06 Mayo 2012 Seguir en 
Hacía bastante tiempo que un sábado no era un sábado. Los feriados, fines de semana largos y los puentes rompieron la cotidianidad. Hasta ayer, cuando las calles del centro estuvieron atestadas por la mañana, y apenas movidas pero ruidosas por la tarde.
El fútbol, los exabruptos que no terminan de decantar, el humo en la plaza San Martín y la Luna en su esplendor, aunque posiblemente tapada por nubes (en eso estábamos anoche, esperando saber si la veríamos), fueron temas de charlas, elucubraciones y bromas.
Este oficio tiene su costado rutinario, mecánico. Pero ningún día es igual a otro, aunque pueden parecerse mucho. Por suerte, últimamente, la monotonía se alejó de la redacción y cada jornada llega repleta de sorpresas, expectativas y esperanzas. Los sábados, el vértigo suele disminuir, y son otras las cosas con las que se juegan. Ayer fue sábado, otra vez.
El fútbol, los exabruptos que no terminan de decantar, el humo en la plaza San Martín y la Luna en su esplendor, aunque posiblemente tapada por nubes (en eso estábamos anoche, esperando saber si la veríamos), fueron temas de charlas, elucubraciones y bromas.
Este oficio tiene su costado rutinario, mecánico. Pero ningún día es igual a otro, aunque pueden parecerse mucho. Por suerte, últimamente, la monotonía se alejó de la redacción y cada jornada llega repleta de sorpresas, expectativas y esperanzas. Los sábados, el vértigo suele disminuir, y son otras las cosas con las que se juegan. Ayer fue sábado, otra vez.







