Suele repetirse que siempre hay que estar preparados para recibir visitas. Más aún, en la provincia que se mueve cuando quiere, como quiere y porque quiere una sola persona: José Alperovich.
Aún se preguntan en la Casa de Gobierno a qué vino ese hombre de apellido difícil de pronunciar. Alfredo Scoccimarro llegó junto a Juan Manzur el viernes y almorzó con Alperovich. El vocero presidencial se paseó con tanto hermetismo por Tucumán que abrió un sinfín de especulaciones. Especialmente, porque de la reunión participaron Alperovich, el todoterreno Jorge Gassenbauer y, ante un llamado, el mismísimo intendente de la capital, Domingo Amaya. Pero el "Corcho" no vino, precisamente, en plan de descanso. Cuentan aquellos que husmean por los pasillos del poder que el cristinista trasladó un pedido elegante para que tres empresarios se bajen de la licitación por señales de TV digital en Tucumán.
En noviembre del año pasado, hubo tres ofertas para invertir en el negocio de la televisión digital abierta, pese a que había cuatro señales destinadas a instituciones con fines de lucro. Pero el proceso (hay 220 canales para todo el país) está suspendido y Tucumán es una de las pocas provincias que llegó siquiera a abrir los sobres con las propuestas. Entre los oferentes, deslizan, hubo un empresario de buena relación con el amayismo (Luis Garretón); otro, con el alperovichismo (Camilo López); y un tercero, afín al Grupo Vila. Los tres, además, interesados en la única señal con posibilidad de transmitir en teléfonos celulares inteligentes. Scoccimarro estaba especialmente preocupado, según cuentan, en que Garretón desista de su postulación. Con los otros, habría dicho a los comensales, la tarea sería más sencilla. De ahí el llamado para que Amaya se sume a la cita. Scoccimarro, susurran, regresó a Buenos Aires con lo que vino a buscar.
Alperovich recibió el lunes otra visita. El presidente del Concejo Deliberante, Ramón Cano, y el titular del bloque del PJ, Esteban Dumit, se toparon con un gobernador renovado físicamente tras sus largas caminatas por Nueva York. Se puso el traje de intendente y les pidió lo opuesto a lo que había sostenido antes del vuelo a Estados Unidos: que le den un respiro a la ciudad y le devuelvan los pulmones de manzana y que, con urgencia, lleven el cospel a $ 2,50. Al parecer, el "no es momento" para subir tarifas no tuvo lugar para regresar en las maletas. Amaya -que a esa reunión no fue invitado- sabe que no tiene margen para esquivar el tarifazo y que, finalmente, debutará poniendo la firma a una suba en el precio del boleto tras ocho años de gestión. Es consciente de que, si no lo hace, no habrá vuelta atrás en la relación con el alperovichismo.
Pero así como hay visitas que llegan sin invitación, están las otras que suspenden, repentinamente, sus compromisos. Es el caso del ministro de Salud nacional y licenciado vicegobernador. Manzur lanzó el martes en Jujuy la semana de la vacunación y pensaba hacer lo propio ayer en esta provincia. Pero siguió de largo hacia su despacho en Buenos Aires, sugieren, para evitar las incómodas preguntas sobre su envidiable patrimonio, a partir de los avances que registran las pesquisas en la Justicia Federal.
En el tren de las esperas en vano, en Tafí del Valle andan preocupados por el tiempo que lleva Alperovich sin visitarlos. Igual, sienten como si estuviera con ellos todo el tiempo: desde que se plantaron contra la obra del hotel en infracción y reclamaron su demolición, los fondos para obras públicas se apunan antes de llegar al Monumento al Indio, según rezongan.
Es que en esta provincia hasta las visitas, los faltazos y los abandonos se dan cuando quiere, como quiere y porque quiere, la misma persona.
Aún se preguntan en la Casa de Gobierno a qué vino ese hombre de apellido difícil de pronunciar. Alfredo Scoccimarro llegó junto a Juan Manzur el viernes y almorzó con Alperovich. El vocero presidencial se paseó con tanto hermetismo por Tucumán que abrió un sinfín de especulaciones. Especialmente, porque de la reunión participaron Alperovich, el todoterreno Jorge Gassenbauer y, ante un llamado, el mismísimo intendente de la capital, Domingo Amaya. Pero el "Corcho" no vino, precisamente, en plan de descanso. Cuentan aquellos que husmean por los pasillos del poder que el cristinista trasladó un pedido elegante para que tres empresarios se bajen de la licitación por señales de TV digital en Tucumán.
En noviembre del año pasado, hubo tres ofertas para invertir en el negocio de la televisión digital abierta, pese a que había cuatro señales destinadas a instituciones con fines de lucro. Pero el proceso (hay 220 canales para todo el país) está suspendido y Tucumán es una de las pocas provincias que llegó siquiera a abrir los sobres con las propuestas. Entre los oferentes, deslizan, hubo un empresario de buena relación con el amayismo (Luis Garretón); otro, con el alperovichismo (Camilo López); y un tercero, afín al Grupo Vila. Los tres, además, interesados en la única señal con posibilidad de transmitir en teléfonos celulares inteligentes. Scoccimarro estaba especialmente preocupado, según cuentan, en que Garretón desista de su postulación. Con los otros, habría dicho a los comensales, la tarea sería más sencilla. De ahí el llamado para que Amaya se sume a la cita. Scoccimarro, susurran, regresó a Buenos Aires con lo que vino a buscar.
Alperovich recibió el lunes otra visita. El presidente del Concejo Deliberante, Ramón Cano, y el titular del bloque del PJ, Esteban Dumit, se toparon con un gobernador renovado físicamente tras sus largas caminatas por Nueva York. Se puso el traje de intendente y les pidió lo opuesto a lo que había sostenido antes del vuelo a Estados Unidos: que le den un respiro a la ciudad y le devuelvan los pulmones de manzana y que, con urgencia, lleven el cospel a $ 2,50. Al parecer, el "no es momento" para subir tarifas no tuvo lugar para regresar en las maletas. Amaya -que a esa reunión no fue invitado- sabe que no tiene margen para esquivar el tarifazo y que, finalmente, debutará poniendo la firma a una suba en el precio del boleto tras ocho años de gestión. Es consciente de que, si no lo hace, no habrá vuelta atrás en la relación con el alperovichismo.
Pero así como hay visitas que llegan sin invitación, están las otras que suspenden, repentinamente, sus compromisos. Es el caso del ministro de Salud nacional y licenciado vicegobernador. Manzur lanzó el martes en Jujuy la semana de la vacunación y pensaba hacer lo propio ayer en esta provincia. Pero siguió de largo hacia su despacho en Buenos Aires, sugieren, para evitar las incómodas preguntas sobre su envidiable patrimonio, a partir de los avances que registran las pesquisas en la Justicia Federal.
En el tren de las esperas en vano, en Tafí del Valle andan preocupados por el tiempo que lleva Alperovich sin visitarlos. Igual, sienten como si estuviera con ellos todo el tiempo: desde que se plantaron contra la obra del hotel en infracción y reclamaron su demolición, los fondos para obras públicas se apunan antes de llegar al Monumento al Indio, según rezongan.
Es que en esta provincia hasta las visitas, los faltazos y los abandonos se dan cuando quiere, como quiere y porque quiere, la misma persona.







