Una especie de síndrome de Estocolmo

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 23 Abril 2012
Si cada fin de semana hay al menos 80.000 chicos que salen a divertirse de noche, ¿por qué en el "after masivo" convocado frente a la Casa de Gobierno para protestar contra la ley de las 4am había no más de 1.000 personas? Alguien recordó que en las anteriores protestas realizadas en los últimos seis años pasó lo mismo: mucho enojo en las redes sociales, poca presencia física. Conjeturas: 1) En una sociedad líquida no hay verdadero compromiso, más allá de las palabras. 2) Seguimos esperando que otros (los jueces, los políticos, la prensa) actúen por nosotros y ellos cambien lo que nos molesta. 3) O bien, acaso no nos importa la maldad o bondad de la norma, sino que nos gusta el desafío de enfrentar el peligro de los afters en zonas marginales y jugar al gato y al ratón con esos tristes funcionarios en su papel de solemnes ejecutores de leyes absurdas. Para enojarnos con ellos y criticarlos, lo cual termina formando una malsana parte de la diversión. Como si tuviéramos una especie de síndrome de Estocolmo.

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