El asombroso circo y el verdadero bicentenario

Por Álvaro José Aurane 14 Abril 2012
"Ya mayorcito, fundó el más famoso de los circos... Empezó siendo un museo de rarezas y monstruosidades, donde acudían las multitudes: se inclinaban ante una esclava ciega, que tenía 161 años, y había dado de mamar a George Washington; besaban la mano de Napoleón Bonaparte, que medía 64 centímetros de alto… (P.T.) Barnum fue el hombre más envidiado por los políticos profesionales de todos los tiempos. Él llevó a la práctica, mejor que nadie, su gran descubrimiento: A la gente le encanta que la engañen".

Los hijos de los días, de Eduardo Galeano. El acto principal es de magia. Parece que la plata es de los tucumanos, pero no. El escenario: el Casino de Tucumán, donde la firma Ivisa explota 150 tragamonedas gracias a la concesión directa de 2006, durante el primer alperovichismo. De pronto, el Gobierno hace aparecer una prórroga por 37 años para la firma, que comienza cuando venza la explotación que tenía hasta 2025. El truco: el alperovichismo se presenta eterno y da por sentado que seguirá en el poder, todavía, en 2062. Es eso o estamos ante un acto que afecta a las futuras nueve administraciones. Pero hay más: el 2062 es doblemente mágico y de pronto, el edificio que está de fondo, el ex hotel Savoy, también queda en manos de Ivisa desde este año y por el próximo medio siglo. O sea, hasta 2062.

Entonces el oficialismo explica que la firma ha invertido (ella también lo declara) $ 11 millones. Pero según documentación oficial, la Caja Popular de Ahorros le dio, paralelamente, préstamos por $ 15 millones. Como el público no puede dar crédito a lo que ve (para dar los créditos está el Estado), la empresa jura que sólo recibió $ 13 millones. Como fuere, la prestidigitación está consumada: aquí se presta dinero público para que se invierta, incluso, un poco menos. Y, de repente, invertir ya no es un riesgo: al revés, hay fomento estatal con la plata de los tucumanos para una actividad en la cual lo único que está en riesgo es la plata de los tucumanos apostadores.

En ese mismo acto, justamente, la plata que era de los tucumanos, de repente, ya no lo es. En un movimiento, se convierte en fondos privados que apuestan por Tucumán. Eso sí: apuestan seguro.

Claro que Ivisa promete invertir en el hotel que se acaba de ganar otros 11 millones, pero esta vez de dólares. Eso se llama prudencia: con la bicicleta crediticia de la Caja Popular, podría haber dicho cualquier otra cifra. Total, este Gobierno que quiso darle parte del parque 9 de Julio a Cristóbal López para que monte un megacasino (así los chicos podían jugar en espacios verdes mientras sus papis les jugaban el patrimonio en verdes paños), ahora actúa de manera más recatada: regala tiempo y préstamos, nomás.

Claro que en Brasil los casinos están prohibidos desde 1946, y Ecuador acaba de hacer lo propio en marzo. Pero referir esas cuestiones es cosa de cipayos. Latinoamericanistas, pero cipayos al fin.

Pero a no relajarse: resta un pase de manos que deja a todos boquiabiertos: la ruleta, de pronto, sólo tiene un único número, necesariamente ganador. Dicho de otro modo, ¿cuánto sube el valor de una firma que se asegura, por ley, un contrato de hotel y tragamonedas por media centuria?

Primera fila

El segundo acto tiene espíritu similar al anterior, pero con escala nacional y con YPF. Es una puesta a prueba de toda capacidad de asombro: lo que ayer se hizo porque la doctrina y el pueblo lo demandan hoy se deshace porque la misma doctrina y el mismo pueblo lo demandan.

Entonces aparece la varita del pejotismo, que entregó YPF en los 90 en nombre de Perón, y ahora lo quiere reestatizar en nombre de Perón. Ya se sabe: nacional y popular son, ahora, las financieras, los cerealeros, los casinos, las mineras, los ganaderos, los banqueros, el chocolate y, obvio, los petroleros. Porque el Grupo Petersen, que controla la familia Eskenazi, se quedó con el 25% de YPF (15% en 2007/2008, con opción a otro 10%, que se concretó en 2011), en enorme medida, con plata de los argentinos. Cuando Repsol cedió a las presiones kirchneristas para vender una parte, la participación de los petroleros argentinos se constituyó fundamentalmente con utilidades de YPF que, en lugar de ser reinvertidas en el país, fueron a España en pago por la porción vendida. Ahora, si reestatizan, ¿habrá que resarcir a los que prácticamente no pusieron $ 1, por obra y gracia del oficialismo gobernante?

Lo realmente mágico, como advierte el constitucionalista Rodolfo Burgos, es que muchos de los que aplaudían la privatización de YPF en nombre de beneficiar con esos ingresos a los jubilados (cosa que nunca ocurrió), ahora aplauden su reestatización, para la cual ofrecen usar la plata de los jubilados en la Anses. Y en la galera, el pueblo pone una liebre y, abracadabra, le entregan un gato.

Palco

El tercer acto es una consumación acabada de ilusionismo. El Gobierno, contra la ilusión colectiva de que ser bueno es bueno, muestra que no: ser bueno, en realidad, es malo. No se pide ningún voluntario para el número: el elegido es el abogado y secretario judicial Carlos López. El alperovichismo, haciendo gala de su inacabable discrecionalidad, no lo designará fiscal penal ni en la Capital ni en Concepción: después de concursar, terminó segundo en sendos tercetos. Pero el Gobierno optó por el primero de una terna, y por el tercero de la otra.

Con estas, ya suman cinco veces que López (a estas alturas, perseguido político de la democracia pavimentadora) queda en una terna y es discriminado y perjudicado: en dos de las tres veces anteriores, terminó primero en el orden de mérito que el CAM eleva al Poder Ejecutivo.

¿Por qué persiguen a López? Porque su carrera judicial es impecable. Porque no está acusado de traficar influencias, expedientes ni resoluciones. Y porque fue el secretario de la Fiscalía Anticorrupción que investigó al mirandismo (y al alperovichismo que se gestaba en esa fatídica gestión).

El premio consuelo es no menos oprobioso: sugieren desde el palacio que López concurse para defensor oficial: esta gestión no va a darle un cargo con facultades para disponer el encarcelamiento de nadie. Las enmiendas del alperovichismo siempre son peores que sus sonetos.

Plateas

El cuarto acto llega sobre ruedas. Es un número de desaparición. Arriba de un colectivo urbano de pasajeros aparece el aumento del precio del cospel. Y así como se presentó, se desvanece.

Todos se desesperan por adivinar cuál es el secreto. En la Casa de Gobierno dicen que el mandatario frenó todo porque están en paritarias: aprobar una suba en los costos del transporte obligaría ofrecer porcentajes de recomposición salarial más altos. En la Municipalidad capitalina se solazan con la teoría de que el gobernador se enojó porque los empresarios, que siempre acuden al palacio para pedir aumentos del boleto, esta vez pasaron antes por la intendencia. En el Concejo Deliberante dicen que el gobernador no se enojó, pero que sí dio dos directivas desconcertantes, por lo que prefirieron desensillar hasta que aclare. La primera, a comienzos de semana, fue: "muchachos, olvidensé por ahora de la suba del cospel". La segunda, con un pie en el avión, atemperó la primera: "bueno, capaz que sí la sacamos. Pero por $ 2,50. Nada más". En la oposición afirman que el único lugar donde puede encontrarse autonomía municipal es en el texto de la Constitución provincial.

Todo eso es parte del acto de desaparición. Son maniobras distractivas para evitar que sea notado lo que realmente ocurre: no hay razón seria ni valedera para que suba el cospel. Sólo hay el capricho del gobernador. Si él quiere, el precio sube. Si no, se mantiene. Dicho en sus términos, la suba se va a dar "después" y será "poquito". Rigurosidad, que le dicen.

Popular

El quinto acto es un clásico: ponen a un hombre en una caja, serruchan, lo dividen en dos y lo vuelven a unir. Lo ensaya el mismísimo gobernador. El hombre que a fines de 2011 habló de otra reforma constitucional, pero que a inicios de 2012 la clausuró. El que no termina de digerir que su gestión tenga fecha de vencimiento. Ni candidatos (y candidatas) a sucederlo. El de los diarios desayunos multitudinarios, pero que este año (durante el cual se va tomando "vacaciones cortas" todos los meses), a falta de invitados queribles, se fue a pasar el cumpleaños fuera del país.

Entonces, ¿sigue siendo uno o está dividido de verdad? Y para más intrigas aparece una encuesta oficial (no por ello encargada a Hugo Haime). Toda la población del grandote San Miguel de Tucumán se reduje a 100 personas y más de la mitad dice que tiene una imagen positiva del gobernador. Pero cuando le preguntan en qué medida está de acuerdo con un cuarto período consecutivo del mandatario (la recontramil-recontra-reelección), 47 contestan "en desacuerdo"; y otros 14, "muy en desacuerdo". Empeora con el segundo interrogante: ¿votaría una reforma de la Constitución para habilitar otra reelección? Y 64 contestan que no.

Salida

Termina la función. En la cuerda floja hacen equilibrismo los contribuyentes, sin ninguna red de contención. El alperovichismo, que les aplicó un impuestazo del 40% (llevó la alícuota de Ingresos Brutos del 2,5% al 3,5%), les apaga la luz. No quiere mirarlos. Le incomodan dos situaciones. Por un lado, el vértigo de haber dicho que con lo que recaude financiará obras públicas. Porque a la casi totalidad de las obras, en Tucumán, las paga la Nación, que el mes pasado mandó $ 15 millones más de lo previsto para pavimentación mediante el Fondo Soja. La segunda: el concesionario de las tragamonedas y del ex hotel Savoy, según fuentes oficiosas, no paga Ingresos Brutos. Eso es lo revelador de la magia: todos creían que lo de Brutos era en referencia a los Ingresos, ¿verdad?

Sólo queda iluminado el cartel del circo tucumano, inspirado en Barnum. Él, que vivió 80 años, nació en 1810. Allí, en realidad, el gran truco: en algunos Estados, ese es el verdadero bicentenario.

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