Basta de muertes, hay que hacer algo

Guillermo Monti
Por Guillermo Monti 29 Abril 2012
A veces, cada vez más seguido, perdemos el sentido de lo que significa la vida. Una vida. La de Gonzalo Barrionuevo, por ejemplo, asesinado en Villa Alem el jueves. La repetición de pésimas noticias provoca la banalización del hecho. Para resignificar el espanto del Holocausto, el filósofo Primo Levi acuñó un concepto imprescindible: los nazis no mataron seis millones de judíos; mataron un judío, y volvieron a matarlo seis millones de veces. Es la resignificación de la vida como el más absoluto e intocable de los valores.

Gonzalo, Elda Hovannes, Marcela Aragón, Iván Senneke, Constanza González. Podríamos llenar páginas y páginas. Los muertos tienen nombres, apellidos, historias, todas abruptamente interrumpidas. No son una estadística. Referirse a ellos en esos términos es la más grosera de las faltas de respeto.

No hay muchos ni pocos crímenes. Hay crímenes, víctimas, familias desgarradas.

Hablemos también de los victimarios, de los condenados sociales, de los marginales, de los excluidos, de la carne de cañón de los apologistas de la mano dura. De los enceguecidos por un par de zapatillas y una mochila. No de los asesinos de Gonzalo, quienes deberán pagar por lo que hicieron. Su potencial reinserción en la sociedad es materia prima para otra columna porque juegan elementos de extrema complejidad.

Hablemos de los innumerables chicos y no tan chicos que patrullan la ciudad en moto, a pie, en grupos, solos. Los que calzan un arma de fuego o una punta. Los que sienten que no tienen nada que perder. Son los que hay que contener ya mismo. Ahora. No puede perderse tiempo. Son los que necesitan un rescate emocional y, básicamente, un proyecto de vida.
LA GACETA publicó ayer "Las claves para prevenir un arrebato". No es otra cosa que una guía de supervivencia para caminar por San Miguel de Tucumán. Por el centro, por los barrios, a cualquier hora. En un debate serio acerca de una política de seguridad, normas como la de las 4 AM suena a broma de mal gusto.

Gonzalo no está más. La pregunta es: ¿que se está haciendo en Tucumán para que los potenciales victimarios encuentren una salida para su vida? Vida. Esa es la palabra clave.

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