Por Mey Dudin y Weedah Hamzah - Agencia DPA
No es nada nuevo: el régimen sirio promete retirar sus tropas, pero continúa la violencia. Tras la escalada en la frontera con Turquía, la oposición espera ahora la implantación de una zona tapón desmilitarizada en el lugar, con el apoyo de Arabia Saudita y Qatar. La cuenta atrás para la paz en Siria comenzó ayer por la mañana. Según el plan acordado entre el Gobierno del presidente, Bashar al Assad, y la oposición, y mediado por el enviado de la ONU y la Liga Árabe, Kofi Annan, en 48 horas las tropas del régimen deben estar fuera de las ciudades, y el alto el fuego debe ser una realidad. Pero, una vez más, la realidad parece otra.
"Se oyeron disparos de artillería en toda la provincia de Hama. También Homs sigue bajo ataque", aseguró ayer el director del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, con base en Londres, Rami Abdel Rahman. De ahí que no parezca cercano el fin del conflicto que comenzó hace 13 meses y que se cobró al menos 9.000 vidas, según el relevamiento de Naciones Unidas.
Pese a todo, Damasco asegura que ya ha retirado algunas tropas, aunque aún no hay pruebas. El canciller de Siria, Walid al Mollem, aseguró que el régimen de Al Assad participará en conversaciones directas con la oposición una vez que las fuerzas antigubernamentales acepten el plan de alto el fuego de Annan, y cesen los combates. Pero la comunidad internacional teme una extensión de la crisis a toda la región, que parece cada vez más probable cuanto más dura la violencia. La situación escaló dramáticamente en la frontera con Turquía, donde hubo muertos y heridos en dos incidentes.
Los rebeldes del Ejército Libre de Siria tienen escondites en el lado turco de la frontera, en la zona montañosa Desde ahí, los desertores, mal armados, pueden cruzar el límite por rutas de contrabando, atacar a los soldados de Al Assad y después replegarse al país vecino. Su idea de instaurar una zona liberada, más o menos asegurada, quiere imitar lo hecho por la oposición en Libia en su lucha contra Muammar Gaddafi. Pero no hay, hasta ahora, una decisión del Consejo de Seguridad de la ONU que respalde una intervención militar ni la OTAN dio pasos en esa dirección, a diferencia del episodio libio.
Además, desde hace un mes, políticos turcos expresan sus temores de que Siria se dirija a un escenario similar a las experiencias en Bosnia-Herzegovina o en la propia Libia. "La marcha de Siria recuerda a la situación de Srebrenica", advirtió el ministro de Relaciones Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, hace un mes, en referencia al genocidio del que fueron víctima los musulmanes bosnios. En 1995, los serbios asaltaron la débil zona de protección de la ONU y ejecutaron a unos 8.000 hombres y jóvenes. Los miedos crecen.








