La propiedad intelectual y la piratería

04 Mayo 2012
La creación artística o la invención en diversos campos son actividades inherentes al ser humano que busca distinguirse de los otros, registrando su autoría. De ese modo, puede proteger su obra de un plagio o de una apropiación ilegal. En el año 2000 la Asamblea General de las Naciones Unidas instauró la fecha del 26 de abril como Día Mundial de la Propiedad Intelectual. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) es el organismo del sistema de organizaciones de las Naciones Unidas dedicado al uso de la propiedad intelectual, cuyo objetivo es además estimular la innovación y la creatividad.

Según la OMPI, la propiedad intelectual tiene que ver con las creaciones de la mente: las invenciones, las obras literarias y artísticas, los símbolos, los nombres, las imágenes y los dibujos y modelos empleados en el comercio. La propiedad intelectual se divide en dos categorías: la industrial, que incluye las invenciones, patentes, marcas, dibujos y modelos industriales e indicaciones geográficas de procedencia; y el derecho de autor, que abarca las obras literarias y artísticas: novelas, poemarios y obras teatro y musicales, películas, dibujos, pinturas, fotografías, esculturas, diseños arquitectónicos. Los derechos relacionados con el derecho de autor son los derechos de los artistas intérpretes y ejecutantes sobre sus interpretaciones y ejecuciones, los derechos de los productores de fonogramas sobre sus grabaciones y los derechos de los organismos de radiodifusión sobre sus programas de radio y de televisión.

En las últimas décadas, especialmente en nuestro país, el derecho de la propiedad intelectual está íntimamente ligado con la piratería, es decir el delito contra la propiedad física o intelectual, robo o contrabando. En ocasión de la celebración del 26 de abril pasado, la Business Software Alliance informó que en la Argentina, el 72% de los programas de software son ilegales, lo que representa pérdidas cercanas a los 438 millones de dólares al año. También alertó que el trabajo de los músicos, los editores, los desarrolladores de software, los directores de cine y televisión, e incluso el de los científicos, se ve afectado diariamente por las violaciones a la propiedad intelectual.

A través de internet, el pillaje informático se generalizó y llevó prácticamente a la bancarrota a la industria musical y cinematográfica, que se encuentran buscando nuevos caminos para proteger los derechos. En nuestra vida cotidiana, el fotocopiado íntegro de obras de diversos géneros se ha convertido en nuestra sociedad como algo normal, hasta el punto que desde hace muchos años se realiza públicamente. El ciudadano y el comerciante perjudican no sólo al mercado editorial sino también al mismo autor, cuya obra es la materia prima; sin él, ningún negocio del tipo sería posible. Paradójicamente, en la cadena de comercialización, el creador es el que menos cobra, en particular, en nuestro país.

En Tucumán, basta recorrer el microcentro o las ferias para constatar la venta ilegal de CDs y DVDs, que se realiza con total libertad por la ausencia no sólo de control de la autoridad, sino de una decisión política que permita erradicar la piratería. Esta subsiste también porque hay ciudadanos que fomentan la ilegalidad adquiriendo estos productos truchos. Si no hubiese comprador y el Estado hiciese cumplir la ley a rajatabla la piratería desaparecería. Los intereses creados deben ser muy poderosos para que ello no suceda.

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