Querido amigo: llegó el momento de escribir algo para tratar de que el caos no se apodere definitivamente de las ciudades y con la ilusión de que estas palabras no queden en la nada. Entiendo que una moto se transformó en el medio de movilidad ideal en estos tiempos de crisis. Pero no comprendo cuál es la necesidad de jugar con la vida propia y la de otros con las inconductas que se observan todos los días en las calles, avenidas y rutas de la provincia.
El tráfico es insoportable durante gran parte del día y en eso tiene que ver el desorden. Las motos deben transitar por el carril derecho, no por el izquierdo, ni por el medio y mucho menos, por todos al mismo tiempo en una carrera zigzagueante que pone en peligro a todos. Tampoco es sano y, mucho menos educado, que enseñes el dedo medio cada vez que alguien indica esa norma. En 1941 el neurocirujano Hugh Cairns se reventó la cabeza pensando cómo haría para disminuir las lesiones que sufrían los motociclistas del ejército inglés. Inventó el casco, elemento de seguridad que fue rápidamente utilizado en todo el mundo, menos en Tucumán. En estas tierras se le encontró otra función: coderas. Y es así porque muchísimos los llevan colgando como si fueran la canastita de Caperucita Roja.
Las lucecitas que se prenden y se apagan de los vehículos no son adornos y, mucho menos, las del arbolito de Navidad. Se llaman guiño y baliza. El primero sirve para indicar que un vehículo doblará y el otro, para avisar que frenará la marcha. Por eso, cuando las veas, por lo menos frená hasta que el que va adelante termina de hacer su maniobra.
Con casi 40 años es muy poco probable que tenga nuevos hermanos y mucho menos que sea tío. Por eso prefiero que no me llamen así cuando les cuestiono que invadieron la senda peatonal o no respetaron los semáforos. Esas franjas blancas pintadas en la esquina de la calle y el aparato de luces rojas, amarillas y verdes no forman parte del paisaje urbano, sino que se los debe respetar.
Espero que con estas palabras, aunque sea mínimo, empiece a volver el orden de la calle y algunos, aunque sean unos cuantos, recapaciten. Un último favor: si no te gustó, no te acuerdes de mi madre, que ella ni sabía que escribiría estas líneas.
El tráfico es insoportable durante gran parte del día y en eso tiene que ver el desorden. Las motos deben transitar por el carril derecho, no por el izquierdo, ni por el medio y mucho menos, por todos al mismo tiempo en una carrera zigzagueante que pone en peligro a todos. Tampoco es sano y, mucho menos educado, que enseñes el dedo medio cada vez que alguien indica esa norma. En 1941 el neurocirujano Hugh Cairns se reventó la cabeza pensando cómo haría para disminuir las lesiones que sufrían los motociclistas del ejército inglés. Inventó el casco, elemento de seguridad que fue rápidamente utilizado en todo el mundo, menos en Tucumán. En estas tierras se le encontró otra función: coderas. Y es así porque muchísimos los llevan colgando como si fueran la canastita de Caperucita Roja.
Las lucecitas que se prenden y se apagan de los vehículos no son adornos y, mucho menos, las del arbolito de Navidad. Se llaman guiño y baliza. El primero sirve para indicar que un vehículo doblará y el otro, para avisar que frenará la marcha. Por eso, cuando las veas, por lo menos frená hasta que el que va adelante termina de hacer su maniobra.
Con casi 40 años es muy poco probable que tenga nuevos hermanos y mucho menos que sea tío. Por eso prefiero que no me llamen así cuando les cuestiono que invadieron la senda peatonal o no respetaron los semáforos. Esas franjas blancas pintadas en la esquina de la calle y el aparato de luces rojas, amarillas y verdes no forman parte del paisaje urbano, sino que se los debe respetar.
Espero que con estas palabras, aunque sea mínimo, empiece a volver el orden de la calle y algunos, aunque sean unos cuantos, recapaciten. Un último favor: si no te gustó, no te acuerdes de mi madre, que ella ni sabía que escribiría estas líneas.







