BUENOS AIRES.- Una de cal y otra de arena, las observaciones sobre la realidad argentina del secretario de Estado adjunto para América latina, Roger Noriega, tras su regreso a Washington, produjeron visible escozor en el entorno inmediato de Néstor Kichner. Noriega no sólo conversó con el Presidente hace una semana, sino con otras figuras del gobierno y los sectores empresarios, y su saldo ha sido que los problemas del país son más estructurales y políticos que económicos, al igual que faltan definiciones sobre planes coherentes y con predictibilidad. A la hora de cerrar estas notas se ignoraba en la Casa Rosada si el jefe del gobierno respondería a esa visión donde el acuerdo con el Fondo Monetario aparece como el centro de las expectativas. Por si hubiera alguna duda sobre sus conceptos, Noriega precisó que los problemas estructurales conciernen a la seguridad jurídica, las medidas contra la corrupción y la independencia de la Justicia. Para el funcionario norteamericano, la desconfianza sobre las relaciones presidenciales y las empresas sería el factor que más perturba la recuperación del empleo.
Percepciones
Noriega estuvo en un mal momento en Buenos Aires para poder recoger visiones precisas sobre la realidad profunda donde trata de moverse el Gobierno. Las deformaciones de la campaña electoral local y el estilo desinhibido con que Kirchner se comprometió en la misma y en otros distritos, habían llamado la atención negativamente al viajero, especialmente por los enfrentamientos del partido oficialista. Mientras tanto, en el ágora porteña, los finalistas del ballottage no se sacan hasta el momento ventajas suficientes para pronosticar un ganador. El desconcierto que afecta al alcalde Aníbal Ibarra y al sector político del Gobierno, porque el apoyo del Presidente no haya sido suficiente para ganar en la primera ronda, es un testimonio de la incomprensión con que observan al independiente e individualista electorado porteño, más localista que nacional. Prueba de ello podría ser también la pertinaz y peligrosa insistencia en asociar a Mauricio Macri con la década del 90, sin advertir que, estadísticamente, los porteños fueron los grandes beneficiados por sus resultados económicos: el más elevado consumismo del país y una tasa de renta anual seis veces superior -25.000 dólares- a la media nacional de entonces.
Una investigación periodística donde se denuncian las concomitancias de Alssandra Minnicelli como sindica general adjunta del Estado y colaboradora de su esposo, el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, es calificada por un importante colaborador de este último, como "una acción por control remoto" a cargo del Palacio de Hacienda. Esa investigación difícilmente podrá ser desmentida en los hechos, pero lo más urticante es que la misma se haya relacionado con el recurrente pronóstico sobre el eventual alejamiento del ministro Roberto Lavagna, después de acordar con el Fondo Monetario y negociar la deuda. Se insiste así en que, De Vido, también santacruceño, sería el sucesor, unificándose ambas carteras. (De nuestra Sucursal)






