Déjà vu

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 16 Mayo 2012
Un déjà vu. No hay otro término para definir lo que estamos viviendo (o padeciendo) los argentinos. Siempre que hubo excesos en los controles oficiales, la historia terminó con final poco feliz. Caminando ayer por la city tucumana, un operador comentaba: "a esto ya lo vivimos; secaron la plaza de dólares porque no les cierran las cuentas". Conseguir la moneda estadounidense es como jugar a la búsqueda del tesoro; siempre vigilados por el Estado. El tradicional esquema de ahorro se está pulverizando.

Un poco más allá, en un café, un empresario del rubro turístico contaba a otros las proezas que debía hacer para darles cierta liquidez a los coordinadores de su empresa, con el fin de costear los gastos en el exterior. Es casi imposible llevar dólares en el bolsillo. Un banquero se frota las manos y exclama: "es tiempo de plazos fijos". La tasa que se paga puede ayudar, en algo, a paliar estos tiempos inflacionarios y evitar que caiga con fuerza el poder adquisitivo de los ahorros. Sin embargo, las cadenas de mail se multiplican. Esos correos electrónicos alimentan el rumor de un corralito que, hasta ahora, sólo es cambiario. El sistema financiero tiene liquidez y, por lo tanto, ese rumor pierde fuerza. Ahora bien, ¿le conviene al Gobierno tomar una decisión de esa naturaleza? Evidentemente, la respuesta es negativa. Las brujas no existen, pero que las hay, las hay. Hay controles para los ahorristas; también para los pequeños y medianos contribuyentes (el fisco necesita dinero para darle de comer al señor Estado); hay controles para no excederse con la diversión (4 AM), pero no para que los fines de semana, las farmacias que deben estar de turno funcionen como es debido. ¿Cómo se explica que el IPLA o la Dirección de Rentas tengan más inspectores full time y otras reparticiones, que deben velar para que los servicios esenciales se presten de forma correcta a los ciudadanos, no tengan personal para vigilar o controlar?

Hay fiscalizaciones impositivas inflexibles, pero no una decisión oficial de reducir -a rajatabla- el gasto público, con el fin de que un gobierno tenga tantas necesidades de financiamiento. ¿Cómo es posible que mientras una gestión "llora" que le llegan menos recursos de coparticipación, se decidan aumentos salariales (o de dietas) a un 34%? ¿Acaso la pauta nacional ya no es valedera? Hasta hace algunos meses, las provincias tenían prohibido otorgar incrementos por encima del 20%. Si el Estado sostiene que la inflación anual no supera el 10%, ¿por qué, entonces, no se otorga tal porcentaje de suba para los salarios políticos? El Gobierno sigue entrampado con una inflación que supera a la realidad del Indec.

Frente a estas situaciones, alguien debe parar la pelota. Todos sabemos que si el gasto sigue creciendo a un ritmo superior al 30% interanual, no hay recaudación que aguante, ni suba impositiva efectiva. El siguiente paso -como el que ha dado la gestión del gobernador José Alperovich- es recurrir al mercado financiero para pedir dinero... para gastos corrientes. Y, finalmente, cuando la plata no alcanza para llegar a fines de mes, se recurre a los bonos propios. Déjà vu. Hace unos días, charlando con el economista Tomás Bulat, hablábamos de la Argentina que se viene frente a tantos desequilibrios económicos. Bulat daba una definición que bien puede ser aplicada en todos los órdenes y por todos los agentes económicos. "No se puede jugar en primera y no entrenar. Sabés que si querés mantenerte arriba, tenés que levantarte temprano, no salir y estudiar estrategias. En economía pasa lo mismo; sabés que tenés que hacer correcciones y, si te resistís, vienen los problemas", decía el economista. A la Argentina aún le queda tiempo para evitar otro déjà vu.

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