DESIERTO. Sólo jugadores, periodistas y allegados a Merlo vieron el partido.
16 Abril 2012 Seguir en 

BUENOS AIRES.- Entrar a la cancha de Almagro ayer al mediodía era como hacerlo en un boliche un sábado a la noche: había que decir el nombre ante el encargado de seguridad apostado en la puerta y esperar su respuesta. El hombre, consciente de su rol estratégico, se hacía el importante, se tomaba más tiempo del necesario, consultaba en una lista y, recién al rato, terminaba con la tensión: "éste sí, éste no".
Sin contar a los jugadores ni al cuerpo técnico, sólo 100 personas (50 allegados a Merlo, 10 de Atlético y 40 periodistas) pudieron sortear al jefe de seguridad y ver un partido que, de acuerdo a lo que alguna vez dijo Diego Maradona ante una situación similar, fue un espectáculo sin vida.
En 1987, después de un encuentro a puertas cerradas entre Real Madrid y Napoli, a Diego le preguntaron qué había sentido al jugar rodeado de tribunas vacías. "Fue como jugar en un cementerio", respondió el 10, y algo parecido ocurrió ayer: a causa de la tormenta que sacudió Buenos Aires hace 10 días, y que todavía mantiene a miles de damnificados, la Policía prohibió la presencia de público para concentrar más efectivos en otras tareas. Y el partido, entonces, se jugó en silencio. En completo silencio.
La inhabitual del hecho, sin embargo, permitió escuchar gritos que normalmente pasan desapercibidos, por lo que sentarse detrás del banco de suplentes de Atlético fue cómo ver el partido junto a Juan Manuel Llop: "Mosset, hacés cagadas, tirala lejos", retó el técnico al 2, cuando comprometió con un pase a Edgardo Galíndez.
"Galíndez, ¡es tu marca!", se desesperó enseguida el DT ante el número 6. "Barradooo", casi se infarta Llop, después de que el 10 perdiera la marca en un córner de Merlo. Pero al que más le gritó fue a Espinoza: "¡Marcá la línea!", se exasperó. Por supuesto, también se escucharon sugerencias tácticas: "Sebastián, estás corriendo detrás de la línea de la pelota", corrigió a Longo; o "'Santi', obligalo al error que es zurdo", le dijo a Fernández cuando Capogrosso salía jugando en una cancha que, por un día, no pareció una cancha. La casa de Almagro, tal como alguna vez se quejó Maradona, ayer fue un cementerio. (Especial para LA GACETA)
Sin contar a los jugadores ni al cuerpo técnico, sólo 100 personas (50 allegados a Merlo, 10 de Atlético y 40 periodistas) pudieron sortear al jefe de seguridad y ver un partido que, de acuerdo a lo que alguna vez dijo Diego Maradona ante una situación similar, fue un espectáculo sin vida.
En 1987, después de un encuentro a puertas cerradas entre Real Madrid y Napoli, a Diego le preguntaron qué había sentido al jugar rodeado de tribunas vacías. "Fue como jugar en un cementerio", respondió el 10, y algo parecido ocurrió ayer: a causa de la tormenta que sacudió Buenos Aires hace 10 días, y que todavía mantiene a miles de damnificados, la Policía prohibió la presencia de público para concentrar más efectivos en otras tareas. Y el partido, entonces, se jugó en silencio. En completo silencio.
La inhabitual del hecho, sin embargo, permitió escuchar gritos que normalmente pasan desapercibidos, por lo que sentarse detrás del banco de suplentes de Atlético fue cómo ver el partido junto a Juan Manuel Llop: "Mosset, hacés cagadas, tirala lejos", retó el técnico al 2, cuando comprometió con un pase a Edgardo Galíndez.
"Galíndez, ¡es tu marca!", se desesperó enseguida el DT ante el número 6. "Barradooo", casi se infarta Llop, después de que el 10 perdiera la marca en un córner de Merlo. Pero al que más le gritó fue a Espinoza: "¡Marcá la línea!", se exasperó. Por supuesto, también se escucharon sugerencias tácticas: "Sebastián, estás corriendo detrás de la línea de la pelota", corrigió a Longo; o "'Santi', obligalo al error que es zurdo", le dijo a Fernández cuando Capogrosso salía jugando en una cancha que, por un día, no pareció una cancha. La casa de Almagro, tal como alguna vez se quejó Maradona, ayer fue un cementerio. (Especial para LA GACETA)
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