Le propongo un ejercicio de memoria. Cierre un momento los ojos y piense ¿cuánto tiempo hace que pasa un día sin que usted se entere de un hecho de inseguridad? Trataremos de ser benignos y no pensaremos ya si nos sucedió a nosotros. Simplemente nos basaremos en los terceros. Hay varias posibilidades: que la víctima haya sido alguien cercano y que la noticia nos hubiera llegado "de primera mano"; que se tratara de un conocido lejano (vecino, amigo o pariente de un amigo o pariente, alguien relacionado al trabajo, al colegio de los chicos o del taller al que llevamos el auto), o bien que nos enteremos por los medios. Piense. Pero piense bien. No queremos crear aquí una sensación de inseguridad. Tratamos de basarnos en hechos concretos. Le aseguro que no ha pasado ni un día sin que usted haya incorporado datos que tengan que ver con la delincuencia. En este país nos enteramos primero de que asaltaron a alguien que de las subas de la yerba o de la nafta.
Para los amantes de los números daremos algunos. Pero con una salvedad: una cifra siempre golpea, es un dato concreto difícil de rebatir, sin embargo nunca, pero nunca, tendrán la fuerza del terror que infunde caer en manos de los delincuentes. Así que para saber lo que se siente basta (fea palabra en este caso) con hablar con cualquiera de las personas que forma parte de las estadísticas; y sí, entonces, el número pasará entonces a un segundo plano.
Basta con recorrer las 16 fiscalías penales de la provincia. Todas reciben a diario algo llamado Memorandum. Allí la Policía informa sobre las novedades acontecidas durante el día. Es un documento oficial. Lo reconocen los mismos fiscales: por día, en 50 de esas comunicaciones se denuncia algún hecho delictivo. Es decir, 50 personas por día caen en manos de ladrones. ¿Es poco? Lo multipliquemos por 30 días. Son 1.500 ataques al mes. ¿Sigue siendo poco?
¿Qué se puede hacer ante esto? Agarrarnos la cabeza. ¿Tenemos responsabilidad? Sí, claro, no toda, pero tenemos... La frase "la seguridad comienza por casa" no es gratuita. Si dejo las puertas abiertas de mi vivienda, y bueno..., después no podré quejarme ya de que "la oportunidad hace al ladrón". Pero la mayor responsabilidad, obvio, recae sobre el Estado. Es ese Estado el que está obligado a protegernos. Es ese Estado el que debe llevar adelante políticas de seguridad que nos hagan sentir más seguros. ¿Alcanza? No. Ese mismo Estado debe seguir adelante con políticas para achicar una brecha social que, por más plan que se ponga en marcha acompañado del ya remanido "para todos", es cada vez más grande.
En Tucumán no damos en la tecla y agonizamos esperando respuestas. Ya pasaron 11 meses desde que los jefes de Policía Hugo Sánchez y Nicolás Barrera presentaron sus renuncias. No lo hicieron a raíz de la ola de inseguridad que azotaba la provincia. Se vieron forzados a dar un paso al costado por la presión, no del ciudadano común que pretende que no le roben lo poco o mucho que tenga, sino de sus propios subordinados, que se alzaron en la plaza Independencia para pedir mejores sueldos. Ellos habían estado ocho años al frente de la Policía y los delincuentes todos los días ganaban una batalla. Cambiaron los nombres; ¿cambió algo más? En absoluto. La inseguridad no retrocedió ni un ápice desde que asumieron Jorge Racedo y Luis Pedraza. Entonces el problema no eran AQUELLOS hombres. Tal vez sean LOS hombres que no saben llevar adelante planes concretos. ¿O será que en realidad no hay ni planes? El avance del delito es un problema endémico al que las autoridades no le encuentran cura. Y lo peor es que parece que pretenden que nos acostumbremos a vivir enfermos.
Para los amantes de los números daremos algunos. Pero con una salvedad: una cifra siempre golpea, es un dato concreto difícil de rebatir, sin embargo nunca, pero nunca, tendrán la fuerza del terror que infunde caer en manos de los delincuentes. Así que para saber lo que se siente basta (fea palabra en este caso) con hablar con cualquiera de las personas que forma parte de las estadísticas; y sí, entonces, el número pasará entonces a un segundo plano.
Basta con recorrer las 16 fiscalías penales de la provincia. Todas reciben a diario algo llamado Memorandum. Allí la Policía informa sobre las novedades acontecidas durante el día. Es un documento oficial. Lo reconocen los mismos fiscales: por día, en 50 de esas comunicaciones se denuncia algún hecho delictivo. Es decir, 50 personas por día caen en manos de ladrones. ¿Es poco? Lo multipliquemos por 30 días. Son 1.500 ataques al mes. ¿Sigue siendo poco?
¿Qué se puede hacer ante esto? Agarrarnos la cabeza. ¿Tenemos responsabilidad? Sí, claro, no toda, pero tenemos... La frase "la seguridad comienza por casa" no es gratuita. Si dejo las puertas abiertas de mi vivienda, y bueno..., después no podré quejarme ya de que "la oportunidad hace al ladrón". Pero la mayor responsabilidad, obvio, recae sobre el Estado. Es ese Estado el que está obligado a protegernos. Es ese Estado el que debe llevar adelante políticas de seguridad que nos hagan sentir más seguros. ¿Alcanza? No. Ese mismo Estado debe seguir adelante con políticas para achicar una brecha social que, por más plan que se ponga en marcha acompañado del ya remanido "para todos", es cada vez más grande.
En Tucumán no damos en la tecla y agonizamos esperando respuestas. Ya pasaron 11 meses desde que los jefes de Policía Hugo Sánchez y Nicolás Barrera presentaron sus renuncias. No lo hicieron a raíz de la ola de inseguridad que azotaba la provincia. Se vieron forzados a dar un paso al costado por la presión, no del ciudadano común que pretende que no le roben lo poco o mucho que tenga, sino de sus propios subordinados, que se alzaron en la plaza Independencia para pedir mejores sueldos. Ellos habían estado ocho años al frente de la Policía y los delincuentes todos los días ganaban una batalla. Cambiaron los nombres; ¿cambió algo más? En absoluto. La inseguridad no retrocedió ni un ápice desde que asumieron Jorge Racedo y Luis Pedraza. Entonces el problema no eran AQUELLOS hombres. Tal vez sean LOS hombres que no saben llevar adelante planes concretos. ¿O será que en realidad no hay ni planes? El avance del delito es un problema endémico al que las autoridades no le encuentran cura. Y lo peor es que parece que pretenden que nos acostumbremos a vivir enfermos.







