Hace diez años golpeaba las puertas de las comisarías, de los tribunales, de la Casa de Gobierno, pero casi nadie quería escucharla. Iba y venía de un lado a otro para dar con alguna pista, algún dato que la acercara a la marca invisible que había dejado su hija desaparecida en abril de 2002. En aquel tiempo, Susana Trimarco era una vecina más y, por ende, muchas de esas puertas ni siquiera se abrían.
Ni los medios le daban el espacio suficiente para que ella pudiera exponer públicamente sobre la desaparición de su hija Marita. A pesar de los desplantes, y de haber sido ignorada durante mucho tiempo, ella no bajó los brazos y, a lo largo de una década, tuvo momentos buenos y malos, de fortaleza y de debilidad, como cualquier madre desesperada. Con el paso del tiempo esa lucha comenzó a surtir efecto. Así llegaron los primeros reconocimientos, aunque sin demasiada trascendencia, al menos a nivel político y social. Pero llegó un momento en que hubo un quiebre que marcó un antes y un después en la pelea que protagonizaba casi en soledad. El 8 de marzo de 2007, en Estados Unidos, Susana Trimarco recibió el Premio Internacional a la Mujer de Coraje. Fue un acto realizado en Washington, donde recibió el galardón nada menos que de la mano de la entonces Secretaria de Estado, Condoleezza Rice. Allí estaba Susana Trimarco junto a otras 11 mujeres, provenientes de Irak, Afganistán, Zimbabwe, Indonesia, Letonia, Arabia Saudita y Maldivas, entre otros países emergentes.
Después de aquel reconocimiento recibido en Estados Unidos, el poder político argentino empezó a mirar con otros ojos la lucha de Susana Trimarco. Regresó al país con un mayor ímpetu a la cruzada que había iniciado. Logró crear la fundación María de los Ángeles con el único fin de rescatar y ayudar a las víctimas del delito de trata de personas. De ese modo, instaló en la opinión pública esa palabra que no figuraba en el vocabulario de la gente.
En el centro de los flashes
A dos meses de haberse iniciado el juicio oral, el escenario es más que favorable para Susana Trimarco. Ella camina con mayor seguridad a sabiendas del enorme respaldo político y social que ha cosechado en este último tiempo. La marcha que encabezó el martes pasado, al cumplirse exactamente diez años de la desaparición de su hija, fue una muestra significativa del vigor acumulado en el trayecto. Aquel martes, la mayoría de los dirigentes políticos y referentes sociales pugnaban por aparecer en la foto, al lado de ella. Desde las Madres de Plaza de Mayo, pasando por las Abuelas de Plaza de Mayo hasta la presidenta provisional del Senado nacional, Beatriz Rojkés de Alperovich, compartieron algún momento con la mujer que concentraba todos los flashes.
Al mismo tiempo, en Buenos Aires, una multitud marchaba hasta el Congreso nacional para pedir justicia por Marita. Algunos vecinos avanzaban por las calles porteñas con pancartas que pedían "un Nobel para Trimarco". Lo que parecía sólo una expresión de deseo de gente común, de anónimos como alguna vez lo fue ella misma, se convirtió dos días después en una propuesta formal. La Federación Argentina de Colegios de Abogados (FACA) decidió por unanimidad proponer a Susana Trimarco como candidata al Premio Nobel de la Paz para la edición 2013.
Todavía falta mucho camino, pero ese ímpetu de los últimos meses es lo que más preocupa a los abogados de los imputados. Lo admitió el propio Jorge Cáceres, defensor de José "Chenga" Gómez. Mientras tanto, Susana Trimarco sigue diciendo a quien quiera oír: "la llevaron con vida a mi hija, con vida la quiero".
Ni los medios le daban el espacio suficiente para que ella pudiera exponer públicamente sobre la desaparición de su hija Marita. A pesar de los desplantes, y de haber sido ignorada durante mucho tiempo, ella no bajó los brazos y, a lo largo de una década, tuvo momentos buenos y malos, de fortaleza y de debilidad, como cualquier madre desesperada. Con el paso del tiempo esa lucha comenzó a surtir efecto. Así llegaron los primeros reconocimientos, aunque sin demasiada trascendencia, al menos a nivel político y social. Pero llegó un momento en que hubo un quiebre que marcó un antes y un después en la pelea que protagonizaba casi en soledad. El 8 de marzo de 2007, en Estados Unidos, Susana Trimarco recibió el Premio Internacional a la Mujer de Coraje. Fue un acto realizado en Washington, donde recibió el galardón nada menos que de la mano de la entonces Secretaria de Estado, Condoleezza Rice. Allí estaba Susana Trimarco junto a otras 11 mujeres, provenientes de Irak, Afganistán, Zimbabwe, Indonesia, Letonia, Arabia Saudita y Maldivas, entre otros países emergentes.
Después de aquel reconocimiento recibido en Estados Unidos, el poder político argentino empezó a mirar con otros ojos la lucha de Susana Trimarco. Regresó al país con un mayor ímpetu a la cruzada que había iniciado. Logró crear la fundación María de los Ángeles con el único fin de rescatar y ayudar a las víctimas del delito de trata de personas. De ese modo, instaló en la opinión pública esa palabra que no figuraba en el vocabulario de la gente.
En el centro de los flashes
A dos meses de haberse iniciado el juicio oral, el escenario es más que favorable para Susana Trimarco. Ella camina con mayor seguridad a sabiendas del enorme respaldo político y social que ha cosechado en este último tiempo. La marcha que encabezó el martes pasado, al cumplirse exactamente diez años de la desaparición de su hija, fue una muestra significativa del vigor acumulado en el trayecto. Aquel martes, la mayoría de los dirigentes políticos y referentes sociales pugnaban por aparecer en la foto, al lado de ella. Desde las Madres de Plaza de Mayo, pasando por las Abuelas de Plaza de Mayo hasta la presidenta provisional del Senado nacional, Beatriz Rojkés de Alperovich, compartieron algún momento con la mujer que concentraba todos los flashes.
Al mismo tiempo, en Buenos Aires, una multitud marchaba hasta el Congreso nacional para pedir justicia por Marita. Algunos vecinos avanzaban por las calles porteñas con pancartas que pedían "un Nobel para Trimarco". Lo que parecía sólo una expresión de deseo de gente común, de anónimos como alguna vez lo fue ella misma, se convirtió dos días después en una propuesta formal. La Federación Argentina de Colegios de Abogados (FACA) decidió por unanimidad proponer a Susana Trimarco como candidata al Premio Nobel de la Paz para la edición 2013.
Todavía falta mucho camino, pero ese ímpetu de los últimos meses es lo que más preocupa a los abogados de los imputados. Lo admitió el propio Jorge Cáceres, defensor de José "Chenga" Gómez. Mientras tanto, Susana Trimarco sigue diciendo a quien quiera oír: "la llevaron con vida a mi hija, con vida la quiero".







