La nueva inquilina del poder

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 25 Abril 2012
Técnicamente, en el decreto gubernamental aparece como "Amortización de la Deuda Interna a Largo Plazo". Y no es más que un atajo administrativo-financiero para que Tucumán deje de tener ese mote de provincia en default. Claro que para alcanzar definitivamente esa categoría falta un trecho, cuya extensión dependerá de la conducta fiscal de la gestión del gobernador José Alperovich.

El Poder Ejecutivo ha echado mano de unos $ 20 millones de los únicos títulos que tiene en cartera: los bonos de Conversión y Saneamiento de Empréstitos Públicos. No son otra cosa que la tercera emisión de los Consadep. Con esos bonos, se trata de calmar a los viejos tenedores de los Eurobonos, heredados de la administración de Antonio Domingo Bussi. Esos que recorrieron el mundo (Luxemburgo o Nueva York, entre otros mercados), pero que al final terminaron en la misma bolsa que otros títulos defaulteados por el Gobierno nacional. Es la pesada herencia que denunció en su momento Alperovich, el mismo que siendo legislador los vio nacer. Ese remanente es como una mancha de aceite en la ropa; cuesta sacársela de encima. Perdura. Es y será deuda pública.

El endeudamiento del sector público sigue siendo una incógnita y la cifra depende del prisma con que se mire. Hasta mediados del año pasado, la deuda de la provincia ascendía a $ 4.897 millones de acuerdo con los datos recabados por los contadores fiscales del Tribunal de Cuentas. Ante el Gobierno nacional, el Poder Ejecutivo declara unos $ 1.000 millones menos que aquella cifra. Al decir de las autoridades del Ministerio de Economía, la diferencia radica en que los contadores fiscales toman en cuenta la deuda contingente (generada por juicios), que no necesariamente tienen sentencia firme como para ser reclamada inmediatamente para su cancelación. De allí la importancia de que el Estado tenga en cartera títulos públicos a largo plazo. Pero, si el endeudamiento público representa casi un tercio de lo que gasta en un año la Provincia, ¿por qué el Gobierno no decide cancelarla en el corto plazo? La primera respuesta es que no hay $ 4.000 millones disponibles para cancelarla, más aún cuando algunos funcionarios van reconociendo que ni siquiera les queda algo de los excedentes de los años de vacas gordas (2004-2011). La segunda respuesta está relacionada con el acreedor. Casi el 73% del total de la deuda tucumana tiene como acreedor al Gobierno nacional. En otras palabras, la Casa Rosada no le dará carta blanca para que Alperovich se independice ni financiera ni políticamente del kirchnerismo. Más aún cuando asoma como uno de los posibles presidenciables para la compulsa de 2015. Por eso, Tucumán está casi condenada a ser una de las 13 provincias altamente dependientes del poder central, tal como lo denunció un informe elaborado por la consultora Finsoport.

Alperovich, en consecuencia, tendrá que seguir juntando dinero para pagar la deuda interna. De las financieras y de las otras. En la Casa de Gobierno están muy pendientes de los sondeos que efectúan distintos consultores. La inquilina más reciente de la casa del poder se llama preocupación. El gobernador la instaló en el antedespacho. Ella se encarga de recordarle que el consumo ya no es el mismo que antes y que, en consecuencia, la recaudación puede caer de un momento a otro. También de que hay efervescencia social por la inseguridad. Y, finalmente, esa preocupación se convierte en un espejo que le refleja que su imagen ya no es la misma de aquel gobernador arrasador. Ahora hay figuras del propio riñón que le pueden hacer frente no sólo en las encuestas, sino también en el escenario político que se viene.

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