Bariloche y una cuenta pendiente

Adriana Cecilia, Susana Sueldo, Viviana Matar, Viviana Andole, Mirta Ruiz y Cristina Cortez. Adriana Cecilia, Susana Sueldo, Viviana Matar, Viviana Andole, Mirta Ruiz y Cristina Cortez.
29 Abril 2012
Esta vez no sonó el timbre ni la campana. Pero no pudieron evitar los regaños de una conserje que puso el grito en el cielo porque no podía limpiar ni cerrar el colegio con ellas dando vueltas por ahí. Les aclaró: "no sé lo que vienen a hacer, pero tienen 20 minutos". Nada más, sin concesiones ni privilegios de graduadas. Después cerraba la puerta y se quedaban todas a pasar la noche (periodista incluida). Obedientes se sentaron en los pupitres para apurar la memoria. Recordar las anécdotas más jugosas y las vivencias que las transformaron en las amigas de hoy. Las protagonistas de la promo 79 del Guillermina ya pasaron los 18 años, pero el animado parloteo que reverbera en el aula provoca imaginar que los recreos no habrán sido muy diferentes. Con el jumper azul, la traba francesa marrón, los aros de perla y el ruedo a la rodilla.

"¿Te acordás quién se sentaba ahí?" Las anécdotas comienzan a aparecer y se enciman. "¡Sí! La Madre Carmen que enseñaba Biología y se ponía los anteojos de sol cuando tomaba examen, entonces no podíamos adivinar a quién controlaba", recuerdan. "¿Te acordás el viaje a Río de Janeiro?", dice otra. "¡Sí!", gritan ferozmente: "¡cuando vimos a las monjas meterse en el mar!" Una revelación, aclaran, porque hasta ese momento suponían que las religiosas nunca prescindían del hábito.
El colegio, los recreos y la Madre Jesús ocupan parte del tiempo. "Era una verdadera madre, igual que la madre Evangelina", coinciden. Miran el aula. Ya tienen que irse. Está ordenada, llena de afiches de colores, el pizarrón verde inmaculado. "La verdad es que disfrutamos mucho", se ponen melancólicas.

Durante estos 33 años de egresadas siguieron en contacto. Un poco más, un poco menos, pero lo suficiente para saber qué fue de la vida de cada una. "La mayoría no cambió, seguimos con el mismo espíritu". "Yo sí", retruca una, y se justifica: "durante el colegio yo no existía, no salía, y si iba a bailar hacía la plancha. Con los años me transformé", dice mientras revolotea la melena platinada. "Es verdad, ahora ella es nuestra vedette", concluyen entre carcajadas.

Terminan los 20 minutos, la conserje tiene cara de pocos amigos. "Sabés -encara una como quien quiere una última confesión- cuando viajamos a Bariloche en quinto año nunca entramos a un boliche, sólo hicimos las excursiones". Silencio. "En serio, a las 10 de la anoche ya estábamos todas en la cama durmiendo". ¿Eso suena a cuenta pendiente?  

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