09 Mayo 2012 Seguir en 
La violencia, el delito y la impunidad suelen ir juntos en nuestra sociedad. Si a ellos se suma el consumo de alcohol y de drogas, el cóctel se vuelve más peligroso aún hasta el punto de que un partido de fútbol que debería ser una fiesta se puede convertir en un martirio para quienes viven en las inmediaciones de un estadio como el Monumental de los decanos.
Los que más la padecen son quienes viven en el sector de 25 de Mayo y Chile, Bolivia y 25 de Mayo e Italia y 25 de Mayo. En amplias notas que editamos en nuestra ediciones del domingo y del lunes, las quejas de los vecinos por la inseguridad son más que elocuentes. Son muy pocos los que se han salvado de ser asaltados. Hace unos meses, la Policía instaló cámaras de seguridad en Chile y 25 de Mayo y en Laprida y Bolivia, pero el delito no disminuyó. Frente a la cancha, en la primera de las esquinas mencionadas, una señora que posee una despensa debajo de la cámara, fue asaltada por tres delincuentes que luego se fugaron en un taxi. "En la Policía me dijeron que la cámara es rotatoria y que justo en ese momento estaba tomando para el otro lado", dijo indignada. Un vecino de Italia y 25 de Mayo denunció que los hinchas compran y consumen droga en la vía pública. Asegura que en los días de partidos, cuando ya se juntaron muchos simpatizantes, se detiene un auto, desciende una persona con un bolso y reparte su contenido entre cuatro personas. Según él, se trata de cocaína y marihuana. Luego de los destrozos que se produjeron en el clásico con San Martín a fines de enero, el dueño de un almacén ubicado en una de las ochavas colocó un portón de hierro y decidió no atender esos días.
El jefe de la barrabrava "La inimitable" sostiene que no son responsables de los episodios violentos y que hace poco actuaron para acabar con los arrebatos en las adyacencias del estadio. "Combatimos a esos delincuentes porque siempre nos terminaban perjudicando". El presidente de Atlético Tucumán responsabilizó, por su parte, a las fuerzas de seguridad. "Queremos pedir mayor atención a la Policía, porque ellos son los encargados de brindar seguridad. Lo que hacemos nosotros es contratarlos a ellos para que cumplan con ese trabajo en toda la zona", dijo.
Si al parecer por sus limitaciones, las cámaras de seguridad no registran los hechos delictivos, significa que la Policía debería completar esta vigilancia con acciones complementarias. No pareciera ser tan complicado brindar seguridad en las adyacencias del estadio cuando hay partidos, si los agentes estuviesen distribuidos en los lugares claves. Bastaría una tarea de inteligencia para saber si se expende droga en la vía publica, quiénes son los que la venden y en consecuencia proceder a detenerlos in fraganti. Esta misma labor debería realizarse en el interior de la cancha; de ese modo el personal especializado detectaría si hay consumo de estupefacientes o de alcohol en las tribunas.
Si se diseñara una política de Estado de seguridad integral, se capacitara a la fuerza en materia de espectáculos deportivos y se actuara coordinadamente con los dirigentes, no deberían producirse desmanes en las afueras de un estadio, como tampoco arrebatos o asaltos en el vecindario. De ese modo, los ciudadanos que son ajenos a la justa futbolera y que sólo aspiran a vivir en paz, no tendrían que encerrarse durante dos o tres horas para evitar ser atacados.
Los que más la padecen son quienes viven en el sector de 25 de Mayo y Chile, Bolivia y 25 de Mayo e Italia y 25 de Mayo. En amplias notas que editamos en nuestra ediciones del domingo y del lunes, las quejas de los vecinos por la inseguridad son más que elocuentes. Son muy pocos los que se han salvado de ser asaltados. Hace unos meses, la Policía instaló cámaras de seguridad en Chile y 25 de Mayo y en Laprida y Bolivia, pero el delito no disminuyó. Frente a la cancha, en la primera de las esquinas mencionadas, una señora que posee una despensa debajo de la cámara, fue asaltada por tres delincuentes que luego se fugaron en un taxi. "En la Policía me dijeron que la cámara es rotatoria y que justo en ese momento estaba tomando para el otro lado", dijo indignada. Un vecino de Italia y 25 de Mayo denunció que los hinchas compran y consumen droga en la vía pública. Asegura que en los días de partidos, cuando ya se juntaron muchos simpatizantes, se detiene un auto, desciende una persona con un bolso y reparte su contenido entre cuatro personas. Según él, se trata de cocaína y marihuana. Luego de los destrozos que se produjeron en el clásico con San Martín a fines de enero, el dueño de un almacén ubicado en una de las ochavas colocó un portón de hierro y decidió no atender esos días.
El jefe de la barrabrava "La inimitable" sostiene que no son responsables de los episodios violentos y que hace poco actuaron para acabar con los arrebatos en las adyacencias del estadio. "Combatimos a esos delincuentes porque siempre nos terminaban perjudicando". El presidente de Atlético Tucumán responsabilizó, por su parte, a las fuerzas de seguridad. "Queremos pedir mayor atención a la Policía, porque ellos son los encargados de brindar seguridad. Lo que hacemos nosotros es contratarlos a ellos para que cumplan con ese trabajo en toda la zona", dijo.
Si al parecer por sus limitaciones, las cámaras de seguridad no registran los hechos delictivos, significa que la Policía debería completar esta vigilancia con acciones complementarias. No pareciera ser tan complicado brindar seguridad en las adyacencias del estadio cuando hay partidos, si los agentes estuviesen distribuidos en los lugares claves. Bastaría una tarea de inteligencia para saber si se expende droga en la vía publica, quiénes son los que la venden y en consecuencia proceder a detenerlos in fraganti. Esta misma labor debería realizarse en el interior de la cancha; de ese modo el personal especializado detectaría si hay consumo de estupefacientes o de alcohol en las tribunas.
Si se diseñara una política de Estado de seguridad integral, se capacitara a la fuerza en materia de espectáculos deportivos y se actuara coordinadamente con los dirigentes, no deberían producirse desmanes en las afueras de un estadio, como tampoco arrebatos o asaltos en el vecindario. De ese modo, los ciudadanos que son ajenos a la justa futbolera y que sólo aspiran a vivir en paz, no tendrían que encerrarse durante dos o tres horas para evitar ser atacados.







