BUENOS AIRES.- El Gobierno dice que no va a tomar ninguna medida para frenar al dólar "blue" porque sus efectos en la economía no se van a notar, ya que se trata de problemas restringidos a un mercado muy chico. Lo que probablemente quiera decir esta muy mala lectura de los acontecimientos es que la caballería no ha de llegar esta vez con una devaluación a salvarle las papas a nadie. El gran problema son las expectativas. El olfato de muchos es que se está repitiendo la historia de la convertibilidad, que el dólar está barato y, para colmo, se huele a que falta un timonel. Está claro que faltan dólares para pagar las compras de energía al exterior y que Guillermo Moreno pisa todo lo que huele a importaciones. En tanto, la AFIP le puso al billete el moño de fruto prohibido y esa fue la gota que rebalsó.
Entonces, como son las expectativas las que mandan, quienes tienen los dólares no los sueltan, por lo mismo que hay otros que quieren comprar y no les importa cuánto tienen que pagar para fugar capitales. Y quienes tienen que pensar en la reposición de mercadería no saben a cuánto lo van a hacer y remarcan precios. Si se quiere dejar a los compradores librados a su suerte, para que se empomen si pagan un disparate, no está mal. Ya llegará el momento, en que el mercado no convalide estos precios. Ahora, si se trata de meter miedo, eso indica que se perdieron el final de todas las demás corridas. Pero, así, con el aire de suficiencia ideológica que usan los que están seguros de que le van a lograr torcer el brazo al mercado, seguirán corriendo detrás de los acontecimientos. Un simple manual de historia económica argentina los ayudaría a salir del problema. ¿Qué significan estos precios de aquelarre, sino la manifestación de la desconfianza? No es, seguramente, lo que creen las autoridades, que ya estarán viendo por detrás alguna corrida destituyente.
Entonces, como son las expectativas las que mandan, quienes tienen los dólares no los sueltan, por lo mismo que hay otros que quieren comprar y no les importa cuánto tienen que pagar para fugar capitales. Y quienes tienen que pensar en la reposición de mercadería no saben a cuánto lo van a hacer y remarcan precios. Si se quiere dejar a los compradores librados a su suerte, para que se empomen si pagan un disparate, no está mal. Ya llegará el momento, en que el mercado no convalide estos precios. Ahora, si se trata de meter miedo, eso indica que se perdieron el final de todas las demás corridas. Pero, así, con el aire de suficiencia ideológica que usan los que están seguros de que le van a lograr torcer el brazo al mercado, seguirán corriendo detrás de los acontecimientos. Un simple manual de historia económica argentina los ayudaría a salir del problema. ¿Qué significan estos precios de aquelarre, sino la manifestación de la desconfianza? No es, seguramente, lo que creen las autoridades, que ya estarán viendo por detrás alguna corrida destituyente.
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