Una noche con Boca en la final de la Copa Libertadores es un motivo suficiente para que en una redacción nada sea normal, ni tranquilo, durante el día. Una definición de este tipo, a sabiendas de las pasiones que despierta el "xeneize", se vive a full desde temprano. Y a medida que pasaban las horas, fue creciendo el aliento explícito de quienes simpatizan con la camiseta azul y amarilla. También el "¡Vamos Argentina!" del resto. Dejando de lado el folclore futbolero, nada se deja librado al azar, siguiendo una premisa: todo material que no sea relacionado al desenlace copero, debe cerrar temprano. Y, claro está, nadie olvida el horario de conclusión del partido, que resulta un intimidante compañero que golpea en la cabeza como el pájaro carpintero de aquella publicidad de galletitas snack. Por eso, se estableció un Plan A y un B. Uno de ellos, con el resultado puesto, es el que usted tiene en sus manos.







