, tienen que ser rentables.
- ¿El Estado es el que debe garantizar esa rentabilidad?
- No exactamente. El Estado es el que tiene que poner las reglas de juego y las empresas preocuparse por su rentabilidad dentro de esas reglas de juego. El problema es que en la Argentina se ha producido un quiebre de condiciones contractuales y reglas de juego. La magnitud de las inversiones que requiere la generación, el transporte y la distribución de la energía hace que sean necesarias las reglas de juego a largo plazo. Esto no es caprichoso. La obra más pequeña que se haga, por ejemplo, en materia de gasoductos, demora no menos de uno año. Los costos son enormes; por ejemplo, solo para asegurar de manera firme una capacidad adicional de un millón de metros cúbicos para las industrias de Tucumán haría falta una inversión de 26 millones de dólares. El volumen señalado es el mínimo que los industriales consideran hoy necesario para su funcionamiento regular. De manera que es necesario conseguir financiamiento a largo plazo. Todo lo tenemos que pensar y proyectar para el largo plazo y por eso también requerimos de reglas de juego a largo plazo.
- ¿El NOA es la única región que tiene inconvenientes para la provisión de gas a las industrias?
- En general, la del NOA es una problemática común en todas las regiones. Sin embargo, en muy pocos lados ocurre lo que pasa en esta zona en el invierno cuando coincide la mayor demanda de los usuarios residenciales con la máxima capacidad de trabajo de las principales industrias de la provincia, como son la azucarera y la citrícola. En otras regiones, la estacionalidad no es tan marcada.
- ¿A qué se debe que en años anteriores, con prácticamente la misma demanda de gas, no se produjeron cortes en las industrias como sí ocurrió este invierno y el pasado?
- En parte, sí ha habido un aumento de la demanda del fluido. Pero ese no es el mayor problema. Lo que ocurre es que el precio del gas está distorsionado. Mientras los demás combustibles han aumentado siguiendo el ritmo de la devaluación, el precio del gas no se ha movido. Esto lo hace mucho más atractivo que los combustibles alternativos que en otros años empleaba la industria cuando escaseaba el gas.
- El problema de la interrupción en el servicio de gas, ¿no se debe a que no se hicieron, en su momento, las previsiones debidas en materia de inversiones?
- De ninguna manera. Sólo en transporte de gas se invirtieron más de 2.000 millones de dólares, incluyendo inversiones siete veces mayores a las que eran obligatorias en los rubros exigibles de acuerdo con los pliegos de concesión. En todo el sector, incluyendo transporte y distribución, la inversión global fue de 3.900 millones de dólares. Desde que se reestructuró el sistema, el número de usuarios residenciales aumentó un 25% y hoy el 60% de la población en todo el país cuenta con el servicio de gas natural domiciliario.
- ¿El aumento de las tarifas resolvería estos problemas?
- La suba tarifaria es una necesidad para acomodar mejor las cuentas ante el alza de los costos. Pero la solución global para la cuestión energética del país no se arregla con mejoras tarifarias. Es indispensable recuperar el financiamiento externo de largo plazo. Sin inversiones, no es posible el desarrollo de la energía y sin energía no es posible el desarrollo económico del país.
- ¿Qué responsabilidad le cabe al sector industrial en estas circunstancias?
- La que se ha comenzado a poner de manifiesto en este tipo con el encuentro sobre energía realizado esta semana. Es decir, buscar en forma conjunta las soluciones para avanzar en un proyecto energético que contribuya al crecimiento de la industria y, en consecuencia, a la reactivación de la economía. Es importante que cada parte involucrada pueda exponer sus debilidades y sus puntos fuertes. También es fundamental estar unidos, entre usuarios y proveedores de la energía para reclamar al Gobierno una política que sea transparente y previsible para el largo plazo y que garantice la seguridad jurídica para que vengan las inversiones.
- ¿Argentina está importando gas?
- No, no es necesario. Tenemos provisión suficiente e incluso estamos exportando gas a países vecinos como Chile, Brasil y en menor medida Uruguay.







