Por Ralf E. Krüger - Agencia DPA
La campaña electoral a la Presidencia francesa se ha centrado en los temas clásicos: la seguridad interna, la política migratoria, el proteccionismo o un latente malestar con Europa. En su fase final, se escucharon ultimátums, amenazas y fuertes cruces de palabras. Nicolas Sarkozy quiere evitar, por todos los medios, que el poder vuelva a manos socialistas (lo que ocurriría por primera vez desde 1995), pero las encuestas le atribuyen bajas opciones de hacerse con un segundo mandato.
El socialista François Hollande aparece con ventaja y parece que el último sprint de campaña de Sarkozy no podrá cambiar el resultado. En la lucha por los votos, los candidatos no se andan con remilgos: casi todos los diez aspirantes hacen bandera de un fuerte patriotismo y de un latente escepticismo hacia la Unión Europea.
Sarkozy amenaza con la anulación de una Europa sin fronteras, se queja de la supremacía germana y reclama un papel de liderazgo más activo de Francia en las cuestiones importantes del continente; y Hollande habla de la salida de la cúpula militar de la OTAN, de renegociar el pacto fiscal global si no se aprueba un programa coyuntural y de reestructurar las relaciones bilaterales con Alemania.
Desde la extrema derecha, Marine Le Pen ve a Europa y a la globalización como una amenaza a los "franceses originales", por lo que exige medidas más duras contra la inmigración ilegal y la legal.
Por fuera de esos debates, el candidato que va aumentando sorpresivamente los apoyos es el ex socialista Jean-Luc Mélenchon, que movilizó al sector más a la izquierda del espectro político con su retórica agresiva. Así desplazó al centrista François Bayrou al cuarto lugar y habría superado incluso a Le Pen entre las preferencias de los votantes.
Mélenchon tematiza las preocupaciones y los miedos que amplias capas de la población le tienen al desempleo y a la pobreza, y se enfrenta a los ricos del mundo. Algunas de sus propuestas inspiraron, incluso, al conservador Sarkozy, que abogó por crear un impuesto vinculado a la nacionalidad para los franceses que viven en el extranjero. Pero el eurodiputado verde, Daniel Cohn-Bendit, lo acusa de ser un nostálgico. El "rojo Dany", como se conoce en Francia a uno de los máximos dirigentes del Mayo del '68, asegura que Mélenchon quiere enarbolar las banderas izquierdistas de los años 70.








