Nada es ni será como era entonces. Hay frases hechas que suelen transformarse en máximas; y esos juegos de palabras, armados y organizados cual sonetos, se vuelven aplicables a situaciones diversas.
Tucumán, por ejemplo, ya no será aquella provincia mimada por Néstor y amada por Boudou. El gobernador le hizo saber a quien quiso indagarlo que el ex presidente siempre regó esta fértil tierra con viviendas, pavimento, rutas y fondos frescos. También posó para la foto -aquí y en Buenos Aires- con su amigo el ex ministro de Economía de la Nación, que le propinó igual trato que el fundador de la dinastía K. No hace mucho, Alperovich festejó con bombos y platillos la excepcional y tranquilizante refinanciación de la deuda pública. Atribuyó ese gran trato financiero a esa buena onda con Amado. Sin embargo, el ex sonriente vicepresidente ahora no tiene tiempo para ocuparse de los contratiempos que -de a poco- convirtió en gotera el chorro de dinero federal que llegaba a la provincia. Cristina tampoco está tan presta como supo estar su esposo para atender contratiempos de mandatarios fieles al mundo K. Pero la aplicación de la frase hecha no necesariamente implica un mal augurio. Si bien la llegada de recursos no es como era, posiblemente será otra vez fluida y beneficiosa una vez que pasen los chubascos institucionales y financieros que golpean al país en el año de la profecía del fin del mundo. Porque Beatriz es cada vez más Rojkés que "de Alperovich", y la mujer que ocupa el tercer lugar en el podio de autoridades nacionales se ubica cada vez mejor en el escenario en el que se toman las decisiones.
La primera dama provincial no sólo pretende -cual CFK- dejar ese cargo por el de gobernadora, sino que ya actúa de enlace entre las necesidades tucumanas y las trabas nacionales. También recibe a sus pares y participa de las estrategias de la Casa Rosada que involucran al Senado. Durante las próximas semanas tendrá una prueba crucial, ya que si Daniel Reposo logra sin dificultad el aval senatorial para erigirse en Procurador General de la Nación, subirán sus acciones. En cambio, su cotización caerá como si fueran papeles bursátiles de YPF si las cosas se complican en la Cámara Alta: ella comanda el Senado y quedaría, entonces, como uno de los estandartes de esa hipotética derrota oficialista. Respecto de la ex petrolera estatal, la posibilidad de que regrese "a manos de los argentinos" es la excepción que confirma la regla de las frases hechas: en términos históricos, el Estado nacional muestra que siempre sigue igual y que vuelve al pasado con tanta constancia como la gota que talla la piedra.
Quien no es el mismo es Alperovich. Ese Sansón que todo lo podía, siempre en el centro de la escena, arrollador, abrazador y protagonista de cualquier pleito político parece haber perdido fuerza junto a la desaparición de su bigote, como le pasó al mítico héroe con su pelo. ¿Por qué ahora se habla de los Rojkés, de los Gassenbauer y de algunos ocultos operadores peronistas? ¿Qué pasó con aquel hombre al que ningún gremio o institución media podía poner en aprietos? ¿Es un cambio de estrategia del gobernador o el peso de la gestión comenzó a hacerle bajar los brazos? Sea como fuere, el peronismo siempre estuvo conformado por sabuesos dotados de un olfato especial. Apenas huelen debilidad, comienzan a correr hacia la presa. Habrá que ver qué sucede ahora que el mandatario volvió a lucir su viejo look.
¿Y la oposición? Bien, gracias. Continúa con su juego sin sentido de rencillas internas y de lucha por conservar pequeñísimos espacios de poder. Por ello las complicaciones ebullen de entre las entrañas del poder. Todo a pedir de boca de las desprestigiadas frases hechas.
Tucumán, por ejemplo, ya no será aquella provincia mimada por Néstor y amada por Boudou. El gobernador le hizo saber a quien quiso indagarlo que el ex presidente siempre regó esta fértil tierra con viviendas, pavimento, rutas y fondos frescos. También posó para la foto -aquí y en Buenos Aires- con su amigo el ex ministro de Economía de la Nación, que le propinó igual trato que el fundador de la dinastía K. No hace mucho, Alperovich festejó con bombos y platillos la excepcional y tranquilizante refinanciación de la deuda pública. Atribuyó ese gran trato financiero a esa buena onda con Amado. Sin embargo, el ex sonriente vicepresidente ahora no tiene tiempo para ocuparse de los contratiempos que -de a poco- convirtió en gotera el chorro de dinero federal que llegaba a la provincia. Cristina tampoco está tan presta como supo estar su esposo para atender contratiempos de mandatarios fieles al mundo K. Pero la aplicación de la frase hecha no necesariamente implica un mal augurio. Si bien la llegada de recursos no es como era, posiblemente será otra vez fluida y beneficiosa una vez que pasen los chubascos institucionales y financieros que golpean al país en el año de la profecía del fin del mundo. Porque Beatriz es cada vez más Rojkés que "de Alperovich", y la mujer que ocupa el tercer lugar en el podio de autoridades nacionales se ubica cada vez mejor en el escenario en el que se toman las decisiones.
La primera dama provincial no sólo pretende -cual CFK- dejar ese cargo por el de gobernadora, sino que ya actúa de enlace entre las necesidades tucumanas y las trabas nacionales. También recibe a sus pares y participa de las estrategias de la Casa Rosada que involucran al Senado. Durante las próximas semanas tendrá una prueba crucial, ya que si Daniel Reposo logra sin dificultad el aval senatorial para erigirse en Procurador General de la Nación, subirán sus acciones. En cambio, su cotización caerá como si fueran papeles bursátiles de YPF si las cosas se complican en la Cámara Alta: ella comanda el Senado y quedaría, entonces, como uno de los estandartes de esa hipotética derrota oficialista. Respecto de la ex petrolera estatal, la posibilidad de que regrese "a manos de los argentinos" es la excepción que confirma la regla de las frases hechas: en términos históricos, el Estado nacional muestra que siempre sigue igual y que vuelve al pasado con tanta constancia como la gota que talla la piedra.
Quien no es el mismo es Alperovich. Ese Sansón que todo lo podía, siempre en el centro de la escena, arrollador, abrazador y protagonista de cualquier pleito político parece haber perdido fuerza junto a la desaparición de su bigote, como le pasó al mítico héroe con su pelo. ¿Por qué ahora se habla de los Rojkés, de los Gassenbauer y de algunos ocultos operadores peronistas? ¿Qué pasó con aquel hombre al que ningún gremio o institución media podía poner en aprietos? ¿Es un cambio de estrategia del gobernador o el peso de la gestión comenzó a hacerle bajar los brazos? Sea como fuere, el peronismo siempre estuvo conformado por sabuesos dotados de un olfato especial. Apenas huelen debilidad, comienzan a correr hacia la presa. Habrá que ver qué sucede ahora que el mandatario volvió a lucir su viejo look.
¿Y la oposición? Bien, gracias. Continúa con su juego sin sentido de rencillas internas y de lucha por conservar pequeñísimos espacios de poder. Por ello las complicaciones ebullen de entre las entrañas del poder. Todo a pedir de boca de las desprestigiadas frases hechas.







