Ayer, antes de salir para el diario, decidí que era tiempo de empezar a leer un libro que adquirí hace un par de semanas. Se titula: "50 cosas que hay que saber sobre política". Me metí en el índice para ver los títulos de los capítulos. "La materia de la política", se denominaba uno, con subtítulos: pobreza, delincuencia, seguridad, corrupción (¡cuándo no!) y uno que me llamó la atención: "corrección política". Me fui allí, directamente, empecé a leerlo, pero se convirtió en un disparador y caí en cuenta que se podría considerar otro ítem: "coherencia política". ¿Existirá? De buenas a primeras, hasta sin pensarlo, se responde que no. Para justificar esta apreciación habría que detenerse en dos hechos políticos recientes, separados por 1.200 kilómetros, y que tienen una palabra clave: "obsceno". Los protagonistas pertenecen al mismo partido: el justicialismo. El desencadenante es el mismo: 2015, pero las reacciones fueron diferentes, lo que revela que no hay conductas que marquen alguna coherencia, más bien evidencian conveniencias y oportunismo, según donde se esté parado en la interna del PJ.
¿Quiénes son los protagonistas centrales? Los gobernadores Daniel Scioli (Buenos Aires) y José Alperovich (Tucumán). ¿Qué hicieron? Apuntaron a 2015 desnudando intenciones electorales y pretensiones personales. El primero admitió que luchará por la presidencia de la Nación en caso de que no haya una reforma constitucional que habilite un nuevo mandato para Cristina Fernández. El segundo dio la venia a sus parlamentarios para que promuevan un nuevo cambio de la Carta Magna para permitir la reelección indefinida en la Legislatura y, si quieren, para el PE.
Los kirchneristas salieron a pegarle duro y parejo a Scioli porque no admiten que alguien del peronismo diga hoy que quiere ser el sucesor; para ellos es la jefa de Estado la que debe bendecir al heredero. Y, como siempre, le correspondió al ocurrente Aníbal Fernández exponer el pensamiento "K"; lo tildó de obsceno. Después de él vinieron en catarata las acusaciones: desleal, individualista, irresponsable, prematuro. Claro, el ex motonauta es el "enemigo interno", el conservador neoliberal socio de los medios que están enfrentados con el Gobierno; según los que lo adscriben como el hombre que no puede interpretar ni continuar el proyecto "K". Dicho con ironía, Scioli es el apresurado, no los que hablan de una Cristina eterna a partir de cambios en la letra constitucional. Alguien podría decir que los kirchneristas ya no les temen a los adversarios externos, tanto que inventan enemigos en su trinchera. Y el bonaerense es un especialista en poner la otra mejilla, casi un puching ball para los "K".
Allá, en el centro del escenario político argentino, es obsceno hablar de 2015. Qué pensará aquel senador de la verbosidad excesiva sobre el planteo de Alperovich, que abrió las compuertas a la reforma para la reelección de un grupo minoritario, ese sector privilegiado institucionalmente por maniobras políticas. ¿Considerará impúdicos a los alperovichistas que alientan esta medida para eternizarse en sus bancas? Como sólo hay conveniencia en la política, y no coherencia, es de esperar que alguna justificación le encuentre para diferenciar un hecho del otro. Tal vez dé razones geográficas; o diga: "José es un amigo".
Ah, para los que se quedaron con el texto que debo leer (de Ben Dupré) y con la corrección política, rescato un párrafo: "la reacción contra todo lo que lleva la etiqueta de 'políticamente correcto' es ahora tan general que cuando se califica a alguien de tal es casi siempre para criticarlo, no para elogiarlo". Bueno, eso nos lleva a decir que por estos lares muchos dirigentes son "políticamente incorrectos".
¿Quiénes son los protagonistas centrales? Los gobernadores Daniel Scioli (Buenos Aires) y José Alperovich (Tucumán). ¿Qué hicieron? Apuntaron a 2015 desnudando intenciones electorales y pretensiones personales. El primero admitió que luchará por la presidencia de la Nación en caso de que no haya una reforma constitucional que habilite un nuevo mandato para Cristina Fernández. El segundo dio la venia a sus parlamentarios para que promuevan un nuevo cambio de la Carta Magna para permitir la reelección indefinida en la Legislatura y, si quieren, para el PE.
Los kirchneristas salieron a pegarle duro y parejo a Scioli porque no admiten que alguien del peronismo diga hoy que quiere ser el sucesor; para ellos es la jefa de Estado la que debe bendecir al heredero. Y, como siempre, le correspondió al ocurrente Aníbal Fernández exponer el pensamiento "K"; lo tildó de obsceno. Después de él vinieron en catarata las acusaciones: desleal, individualista, irresponsable, prematuro. Claro, el ex motonauta es el "enemigo interno", el conservador neoliberal socio de los medios que están enfrentados con el Gobierno; según los que lo adscriben como el hombre que no puede interpretar ni continuar el proyecto "K". Dicho con ironía, Scioli es el apresurado, no los que hablan de una Cristina eterna a partir de cambios en la letra constitucional. Alguien podría decir que los kirchneristas ya no les temen a los adversarios externos, tanto que inventan enemigos en su trinchera. Y el bonaerense es un especialista en poner la otra mejilla, casi un puching ball para los "K".
Allá, en el centro del escenario político argentino, es obsceno hablar de 2015. Qué pensará aquel senador de la verbosidad excesiva sobre el planteo de Alperovich, que abrió las compuertas a la reforma para la reelección de un grupo minoritario, ese sector privilegiado institucionalmente por maniobras políticas. ¿Considerará impúdicos a los alperovichistas que alientan esta medida para eternizarse en sus bancas? Como sólo hay conveniencia en la política, y no coherencia, es de esperar que alguna justificación le encuentre para diferenciar un hecho del otro. Tal vez dé razones geográficas; o diga: "José es un amigo".
Ah, para los que se quedaron con el texto que debo leer (de Ben Dupré) y con la corrección política, rescato un párrafo: "la reacción contra todo lo que lleva la etiqueta de 'políticamente correcto' es ahora tan general que cuando se califica a alguien de tal es casi siempre para criticarlo, no para elogiarlo". Bueno, eso nos lleva a decir que por estos lares muchos dirigentes son "políticamente incorrectos".







