Todo mitin del peronismo, especialmente cuando está en el poder, es una invitación a una búsqueda entrelíneas del sentido de la movilización, siempre masiva. Ayer, la presidenta, Cristina Fernández, convocó a la unidad y a la organización. Se puede entender que fue un llamado general a la dirigencia y dirigidos de todo el país, con lo que la convocatoria sería a la unidad nacional. Bien, un estadista no puede perder esa mira. Si el convite fue a la fuerza política que la llevó al poder y la sostiene, se debe pensar que está alertando que vienen tiempos difíciles y que sólo juntos podrán sobrellevarlos. También, la jefa de Estado deslizó una frase vinculada más que nada a la desaparición de su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner, cuando dijo: "no somos eternos". ¿Quiso decir que ella no es la 'Cristina eterna' que promueven los 'paladares negros' o neocristinistas cuando defienden una reforma para incluir la re-reelección? Si la respuesta es positiva -aunque nadie que se acostumbra al poder lo quiere abandonar-, más de uno debió reflexionar que ya es hora de imaginar la sucesión, aunque esté lejos. Si Cristina no es, de seguro será alguien que ella elija. ¿Quién? En ese sentido, hay que apuntar a otras partes de su discurso. Por ejemplo, cuando habló de la juventud, de la militancia y de que fue "La Cámpora" y el "Movimiento Evita" los que organizaron el acto. ¿Una sugerencia para que se mire a estos sectores a la hora de pensar en un sucesor? Si es así, la Presidenta le habría puesto fecha de fin al cristinismo: 2015. Pero falta mucho.
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