02 Mayo 2012 Seguir en 
Una de las cosas más difíciles para cualquier ser humano es reconocer sus errores y permitirse una nueva oportunidad. Para los otros tampoco es fácil perdonar y darles a los que se equivocan la posibilidad de rehabilitarse. Y ello es aún más complejo cuando el mal paso tiene que ver con un delito o un crimen. Una vez que el castigo ha sido purgado viene lo más arduo para ambas partes: la reinserción social.
En nuestra edición del domingo contamos la historia de Ariel, un hombre de 36 años, que estuvo cuatro años en el penal de Villa Urquiza, acusado de homicidio simple. Allí rescató las técnicas de soldadura eléctrica que aprendió en el taller de sus hermanos, cuando se iniciaba laboralmente. En la prisión, también trabajó en la dirección general, sirviendo café, cocinando o haciendo mandados. Luego, en el Patronato de Internos y Liberados, su capacitación se sustentó en el programa de reinserción laboral. "Controlaban e informaban todo mi desempeño: si estaba presente o si faltaba. Fue empezar de cero cuando la calle estaba difícil", le contó a un periodista de nuestro diario.
El Patronato tiene por misión contribuir a la disminución de la criminalidad y reincidencia, sobre la base de la rehabilitación moral, la asistencia material temporaria y la readaptación de internos y liberados atendiendo a la personalidad y necesidad de cada uno. Cuidar y proteger a aquellos reclusos en situación condicional, de acuerdo con lo dispuesto en el art. 13, inc. 5) del Código Penal. Procurarles trabajo a los liberados y condenados cuyas penas se ejecuten condicionalmente, de acuerdo con el art. 26 del Código Penal. Facilitarles los medios imprescindibles para su traslado a los lugares en que se propongan trabajar o residir, cuando se demuestre la realidad de este propósito. Mantener la comunicación con los familiares de los condenados a fin de brindarles debida asistencia, y velar por el cumplimiento del art. 11 del Código Penal. Según la directora de la institución, en general, se trata de personas que tienen baja instrucción académica o no tienen formación educativa, vivieron de changas o aprendieron un oficio frente a sus posibilidades.
Salir de la cárcel y reinsertarse no fue fácil para Ariel. Tres años después de lograr su libertad definitiva, fue distinguido como emprendedor destacado de la provincia y a nivel nacional. "Recibí el apoyo de mucha gente que interpretó mi caso como un accidente. Y lo siguen tomando así. Aunque salir de ahí (el penal) fue bastante difícil", dijo Gracias al Patronato y a la Fundación Impulsar, le otorgaron un crédito que le posibilitó proyectar su propio emprendimiento.
La educación es el proceso a través del cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar. A través de la socialización los individuos aprenden un repertorio de normas, valores y formas de percibir la realidad, que los dotan de las capacidades necesarias para desempeñarse satisfactoriamente en la interacción social.
Nos parece importante en ese sentido la tarea que lleva adelante el Patronato. En la medida que los reclusos tengan la posibilidad de aprender un oficio, de alfabetizarse y de estudiar se estará dando un gran paso para su rehabilitación como seres humanos. La educación es liberadora y es fundamental para que el hombre construya su propia dignidad y su destino.
En nuestra edición del domingo contamos la historia de Ariel, un hombre de 36 años, que estuvo cuatro años en el penal de Villa Urquiza, acusado de homicidio simple. Allí rescató las técnicas de soldadura eléctrica que aprendió en el taller de sus hermanos, cuando se iniciaba laboralmente. En la prisión, también trabajó en la dirección general, sirviendo café, cocinando o haciendo mandados. Luego, en el Patronato de Internos y Liberados, su capacitación se sustentó en el programa de reinserción laboral. "Controlaban e informaban todo mi desempeño: si estaba presente o si faltaba. Fue empezar de cero cuando la calle estaba difícil", le contó a un periodista de nuestro diario.
El Patronato tiene por misión contribuir a la disminución de la criminalidad y reincidencia, sobre la base de la rehabilitación moral, la asistencia material temporaria y la readaptación de internos y liberados atendiendo a la personalidad y necesidad de cada uno. Cuidar y proteger a aquellos reclusos en situación condicional, de acuerdo con lo dispuesto en el art. 13, inc. 5) del Código Penal. Procurarles trabajo a los liberados y condenados cuyas penas se ejecuten condicionalmente, de acuerdo con el art. 26 del Código Penal. Facilitarles los medios imprescindibles para su traslado a los lugares en que se propongan trabajar o residir, cuando se demuestre la realidad de este propósito. Mantener la comunicación con los familiares de los condenados a fin de brindarles debida asistencia, y velar por el cumplimiento del art. 11 del Código Penal. Según la directora de la institución, en general, se trata de personas que tienen baja instrucción académica o no tienen formación educativa, vivieron de changas o aprendieron un oficio frente a sus posibilidades.
Salir de la cárcel y reinsertarse no fue fácil para Ariel. Tres años después de lograr su libertad definitiva, fue distinguido como emprendedor destacado de la provincia y a nivel nacional. "Recibí el apoyo de mucha gente que interpretó mi caso como un accidente. Y lo siguen tomando así. Aunque salir de ahí (el penal) fue bastante difícil", dijo Gracias al Patronato y a la Fundación Impulsar, le otorgaron un crédito que le posibilitó proyectar su propio emprendimiento.
La educación es el proceso a través del cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar. A través de la socialización los individuos aprenden un repertorio de normas, valores y formas de percibir la realidad, que los dotan de las capacidades necesarias para desempeñarse satisfactoriamente en la interacción social.
Nos parece importante en ese sentido la tarea que lleva adelante el Patronato. En la medida que los reclusos tengan la posibilidad de aprender un oficio, de alfabetizarse y de estudiar se estará dando un gran paso para su rehabilitación como seres humanos. La educación es liberadora y es fundamental para que el hombre construya su propia dignidad y su destino.







