Que gane la vida

Para que ella viva, alguien tiene que morir. Muchos dirán que es la ley de la vida. Alguien nace, alguien muere. Pero no es tan así. Ella es Rosario Moreno Salmoral y tiene 14 años. Nació con una enfermedad que se llama fibrosis quística en ambos pulmones y necesita un trasplante.

Está internada en estado delicado en terapia intensiva de la fundación Favaloro. ¿Qué pueden pedir los familiares? No es un "caso". No es que reúnen para pedir justicia. Acá no hay acusados. Lo único que les queda a quienes quieren a Rosarito es la esperanza. La fe. Pero para que ella se salve, para que ella pueda tener una vida normal, para que pueda seguir siendo la mejor compañera del colegio Los Cerros, para que sus tres hermanos, su mamá y su papá puedan seguir abrazándola, alguien debe morir. Y la dicotomía es demasiado fuerte.

Según el Incucai, hay a 1.452 pacientes en espera para trasplante de pulmón. Por la gravedad de la situación de Rosario, ella pasó a encabezar esa lista. Y quienes el sábado fueron a acompañar a la familia a la plaza Independencia hicieron lo único que podían hacer. Estar juntos. Rezar si son creyentes. Y estuvieron Héctor Manca y María Musumeci, dos trasplantados, para darles fuerzas con su experiencia. Es que la concientización es la principal arma para estos casos. Por eso el cartel se repite siempre: "donar órganos es donar vida". Por eso las campañas permanentes. Por eso cada vez que alguien se convierte en donante es una buena noticia. Por eso todos esperamos que ella tenga una oportunidad. Por eso todos deseamos que Rosarito se cure pronto y que también se sume a la lucha. Por eso todos queremos, pedimos, exigimos que, otra vez, la vida le gane a la muerte.

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