Ojos que no ven, corazón que no siente; dice un amigo, y se zampa un panchuque al paso. ¿De qué está hecho ese engrudo que recubre el preparado? Mejor no saberlo. Ni siquiera conjeturarlo. A no sorprenderse, comprovincianos, por el criadero de ratas que albergaba la cocina del restaurante chino clausurado. El video -disponible en LA GACETA.com- no es más que la punta del iceberg. Como las fotos de la mugre imperante en un fast-food vernáculo (también subidas a nuestra página). O el espectáculo que nos tocó presenciar desde el balcón del diario: a un churrero se le cayó todo el stock al piso, lo levantó, lo plumereó un poco, y siguió vendiendo como si nada.
La calidad de los alimentos que consumimos es directamente proporcional al rigor y la efectividad de los controles. Si las cocinas están permanentemente monitoreadas y se ajustan a indispensables estándares de higiene la salud de la población quedará preservada. Pero sabemos que Tucumán es la capital internacional de la irresponsabilidad, y que cuando el gato hace la vista gorda los ratones bailan. En este caso, encima de la comida que nos sirven.
No es cuestión de entregarse a las leyendas urbanas sobre lo que ocurre en las cocinas de los restaurantes, porque de ahí a la psicosis hay un paso. Pero, ¿es mucho pedir que los controles bromatológicos se hagan con un poco más de seriedad y de asiduidad? O mejor dicho, ¿cómo superan cientos de locales visiblemente ruinosos las inspecciones?
La calidad de los alimentos que consumimos es directamente proporcional al rigor y la efectividad de los controles. Si las cocinas están permanentemente monitoreadas y se ajustan a indispensables estándares de higiene la salud de la población quedará preservada. Pero sabemos que Tucumán es la capital internacional de la irresponsabilidad, y que cuando el gato hace la vista gorda los ratones bailan. En este caso, encima de la comida que nos sirven.
No es cuestión de entregarse a las leyendas urbanas sobre lo que ocurre en las cocinas de los restaurantes, porque de ahí a la psicosis hay un paso. Pero, ¿es mucho pedir que los controles bromatológicos se hagan con un poco más de seriedad y de asiduidad? O mejor dicho, ¿cómo superan cientos de locales visiblemente ruinosos las inspecciones?







