"¿Qué pasa que desde ayer está revolucionado el barrio?" "¿Y estos policías? Nunca hay tantos". "¡No mamita! No te acerqués a la pared que vas a quedar blanca..." Y sí... Las frases son parecidas en Banda del Río Salí, en Tafí Viejo o en cualquier barrio de la capital. Los primeros que se percatan de que José Alperovich visitará la zona son los vecinos. Ocurre que antes de que el mandatario recorra o inaugure una obra (lo hace dos veces a diario) un frenesí "embellecedor" recubre los alrededores. El problema, precisamente, es que la previsión pega el faltazo. Cómo olvidar esa placita de comuna en la que no hubo tiempo para plantar las flores y los plantines quedaron así, acomodados (y agonizantes) sobre la tierra yerma. O cuando no se pudo blanquear a tiempo los cordones cunetas y todos los que pasaron dejaron impresas sus huellas -literalmente- en las veredas de la barriada. Ni hablar cuando sobra el material blancuzco y ligan también los pobres árboles.
¿Los dirigentes que movilizan las cuadrillas de trabajadores municipales o beneficiarios de programas de trabajo considerarán que la puesta es creíble?
Cumpliendo órdenes o por iniciativa propia llevan años haciendo lo mismo. Arreglando por donde mira la suegra y montando una escenografía improlija en la que ya nadie cree. Los perjudicados no son otros que los vecinos, que se alegran ante la visita oficial sólo por el corte de pasto o porque la Policía patrullará por unas horas.







