28 Agosto 2003 Seguir en 
Una mala costumbre que se ha hecho carne en nuestra idiosincrasia es sacar provecho de los otros. Casi nunca el beneficio es para todos, sino para algunos pocos. De ese modo, la eterna víctima de los abusos es el ciudadano. Ayer, una gran cantidad de personas no pudo viajar en el vuelo de Aerolíneas Argentinas programado para las 17, a causa de la sobreventa de pasajes.
No es la primera vez que esto sucede. Si estuviésemos en temporada turística alta o existiese algún acontecimiento de relevancia que motivara un exceso de demanda, tal vez podría admitirse algún justificativo. Lo cierto es con este tipo de acciones deplorables se juega con la necesidad del viajero, que si ha abonado un pasaje en avión es porque tiene alguna premura en llegar a destino.
Cuando se presenta este tipo de hechos prevalece la indiferencia por el lado de la empresa, como si su existencia no dependiera de los usuarios. Cabría preguntarse entonces si algún ente regulador del Estado controla este tipo de deficiencias y las sanciona con rigor. Si las cosas se hicieran con seriedad, corrección y respeto hacia el viajero -como debe ser siempre-, la sobreventa no existiría.
No es la primera vez que esto sucede. Si estuviésemos en temporada turística alta o existiese algún acontecimiento de relevancia que motivara un exceso de demanda, tal vez podría admitirse algún justificativo. Lo cierto es con este tipo de acciones deplorables se juega con la necesidad del viajero, que si ha abonado un pasaje en avión es porque tiene alguna premura en llegar a destino.
Cuando se presenta este tipo de hechos prevalece la indiferencia por el lado de la empresa, como si su existencia no dependiera de los usuarios. Cabría preguntarse entonces si algún ente regulador del Estado controla este tipo de deficiencias y las sanciona con rigor. Si las cosas se hicieran con seriedad, corrección y respeto hacia el viajero -como debe ser siempre-, la sobreventa no existiría.






