El Señor Estado y la Señora Pobreza

Un hombre muy pobre y su pequeño hijo, naturalmente más pobre que el padre, encontraron unos sujetos que transportaban un cuerpo. ¿Adónde llevan ese muerto? -preguntó el niño con la única neurona que no había sido disminuida por el hambre. "Lo llevamos a un lugar donde no hay nada de comer, ni de beber. A un lugar donde no hay tejado, ni fuego, ni tapices, ni esteras", le contestaron. "Entonces -dijo el niño-, lo están llevando a mi casa".

El Círculo de los mentirosos, de Jean-Claude Carrière. Al Gobierno de José Alperovich le gusta hacerlo parecer como una especie de múltiple choice. Uno muy particular, en el que anota las más básicas funciones administrativas como grandes aciertos. Paz social por pago de sueldos al día. Reactivación de la obra pública por pavimento y cordón cuneta. Revalorización del Estado por servicios públicos sin paro, pero aún precarios. Y después, como si se tratara de un asunto equiparable a los meros trámites anteriores, dice que la contrapartida es el "déficit" en la política de seguridad. En esa área siempre te va a ir mal, explica un funcionario de primera línea. Si te va más o menos, te está yendo bien, añade, con oximorones barriales.

Pero fracasar en la seguridad para los ciudadanos, salvo en la galaxia alperovichista, no es un "déficit". Por el contrario, son decenas de tucumanos muertos. De lápidas con nombre y apellido. De comprovincianos a los que les robaron todo lo que eran. Y todo lo que podían llegar a ser.

Roque Romano (2004, asesinado), Lauro Cabrera (2004, asesinado), Jackeline Gramajo (2005, violada y asesinada), David Acuña (2005, asaltado y asesinado), Paulina Lebbos (2006, secuestrada y asesinada), Roberto Campbell (2006, asesinado), Silvia Castillo de Roselló (2009, asaltada y asesinada), Maximiliano Ibarra (2010, atropellado y abandonado sin vida), Javier Chocobar (2009, gatillo fácil), Elda Hovannes (2011, asaltada y asesinada), Iván Sénneke (2011, asaltado y asesinado), Marcela Aragón (2011, asaltada y asesinada), Cecilia Britos (2011, violada y asesinada), Constanza González (2012, asaltada y asesinada), Fabián Ibarra (2012, gatillo fácil) y Sergio Ismael Lucena (2012, gatillo fácil), Marcela Chiaro (2012, desaparecida), Gonzalo Barrionuevo (2012, asaltado y asesinado)...

¿Cuántos más hacen falta agregar a esta lista que publicó el columnista Federico Türpe? O sea, para el Gobierno tucumano, ¿cuál es la cifra para recién escandalizarse y actuar? Porque, básicamente, una cosa es fracasar y otra es querer fracasar. En eso consiste, por ejemplo, comprar (nunca por licitación pública) tecnología y móviles que ni parecen ser tantos ni mucho menos tan eficaces como se publicita. Y, a la vez, no querer reglamentar la Ley de Protección de Testigos, cosa que no cuesta plata y que, sin embargo, sigue siendo gratuitamente inaplicable.

Y está el asesinato de Mercedes Figueroa. Seis años. Añitos...

Lo que equivocan

La violencia del crimen recrudece. Los asesinatos en ocasión de robo son más frecuentes. Y si se incluye a las víctimas heridas que logran sobrevivir (como el caso de Maximiliano Maldonado -2012, herido de bala en la cabeza-), la situación adquiere dimensiones pavorosas.

Ese empeoramiento del delito es consecuencia de la desigualdad. No de la pobreza: no hay estudio serio ni digno que diga que a más pobreza sigue más inseguridad. En cambio, sí los hay para probar que el escarnio es mayor cuando es más ancha la brecha entre los más ricos y los más pobres.

Ya en 2001, en su Seminario sobre Cobertura de Políticas Sociales, el Instituto Interamericano para el Desarrollo Económico y Social (Indes) mostraba que inequidad y recrudecimiento del delito van de la mano. La primera se mide con un coeficiente (el de Gini), que va de 0 (la igualdad máxima) a 1 (la desigualdad absoluta). Lo segundo surge de la comprobación estadística de que a medida que el índice se despega del 0 y se corre hacia el 1, los ilícitos son más cruentos. Arrancan con el hurto, en 0,1, y van pasando al robo, y al robo a mano armada, y al homicidio en ocasión de robo...

Pero en la Argentina, al Índice de Gini lo elabora el Indec. Que jamás desautorizará, aunque la realidad demuestre lo contrario a punta de pistola, el canon oficial de la redistribución de la riqueza.

Es decir, a la gente la están matando porque el diagnóstico de los gobernantes es errado. Porque la palabra oficial, que hace y que también manda no hacer, sólo dice disparates de propaganda hueca.

Ahí está el asesinato de Mercedes Figueroa. Cinco puñaladas... Y la respuesta del alperovichismo.

Lo que dicen

Para el alperovichismo, la responsabilidad por la muerte de la niña le cabe a su familia pobre.

"No podemos tener al señor Estado a la par de una familia que está borracha, y permite que una criatura de seis años esté sola", manifestó la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich, presidenta provisional de la Cámara Alta y titular del PJ de Tucumán. Es, objetivamente, una de las posiciones más graves que ha asumido el oficialismo desde que gobierna la provincia.

Después, ella, que dictó sentencia desde la Legislatura y como representante del pueblo, se disculpó como madre y abuela. Pero al menos se disculpó. La procesión de tunantes arrodillados que la acompaña, y que defendió lo indefendible, no se retractó. Ellos, los que engrosan el alperovichismo, ya tienen tantas agachadas que no deben recordar cuál es la posición para reconocer dignamente el error...

Lo que hacen

Justamente, lo que interesa no es lo que el oficialismo dice sino lo que hace. Porque el alperovichismo es, por definición, un histórico desdecirse. Que vendan el patrimonio arquitectónico; que no lo vendan. Que destituyan al vocal de la Corte René Goane porque fue fiscal de Estado durante el Proceso; que no lo depongan. Que asfalten los pulmones de manzana; que no los pavimenten. Que nombren a Francisco Sassi Colombres vocal de la Corte, aunque fue fiscal de Estado durante el Proceso; que no lo hagan jurar. Que cambien el Código Tributario; que no dejen los cambios en pie... Para el caso, buena parte del núcleo duro del alperovichismo era radical y ahora está afiliado al PJ. Y aunque se dice peronista, tiene más contadores que compañeros.

Lo que importa es lo que el alperovichismo hace cuando dice. Y de su manifestación de desprecio a los pobres de los que tanto se ha servido, a los que tanto ha usado, surge su necesidad por tratar de demostrar que no tiene nada que ver con ellos. Por eso dice que el Estado, formalmente, no puede estar al lado de ellos para resolver el asesinato de una nena: son borrachos. Pero el alperovichismo tiene todo que ver con los pobres. Y está al lado de ellos con su informal dádiva clientelista.

Lo que prolongan

Ya han pasado ocho años. Y $ 60.000 millones en presupuestos públicos: en plata declarada. Y sólo hay asfalto y cordón cuneta. Las rutas, las escuelas y los hospitales (y hasta el asfalto y el cordón cuneta que presentan últimamente), no salió de la plata provincial sino de los recursos nacionales. Y a un altísimo costo: además del alineamiento "incondicional", Tucumán ha resignado completamente su federalismo. El alperovichismo conoce de estos trueques onerosos: a los propios tucumanos, les ha canjeado su institucionalidad por asfalto. Y nada más que asfalto.

La pobreza estructural, en consecuencia, es también obra del alperovichismo.

Por caso, dos de los tres detenidos por el asesinato de Mercedes tienen 17 y 13 años. Es decir, tenían 8 y 4 años, respectivamente, cuando el alperovichismo asumió la gobernación. O sea, el alimento de presente y de futuro que vienen comiendo desde que tienen uso de razón es marca "No podemos tener al señor Estado a la par de una familia que está borracha". Para ellos, esa no es una proclama: es una ratificación. La reafirmación de la más clara política de Estado alperovichista.

Lo que ignoran

Lo que el Gobierno tucumano también hace con su decir es determinar que los pobres carecen hasta de un estatuto social digno: son borrachos. Y, en calidad de tales, no se los puede ayudar. Pobres, además, hubo siempre. Porque, al contrario de lo que se creía, la evolución natural es varias veces más veloz que la evolución social.

Con esas pautas, el alperovichismo no hace más que demostrar, a la vez, que sus miembros miran la provincia desde el prejuicio porque no la conocen. La democracia pavimentadora, con su circo de recorridas diarias y coro estable de aplaudidores itinerantes, sólo llega hasta donde alcanza el hormigón. Más allá, en la verdadera marginalidad, el alperovichismo no se ensucia los zapatos. Los tacos, tampoco.

Por ende, su visión sobre la realidad es, necesariamente, distinta a la del común de los ciudadanos. Si recrudeció la crítica de la opinión pública respecto de las declaraciones de la senadora fue porque la brecha entre la realidad de los que gobiernan y la de los gobernados es ya insalvable.

Lo que demuestran

Finalmente, lo que el oficialismo tucumano hace con su desdén hacia los pobres es no desafinar con la partitura que le remite el kirchnerismo. La batuta del Indec ordena que en Tucumán casi no hay pobres. Sólo un 7%. Apenas 59.000 comprovincianos. (Cartoneros, mendigos, cirujas y niños de la calle sólo buscan crear sensación de pauperidad. Son infiltrados de la derecha gorila, que paradójicamente piensa de los pobres cosas muy parecidas a las proclamadas por el movimiento nacional y popular tucumano).

Si no hay pobres, el barrio de pobres donde mataron a Mercedes, en realidad, no existe. La responsabilidad del Estado, en consecuencia, es ninguna.

Si no quieren a los pobres, por lo menos que les tengan respeto. Porque ninguna riqueza es inocente de la pobreza que genera. Ninguna está limpia de culpa y cargo respecto de los tucumanos que viven en lugares donde no hay nada de comer, ni de beber. Donde no hay tejado, ni fuego, ni tapices, ni esteras. Donde todo se parece a ese lugar al que llevaron a Mercedes Figueroa. Seis años. Añitos. Niña. "Única privilegiada de la nueva Argentina", según Eva Perón. Cinco puñaladas. Tucumán.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios