El almuerzo es uno de esos momentos de la jornada al que esperamos con ansiedad, no sólo por la avidez de nuestros estómagos, sino también porque es un recreo garantizado en medio de las corridas diarias. En ese tiempo, aprovechamos para distendernos, compartir anécdotas o contar algunas particularidades de las coberturas que hemos realizado durante la mañana. Ayer, el menú fue pascualina. Comimos sin quejarnos (mucho) de la sobredosis de queso a la que nos había sometido el chef, pero la mayor parte de la charla se centró en transmitir nuestro apoyo moral a una compañera a la que le habían tocado su punto débil: la moda. "Entro al lugar y lo primero que me dice el entrevistado es que mis botas eran parecidas a las de Robin Hood, ¿les parece?", relató. Obvio que no, no nos parecía, pero lo primero que hicimos al levantarnos de la mesa fue pispiarle los pies. Por las dudas, claro.







