Transitan por las veredas opuestas de la política y de la ideología. Uno es un ferviente defensor de los Derechos Humanos y reivindica cada vez que puede al kirchnerismo. El otro está convencido de que durante los años 70 hubo una guerra y que su fallecido líder fue un héroe que peleó por su patria. El intendente, Domingo Amaya, y el concejal bussista Claudio Viña no tienen nada en común. Sin embargo, el debate por el aumento del cospel los hermanó. Los dos se convencieron de que para todo hombre siempre hay una primera vez. Porque después de ocho años, Amaya promulgó un aumento del cospel. Porque después de ocho años, Viña levantó la mano en favor del incremento del boleto. En esta oportunidad, ninguno de los dos tuvo margen para especular, mirar para otro lado y hacer política. El jefe municipal tuvo que promulgar la norma porque así se lo marcaron desde la Casa de Gobierno. El edil capitalino no pudo repetir su acostumbrado ritual y debió reconocer públicamente que los empresarios también sufren la inflación. Amaya y Viña emprendieron un viaje juntos. Las paralelas que los separaban hasta el infinito se juntaron ayer. Les pusieron la misma pieza musical y debieron bailar pegados, el vals del cospelazo.











