La suba en el índice de conductores ebrios

08 Mayo 2012
La realidad admite siempre diversas miradas que dependen del lugar desde donde se la observe. Hay muchas acciones que provocan placer, pero que exigen al mismo tiempo responsabilidad cuando se involucra a terceros. Ello sucede, por ejemplo, con el consumo de bebidas alcohólicas. "El hombre que es dueño de sí bebe con gravedad y sensatez", solía decir el filósofo chino Confucio, mientras San Juan Crisóstomo sostenía que "el hombre ebrio es un cadáver viviente" y el refranero popular agrega: "Beber con medida alarga la vida". Al parecer el tucumano que conduce un vehículo está más próximo a la sentencia del santo.

El viernes se cumplirán cinco años desde que se pusieron en marcha los controles de alcoholemia. Según la Secretaría de Transporte de la Provincia, desde el 11 de mayo de 2007 hasta el último fin de semana se secuestraron 7.880 vehículos, cuyos conductores estaban ebrios. Fueron a parar al corralón un promedio mensual de 131 rodados. Si se cotejan los primeros meses de operativos con los últimos, se percibe un aumento de las infracciones del 10 %. Como se recordará, la norma prescribe que los conductores de vehículos particulares no pueden circular con más de 0,5 g de alcohol en sangre; los motociclistas tienen un límite de 0,2 g y los que manejan transportes de carga o públicos de pasajeros no pueden beber nada de alcohol. Las sanciones van desde el secuestro del vehículo, la retención del carnet de manejo por un mes o más (depende del nivel del dosaje) y el pago de una multa que ronda los $ 1.000 o más.

Lo curioso es que el índice de los infractores se ha incrementado, especialmente en los motociclistas: en 2007, estos representaban el 52% de los transgresores, en 2011 ascendieron al 69%. Pero no sólo ellos; los que conducían completamente ebrios representaban el 20 o el 30% en los controles de los primeros años, mientras que en 2012 fueron el 45% de los sancionados. Algunos manejaban al borde del coma etílico, al que se ingresa al llegar a los 4 gramos.

Según informó en 2011 la Agencia Nacional de Seguridad Vial, el 55% de los 140.000 jóvenes que sale a bailar cada fin de semana en el Gran San Miguel lo hace en su vehículo. Poco más de la mitad de los que salen regularmente consume alcohol. Las estadísticas indican que los accidentes de tránsito son la primera causa de muerte de la franja etaria que va entre los 18 y 25 años.

Como se sabe, el consumo en exceso de bebidas alcohólicas provoca la disminución del campo visual; los movimientos se hacen menos precisos; se dificulta la acomodación de la vista a los cambios de luz; se calcula mal la distancia; disminuyen los reflejos y aumenta el tiempo de reacción; se produce una sensación de invulnerabilidad y se subestima el riesgo.

Si los índices se han incrementado, significa que con los controles no basta para modificar un hábito arraigado, que las multas en dinero efectivo deberían ser más onerosas para desalentar a los infractores y deberían aplicarse tal vez sin excepción en la primera vuelta. La realidad está reflejando la ausencia de una política de Estado integral que contemple la concientización a través de la educación inicial y secundaria de temas referidos a la salud y al daño que provocan los excesos de la alimentación y la bebida. La experiencia demuestra que la prohibición sin educación conduce a una violación mayor de la ley.

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