El vestido de "Conty" quedó colgado y su familia, destruida

Constanza González, la joven asesinada en la puerta de su casa, cumpliría hoy 15 años. Desde aquel fatídico 15 de enero, se derrumbó la vida de sus padres, hermanos y abuelos, que no consiguen dejar de llorarla

DOLOR, CONGOJA Y MEMORIA. José González, padre de Conty, sostiene un retrato que se multiplica en una de las habitaciones de la casa. LA GACETA / FOTO DE INES QUINTEROS ORIO
DOLOR, CONGOJA Y MEMORIA. José González, padre de "Conty", sostiene un retrato que se multiplica en una de las habitaciones de la casa. LA GACETA / FOTO DE INES QUINTEROS ORIO
Por Silvia De Las Cruces 03 Junio 2012
Hacía dos años que Constanza Lucía González venía planificando su fiesta de 15 junto a su mamá. Todos en la familia soñaban con ese día, ya que era la mayor entre sus hermanos y primos. "Conty" -como la llamaban- cumpliría 15 años hoy, pero su vestido color púrpura quedó colgado en un placard y todos los adornos y cotillón que habían comprado para la fiesta duermen dentro de una caja de cartón que nadie se atrevió a volver a abrir.

"Yo tenía la ilusión de bailar el vals con ella", expresa su papá, José González, sin poder contener las lágrimas. Lo mismo les pasa a su esposa, a sus hijos y a sus suegros, que no dejaron de llorar desde "ese maldito 15 de enero", como lo recuerdan.

Aquella mañana, "Conty" volvía de la fiesta de 15 de una de sus compañeras de colegio. Se bajó de un taxi en la puerta de su casa a las 5.30, tocó el timbre y, mientras sus padres se levantaban para abrir, un tiro en la cabeza la fulminó en el acto. Cuando José y Karina Millares abrieron la puerta, se encontraron con su hija ya sin vida. El cuerpo de la adolescente estaba en la vereda, debajo de un árbol, con el vestido blanco que esa noche había estrenado manchado con sangre.

"Le quisieron robar el celular y la cámara de fotos, pero no se los quitaron", explicaban esa mañana los vecinos que rápidamente inundaron la cuadra de Italia al 300, en el barrio Villanueva de Alderetes. A partir de ese instante, la vida de la familia cambió para siempre.

No volvieron más
Ese mismo día, el matrimonio y sus dos hijos (Cynthia de 13 años y Lautaro de 6) se mudaron a la casa de los padres de Karina. Nunca más volvieron al que fue su hogar, excepto José, quien regresó a buscar ropa y alimentar a "Toby", la mascota de "Conty". "Ella lo quería tanto a ese perro, pero no lo puedo traer porque es muy grande. Me quiebra cada vez que voy, no puedo estar ni en la vereda", afirma el hombre. Hasta hoy, el cuarto que la joven compartía con sus dos hermanos está intacto, tal cual como había quedado esa trágica mañana. "Nos dio vuelta la vida esta desgracia", agrega con los ojos desbordados.

Los venció el dolor
Para animar a sus hijos, José les regaló un caniche toy. Le preocupa verlos siempre tristes y, cada tanto, sorprenderlos llorando. En cuanto a su esposa, no consigue reponerse. Con varios kilos menos y un rosario que jamás descuelga de su cuello, Karina pasa todo el día dentro de su habitación, a la que prácticamente convirtió en un santuario. "Ella tiene todas las fotos de 'Conty' ahí y las besa todo el tiempo", señala José.

Ante una familia destrozada por el dolor, él intenta mostrarse fuerte, pero sufre la ausencia de su hija tanto como los demás. "Esto no sabía si contártelo -dice- pero anoche me quedé solo sentado en el sillón hasta las 2.30, pensando en mi hija y mirando para afuera. En un momento, sentí un beso en la mejilla, lo sentí clarito. Se me estremeció el cuerpo. Ahora te lo cuento y me vuelvo a poner así".

"Una fecha sagrada"

Hoy será el día más duro que le tocará vivir a la familia desde la muerte de "Conty". Roberto Millares, su abuelo, explica que se extinguió para siempre la tranquilidad de su casa. "Para nosotros esta es una fecha muy especial, sagrada. Siento mucha bronca porque tenemos que pagar esta consecuencia de tener una familia desmembrada porque el Estado no supo darnos protección", se queja.

Él y su yerno comentan que cada fecha especial es una nueva muerte para ellos. "Ahora es su cumpleaños, después vendrán el Día del Padre, Navidad...", añade José. Les cuesta completar las frases, el dolor es más fuerte y un nudo en la garganta les impide hablar sin que las lágrimas les mojen la cara. "Siento que me arrancaron la cabeza de un tiro con la muerte de mi chiquita", describe su abuelo.

Pese a la pesadilla que sienten estar viviendo, aseguran que la carga se aliviana gracias al apoyo que reciben tanto de sus vecinos como de las compañeras de "Conty", que nunca dejaron de visitarlos.

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