Fobia a los pinchazos

El miedo a las inyecciones suele funcionar como una barrera para la continuación de un tratamiento. En algunas personas sólo es impresión, pero hay otras que comienzan a transpirar y padecen taquicardia. Las fobias son trastornos de ansiedad que pueden tratarse. Son adquiridas y hay personalidades más propensas a desarrollarlas.

 ¿TODOS PADECEMOS ALGUNA FOBIA? ¿TODOS PADECEMOS ALGUNA FOBIA?
16 Mayo 2012
Solo imaginar que el líquido va llegando hasta la punta de la aguja le da escalofríos. Un rato antes había comenzado a transpirar, cuando supo que del pinchazo no iba a zafar. El miedo se apodera de él y lo obliga a retroceder, a pensarlo dos veces. "¿Me va a doler?", le pregunta a la enfermera. "No, solo va a salir ramiando la pierna", le contesta Teresa Zárate en broma. Hace 16 años que ella se dedica a colocar inyecciones y aprendió a reconocer a la distancia a los miedosos.

La fobia a las inyecciones se llama tripanofobia. Según un informe médico el 70% de los profesionales de la salud reconoce que es un impedimento para los tratamientos. Hay personas que dejan de vacunarse o que cortan el tratamiento de insulina. Les inquieta pensar en la inyección y se mentalizan en que les va a doler.

¿De qué se trata este problema? "Las fobias son un temor exagerado e irracional ante un determinado objeto o situación", define Claudio Greco, psiquiatra especialista en trastornos de ansiedad. El problema es que ese miedo puede convertirse en un obstáculo para el desarrollo normal de la vida.

Poco a poco la persona tratará de evitar eso que le genera miedo o a lo que le tiene cierto prejuicio. En otro tipo de fobias (al perro, a las gallinas, a las arañas) puede no resultar un problema y se las considera fobias sociales. Pero cuando se trata de la salud es más grave.

Con el tema de las fobias -explica el psiquiatra- se da una anticipación ansiosa ante un estímulo puntual: "es el miedo a tener miedo". Cada uno sabe qué es lo que le despierta este sentimiento. "El pánico es diferente porque aparece de la nada, es espontáneo", agrega Greco. El miedo, en cambio, siempre es a futuro. En el caso de las inyecciones tememos que nos duela o lastime.

Entre las ramas de la salud que han tenido mala prensa figura la odontología. No son pocas las personas que se descomponen con solo recostarse en el sillón. Ni hablar de los que se convierten en papel blanco cuando ven la jeringa. Hasta sufren lipotimias. "Los varones son los más miedosos, pero todo pasa por explicarles que las agujas son de calibre muy pequeño. Lo que duele, en realidad, no es el pinchazo sino cuando pasa el líquido", explica Hugo Zamudio, odontólogo.

En algunos casos se puede entibiar la solución anestésica o colocar una anestesia tópica en la zona de la inoculación. Esto es una estrategia, pero el especialista enfatiza que si el paciente va creyendo que le va a doler, entonces lo más probable es que eso suceda. Todo está en la cabeza.

Teresa, la enfermera, coincide en esto de que los varones son más reacios al pinchazo y más preguntones. El sexo fuerte ve una aguja y arruga: "a veces vienen con un tatuaje y yo les digo: '¿y eso cómo te lo hiciste?'"

Superarse
"El antídoto del miedo es la fe. Cuando tenemos miedo o fe nada está cambiando en nuestro presente, sólo hay un cambio en nuestra predisposición hacia el futuro", destaca el psiquiatra. Una manera de neutralizar el miedo es pensar que nada malo nos puede suceder. "A esto lo trabajan muy bien las terapias cognitivo- conductuales, que buscan nuevas conductas y cambiar pensamientos", apunta Greco.

En todos los casos las fobias son aprendidas, no vienen naturalmente. "El ser humano nace con dos miedos: al ruido y a la inestabilidad -ejemplifica-. Si a un bebé le acercás un arma o un cocodrilo no le va a temer. En cambio, si hacés un ruido muy fuerte, sí".

Con el correr de los años algunas personas adquieren miedos específicos o prejuicios: fobias. Con algunas se puede vivir, el problema es cuando eso nos impide llevar nuestra vida normal o pone en peligro la salud.

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