Hasta la vuelta

Los que gastaron todas sus "re-re" se hamacan entre esperar que el gobernador desempolve su proyecto de reforma constitucional o empezar a idear los planes "B". UCR: internas en el partido y en la Universidad

Hace poco más de una década se esperaba con expectativa y con picardía el viaje de un gobernador. Uno de los más salidores fue Ramón Ortega. Cuando partía se contaban divertidas anécdotas de su vicegobernador, Julio Díaz Lozano, revisando cajones o pensando alguna "maldad" para el regreso. Más curiosos aún eran los momentos en que durante el Gobierno bussista el indómito monterizo Enrique Pedicone quedaba al frente de la provincia por unos cuantos días. A veces le dejaban el despacho cerrado con llave y otras él se ocupaba de dejar ahumado con algún habano barato. Había una desesperación no sólo por la foto o la travesura, sino también por la lapicera. Después, Julio Miranda tuvo en su vice, Sisto Terán, un fiel escudero. Hoy, los tiempos son muy distintos; y cuando José Alperovich se va, las riendas se extienden como interminables elásticos que llegan hasta donde está. Nada queda en manos ni al arbitrio de otro. Por el contrario, el gobernador ha conseguido generar grandes expectativas con sus partidas allende los límites de la Argentina.

Cada vez que se fue trajo de regalo una decisión que afectó la vida de los tucumanos. Una vez bajó del avión, abrió la valija y traía la candidatura de su esposa Beatriz Rojkés; otra, la decisión de que Sergio Mansilla sea presidente subrogante; supo traer la reforma constitucional para su reelección; y en una oportunidad, la invención de Juan Manzur como vicegobernador, cargo que aún conserva, pero que no ejerce, desoyendo la voluntad popular.

Este nuevo viaje coincide con el 57 cumpleaños del mandatario provincial. Ayer sopló las velitas en los Estados Unidos, a 7.528 kilómetros de distancia de su despacho. Lejos de adulones y de "sijosesistas" obsecuentes. Fue una elección del hombre que debe tomar una decisión trascendental: intentar una nueva reelección y, por lo tanto, volver a reformar la Constitución de la provincia.

Gestualmente Alperovich transmite cansancio y tedio, como si quisiera mostrar que no le interesa la re-re-reelección. A su lado, su esposa se muestra como si pasara el mejor momento político.

Son muchos los que dependen de esta decisión de Alperovich. Hay legisladores e intendentes, para los que la inquietud se convirtió en nervios; y pasaron a la acción. Si el gobernador no define, hay que ir haciendo proyectos, por las dudas los deje mal parados.

En este juego sólo los intendentes de Banda del Río Salí (Zacarías Khoder) y de Yerba Buena (Daniel Toledo) parecen tener capacidad por sí solos para intentar una banca Legislativa. Los demás tuvieron demasiada ayuda de la Casa de Gobierno como para sentirse lo suficientemente libres como para sumar los votos necesarios para ser legislador. En ese caso están empezando a revisar la lista de familiares que pueda ocupar el lugar que actualmente es de ellos. Algo parecido les pasa a los legisladores carentes de otra reelección: o buscan una intendencia o el familiar, que les asegure la vianda política.

La apatía de Alperovich empieza a dibujar una verdadera guerra entre los intendentes y los legisladores que no cuentan con reelección.

En Tafí Viejo, el intendente Javier Pucharras puso toda su maquinaria para que junto al taficeño exiliado Roque Alvarez (legislador que ya agotó sus re-re) no pierdan el municipio que ambiciona el legislador (también sin re-re) Alejandro Martínez.

En Yerba Buena, parece que se dará un trueque sin problemas, ya que el legislador Sisto Terán hoy en día ya habla como intendente cuando se autoproclama "hacedor" de tal o de cual obra o acción en el municipio que se acuesta al pie del cerro.

En Monteros las cosas se pueden complicar porque Regino Amado ya no tendrá más la foto de vice gobernador, porque no tendrá más re-re; y lo mismo le ocurre al intendente, Alberto Olea, que necesita de la reforma para seguir en ese lugar. A este dúo se le suma el secretario de la Legislatura, Antonio Ruiz Olivares.

En Alberdi, Luis Alberto Campos parece caído en desgracia en la Casa de Gobierno; y el legislador -sin re-re- Raúl Hadla tiene ganas de ocupar su sillón aún cuando ya tiene tonada capitalina y está muy acostumbrado a los cafés sobre una peatonal de San Miguel de Tucumán.

En Concepción, Osvaldo Morelli parece haber llegado al final de su vitalicia carrera de intendente. Buscará dejará a un secretario de su gestión, siempre y cuando el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, no meta la cola como lo viene haciendo en cuanto municipio se le antoja.

Falta mucho. Si Alperovich decide poner en marcha el proyecto que guardó en el cajón en diciembre deberá hacerlo antes de agosto; si no, se le complicará 2013. En caso de que no lo haga; es decir, si no se da la reforma, el trabajo político será muy diferente al que vienen haciendo todos; por lo tanto, no puede perder ni un segundo.

En la Legislatura se suma un problema más: la aparición de La Cámpora. El desembarco inesperado de Jesús Salim -quien después de un llamado en la Casa Rosada terminó obteniendo una banca provincial- ha marcado una huella insoslayable. Los viejos legisladores subestiman a La Cámpora; y hasta la comparan con aquella Coordinadora radical. Resaltan sus capacidades y sus vinculaciones, pero subestiman a sus integrantes, por la falta de votos.

El boleto puede esperar
Antes de subirse al avión, Alperovich se desdijo de la promesa que les había hecho a los empresarios del transporte automotor y los dejó sin aumento de cospel. Los directivos de Aetat se quedaron mascullando algunos improperios. Primero les dijeron que era antipopular y que apenas pasaran los comicios (28 de agosto) habría incremento. Después les pidieron que esperen la asunción (29 de octubre) y firmaban la suba. Cuando se acercaba fin de año les reclamaron paciencia y que apenas pasara el 10 de diciembre se sentarían a hablar. Después les propusieron: terminan las vacaciones y se sientan a negociar. Los empresarios taclearon a los políticos y dialogaron en Casa de Gobierno, en la intendencia y en el Concejo Deliberante; pero se les escaparon por el aire con el justificativo de que tienen que pasar las paritarias con los estatales. En Aetat esperan el regreso de Alperovich para expresar sus quejas y para tener un boleto más caro.

La ilusión radical
La Unión Cívica Radical también necesita decidir su camino para definir el destino. No pueden llegar a 2015 con la misma apatía y desinterés con el que arribaron a los comicios de 2011, convencidos de que la derrota por goleada era un buen resultado.

La primera parada es la elección de autoridades, pero obviamente les cuesta ponerse de acuerdo para evitarla y empezar a trabajar por 2015. El senador José Cano, que quería que el ex fiscal federal Alfredo Terraf fuera el futuro jefe radical, ha empezado a ceder luego de los desayunos de trabajo que comparten -sin el legislador Ariel García-, el diputado Luis Sacca y el intendente simoqueño Luis González. Entre ellos ya se hicieron guiños para que el presidente de la UCR sea el concepcionense Raúl Albarracín. La legisladora Silvia Elías de Pérez asiste a las reuniones, mira, opina, pero todavía no tiene el peso suficiente para inclinar el fiel de la balanza. A esta idea se sumaría el diputado Juan Casañas, que teje su reelección como diputado nacional sin prisa, pero sin pausa. Brígido Ibarreche y Raúl Moreno forman una minoría que no sueña con ser mayoría y se refugian en la figura de Jorge Cheín (h). Por su parte, Federico Romano Norri sigue envuelto en la telaraña de los dirigentes más veteranos, salvo que sea su hijo el postulante que "ya está en la edad de merecer", tal cual su propio decir. Se apoya en el verborrágico y sempiterno candidato Rubén Chebaia y recurre para algunas operaciones a Carlos Tarulli, quien se sube al auto del excorredor Roberto Sánchez, tratando de que direccione el vehículo en ese sentido. Pero este corre en otra pista. A él le interesa ser intendente de Concepción y acelera a fondo hacia ese objetivo, donde quiere llegar allí sin etapas internas. Tal vez por eso, a lo largo del camino no duda en saludar hasta a los alperovichistas; no vaya a ser que necesite algún mecánico de esos boxes, en algún momento.

Mientras se desatan estas cavilaciones, muchos de los radicales tienen un ojo en estas internas y el otro en la Universidad Nacional de Tucumán, donde este fin de semana se pone en marcha un proceso electoral en el que el rector, Juan Cerisola, apuesta a todo o nada.

Hace una década el viaje de un gobernador era una oportunidad, hoy es el congelamiento de las acciones hasta su regreso que es esperado por propios y extraños como el punto de partida de una transformación de la actualidad.

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