Ventajas para pocos

Por Juan Manuel Asis 19 Abril 2012
Los siguientes sucesos, ¿tienen algo en común?: 1- tragedia ferroviaria que desnuda que no hay control estatal sobre ese servicio de transporte masivo. 2- bajada de pulgar a un candidato a magistrado que ganó cinco concursos para ingresar a la Justicia. 3- cambiar al Procurador general de la Nación por "no proteger" a funcionarios. 4- frenar desde el Poder Ejecutivo un aumento del precio del cospel, decisión que es responsabilidad del municipio. 5- legisladores convertidos en constituyentes que habilitan una re-reelección para beneficiarse. Son casos diferentes, pero en ellos subyacen la impunidad, los privilegios, el negociado y la baja calidad institucional. En ellos pululan las "amistades convenientes", las que permiten estos deslices en el poder. Y detrás de todo, más allá de que sean personas con nombre y apellido las que, directa e indirectamente, terminan pagando los platos rotos, lo que se afecta y daña es al sistema.

Sin embargo, la democracia aguanta, tiene el cuero curtido con estas fugas, pero sobrevive. Menos mal, aunque sufra y lamente que los hombres públicos la usufructúen para beneficio propio y no para ocuparse por garantizar el bienestar general o para asegurar la vida en una comunidad organizada (¿atravesamos un nuevo tiempo más egoísta, individualista y menos solidario?) En esta realidad se imponen por fuerza propia consejos tipo "Viejo Vizcacha", más allá del aquel "hacete amigo del juez", apuntando a que las ventajas se sacan aun en forma de migajas estando en el núcleo de poder, en el centro y en la periferia. O sea, "amigate con el poder y te sobrarán privilegios". En ese marco, en los últimos lustros, los más pícaros -sobran los apellidos- entendieron que la única forma de aspirar a un mejor pasar desde el poder es ingresando al peronismo, por donde sea: la puerta de servicio, por la ventana, con otra ideología pero con "razones convincentes" -usted ponga el sentido a las palabras entre comillas-, para propios y extraños. Esa "camiseta" gana y, encima, el peronismo es generoso, amplio, un movimiento con contenido ideológico, con doctrina y verdades. Y también lleno de ismos: así va desde el camporismo al menemismo, al duhaldismo, al kirchnerismo o al cristinismo. No olvidemos el rierismo, el jurismo el mirandismo y el alperovichismo; aquí, del primero al último, hay un abismo político: distintos tiempos, distintas necesidades, distintas formas de ver la acción política y el manejo de las instituciones.

En el fondo se trata de sacar provecho o de imponer pequeñas venganzas y castigos. Sacar provecho para favorecer a TBA, que no hace inversiones porque no se las exigen y el negociado estalla con 51 muertes innecesarias porque unos frenos no funcionan. Sacar provecho y escudarse en el sistema para impedir el ingreso a la Justicia de gente que hace méritos por no ser "simpático" al poder; sacar provecho para poner amigos en cargos que frenen causas judiciales comprometedoras contra hombres del gabinete; sacar provecho del esquema de poder para tratar de posponer el inevitable malestar social en tiempos de crisis; o sacar provecho para perpetuarse en los cargos sin ninguna vergüenza.

La lista puede ser más larga: beneficiar a parientes con cargos públicos, priorizar a la familia en las listas, favorecer a empresarios amigos que no invierten pero que reciben subsidios del Estado, imponer amigos en los principales cargos de los poderes constitucionales y resolver adjudicaciones directas para empresas cercanas al poder, entre otras cosas. Lo triste es que para todo esto hay justificaciones y excusas -algunas inverosímiles-, lo que habilita la crítica opositora; oportunista y limitada muchas veces. Democracia del pueblo, por el pueblo... y para pocos la ventaja.

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