Loable iniciativa para recuperar adictos

18 Abril 2012
La publicidad suele decir que "es un camino de ida". Efectivamente, en muchos casos, sucede así. Pero afortunadamente toda regla tiene su excepción, y hay también muchos que logran salir del infierno de la droga, que destruye no sólo personas, sino también familias. En la última década, el consumo de sustancias ilegales se ha incrementado en forma preocupante en casi todos los estratos sociales, especialmente en el de los adolescentes y jóvenes. Se ha convertido, por cierto, en uno de los principales flagelos de la sociedad tucumana.

Por esa razón, siempre son bienvenidas las iniciativas, por más pequeñas que sean, como la que está desarrollando el centro de recuperación de adictos Fazenda de la Esperanza Santa Mónica, que funciona en el viejo edificio que pertenecía a una escuela, en el paraje Monte Redondo, a cinco kilómetros al este de Aguilares. Allí viven quince adictos. El emprendimiento fue impulsado por el obispo de Concepción, como respuesta al clamor de muchas madres de drogadictos. Este mes cumple un año de su fundación y es la única en el interior de la provincia. La Fazenda de la Esperanza es una comunidad terapéutica de recuperados de los más variados tipos de dependencia, que no hace uso de medicamentos sino que procura la recuperación a través de la convivencia, el trabajo y la práctica de las enseñanzas evangélicas. Fue creada en 1983, en Guaratinguetá (San Pablo, Brasil) por el joven Nelson Giovanelli.

"Aquí nadie viene empujado por otra persona. El que llega lo hace por voluntad propia, porque de lo contrario la recuperación no es posible. Además, para tratarlos no usamos medicamentos. La rehabilitación tiene como pilares la convivencia, el trabajo y el desarrollo de la espiritualidad", le contó a nuestro diario un padrino de la comunidad. Señaló que no es necesario ser católico para ingresar al centro de rehabilitación. Los interesados primero deben asistir al grupo de ayuda, que se reúne en las parroquias de Concepción y de Aguilares. La vieja escuela de Monte Redondo no tiene cercas ni vigilantes. "Aquí a nadie se lo retiene. El que se quiere ir lo puede hacer cuando lo desee. Claro que al que vemos que flaquea lo alentamos para que siga adelante", sostuvo un interno que por segunda vez está intentando dejar la droga.

En 2011, se difundió un informe efectuado por especialistas en adicciones de catorce entidades públicas y privadas (la UNT, el Siprosa, el instituto Roca, la Municipalidad capitalina y distintas ONGs que asisten a adictos). El documento señaló que existía una grave deficiencia para asistir a adictos adolescentes en conflicto con la ley penal. El único centro de internación en la provincia, Las Moritas, es para mayores de 18 años sin causas penales y tiene capacidad para 21 pacientes.

El Estado debe trabajar con mayor énfasis en esta problemática porque su responsabilidad es irremplazable. En buena hora que esta iniciativa se desarrolle en el sur de la provincia, con el apoyo de la comunidad, pero también se sostiene con la labor de los internos que fabrican artesanías para la venta, mantienen una huerta, un criadero de animales y están trabajando en la instalación de una panadería.

Lo destacable de esta experiencia es que se combate la adicción sólo con contención espiritual, amor, trabajo y voluntad. "Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor y la electricidad, la voluntad", afirmaba Albert Einstein.

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