Buscar, esperar y volver a empezar

Por Miguel Velardez 22 Mayo 2012
No debe ser fácil abrir la puerta de casa a una persona que dice llegar con datos concretos sobre el paradero de una hija; sobre todo si esa persona llega después de 10 años de haberse perdido el rastro de un ser querido. Mucho más difícil todavía debe ser tener que escuchar que esa hija está muerta y que fue enterrada en unos tachos azules en el fondo de una casa en La Rioja. Cada dos por tres, Susana Trimarco no sólo escucha ese tipo de comentarios, sino que además está obligada a tomarlos con la seriedad que corresponde para que la Justicia investigue la veracidad de esos datos.

Puede parecer increíble, pero este tipo de "aportes" siguen llegando, todas las semanas, sobre el supuesto paradero de Marita Verón. Algunos son llamados telefónicos; Otros, en cambio, ingresan vía mail. Unos van directo a la Fundación María de los Ángeles; otros entran en la División Trata de Personas, que conduce el comisario Julio Fernández. Incluso, hubo algunas ocasiones en que llegaron mails con datos desde Bolivia o de Paraguay, donde supuestamente vieron a Marita. En estos casos en que se traspasan las fronteras de la Argentina, los policías y la Justicia corren traslado de la investigación a Interpol.

El comisario Fernández, a cargo de la División Trata de Personas de la Policía de Tucumán, es el hombre que buscó a Marita en distintos rincones de la Argentina. Desde fines de 2003 a la fecha, Fernández escuchó cientos de nombres y direcciones sobre la supuesta ubicación de la joven desaparecida el 3 de abril de 2002. Sin embargo, hasta ahora, todos terminaron con resultados negativos. En 2006, hubo un hecho que estremeció a los policías. Un dato valioso había llegado desde Olavarría, en Buenos Aires. Se decía que, en esa zona, había dos prostíbulos con unas 15 chicas en cada local y que, en uno de esos prostíbulos, estaba Marita Verón.

Tras la etapa de investigación, se libraron las órdenes de allanamientos y los policías viajaron a Olavarría. Efectivamente había dos prostíbulos, con una docena de mujeres ejerciendo la prostitución y, en un local, había una chica demasiado parecida a Marita. Los rasgos fisonómicos eran idénticos. Era parecida a Marita, pero no era ella. Le tomaron las huellas dactilares y todo fue en vano. La mayoría de las mujeres que estaban en esos dos prostíbulos habían llegado de Paraguay. En aquel tiempo fue tan grande el revuelo en Olavarría, que después de unos meses -por orden judicial- se cerraron los prostíbulos.

Desde 2003 a la fecha, el comisario Fernández buscó en prostíbulos de Villa Unión (La Rioja), Olavarría (Buenos Aires), Chilecito (La Rioja), Tinogasta, Belén y Ainogasta (Catamarca), Piquillín (Córdoba), entre otros. En este último operativo realizado en La Rioja, también estuvo supervisado por Fernández. El jefe policial recordó que, al recibir la información, Susana Trimarco sufrió un shock emocional. "Es un golpe duro -explicó Fernández-, que a una madre le digan que su hija está muerta".

Junto al personal de Gendarmería llegaron al domicilio que había señalado un vecino riojano. El hombre había dejado un croquis detallado del lugar. Era el fondo de la casa de Paola Gaitán, una de las seis mujeres que integran el total de 13 imputados en el juicio por la desaparición de Marita. Mientras los policías y gendarmes excavaban en el fondo de la vivienda, Susana Trimarco esperaba en Tucumán a que sonara el teléfono, con un hilo de respiración contenida, y el corazón en la mano. El resultado negativo la obliga a volver a empezar, a prolongar la búsqueda, a seguir esperando por su hija y por justicia, según pasan los años.

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