Todo sigue siendo lo mismo

Por Miguel Velardez 24 Abril 2012
Pueden cambiar el territorio, el clima, la gente, las costumbres, pero en definitiva todo sigue siendo igual, a pesar de que hay más de 3.000 kilómetros de distancia entre una ciudad y otra. Los promotores de las redes de trata de personas actúan de la misma manera, ya sea en Tucumán, Salta, La Rioja o Río Gallegos. Los relatos de las mujeres que cayeron en la telaraña de esos explotadores impunes coinciden en la manera en que se mueven los personeros del submundo de la prostitución.

El sistema funciona aceitadamente, porque todavía quedan nichos de corrupción con un cierto poder policial, político y judicial que están dispuestos a apañarlos. Ya sea por medio de "entregadores" o por un trabajo previo de "inteligencia" propia, los explotadores suelen "marcar" a la chica que les interesa como si fuese una pieza de caza. Después, en un operativo al mejor estilo comando "levantan" a la víctima en un vehículo y, luego, por medio de la violencia hacen que la víctima tome conciencia de su nueva condición de esclava. Para facilitar el traslado de las mujeres, se valen de somníferos y otras drogas. Cuando la víctima recobra su lucidez ya está en manos de regentes de prostíbulos donde la obligan a comenzar a "trabajar" lo antes posible.

Una de las testigos que figura en el expediente del caso Marita Verón y que todavía espera su turno para hablar frente a los jueces describió cómo padeció las torturas dentro de un prostíbulo. "Me golpearon, me hicieron teñir el pelo de rubio, me hicieron rulos y me pusieron un nombre artístico, de fantasía. En la casa de la dueña, yo limpiaba, baldeaba toda la casa, y también me hacían lavar la ropa del hijo. Me pegaban mucho, casi todos los días, porque me pedían que hiciera quinientos o seiscientos pesos por día", agregó.

Un barrio emblemático

¿Es posible que una mujer forzada a ejercer la prostitución pueda ser trasladada a lo largo de ocho provincias, cruzando rutas, peajes, puentes y ríos sin que nadie pueda percatarse de semejante situación?... la respuesta parece ser un sí rotundo. Un colega de Río Gallegos (Tarek Hallar) muestra cómo un barrio llamado "Las Casitas" se convirtió en el sitio emblemático de la prostitución, el juego y el alcohol en Río Gallegos. "Si bien las leyes prohíben la existencia de este tipo de prostíbulos -dice Tarek, en un informe especial para LA GACETA-, 'Las Casitas' siempre contaron con una complicidad social que las defendía como parte de una cultura pueblerina de antaño". El periodista patagónico detalla que Santa Cruz figuró en el mapa policial de los casos más resonantes sobre el secuestro y la desaparición de mujeres en manos de las redes de trata de personas.

Desde el extremo sur del país, Tarek advierte que el cierre del barrio Las Casitas, en 2009, para el ejercicio de la prostitución, no terminó con el problema de fondo. La oferta sexual se trasladó a otras zonas de la ciudad y de manera más dispersa. Algo similar sucedió en Tucumán. Mucho ruido hubo con el cierre de los 17 prostíbulos que había denunciado Susana Trimarco. La madre de Marita Verón señaló uno por uno a los locales que funcionaban en el macrocentro de la capital tucumana y fue un escándalo. Ocurrió hace 40 días y hasta el gobernador, José Alperovich, y el intendente, Domingo Amaya, hablaron del tema en aquel momento. Sin embargo, el tiempo pasó y todo volvió a como era entonces. Desde la propia Fundación María de los Ángeles, que preside Susana Trimarco, admiten con cierta resignación que los prostíbulos volvieron a funcionar. Es que todo parece ser lo mismo: en Tucumán, Salta, La Rioja o Río Gallegos.

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