"A veces, es visto como la única salida"

19 Marzo 2012

Por Silvina Cohen Imach

Psicóloga - Especialista en violencia familiar

La violencia y los abusos sexuales en la infancia y la adolescencia se presentan como devastador de la subjetividad, en tanto constituye para el sujeto un acontecimiento traumático. Un trauma es aquello que traspasa los límites de lo tolerable, rompe la membrana protectora del sujeto y lo expone al sujeto al dolor. 

Publicidad

Las vivencias producidas por la violencia y los abusos, por intolerables, son expulsadas del sentido, y por tanto, imposibilitadas de ligazón psíquica, sin encontrar su modo de tramitación. A esto se suma una sensación de terror sin nombre y la imposibilidad de imaginar un futuro construido sobre los pilares del presente desorganizante. Esto se traduce en la clínica como un vacío de representación, opuesto al demasiado lleno de sentido del síntoma. "Estoy llena de vacío", decía Hilaria, una adolescente italiana de 16 años, que se encontraba haciendo una experiencia de intercambio en nuestra ciudad, luego de haber sido abusada sexualmente en algún lugar del Parque 9 de Julio.

Los abusos en la infancia producen, partir de esta sensación de vacío, numerosos signos: ansiedad, agresividad, comportamientos de autolesión, exposición al riesgo, comportamientos transgresivos, cuando no depresión, replegamiento yoico, aislamiento y retraimiento. Muchas veces en la adolescencia suelen intensificarse, justamente por autoinculparse, los comportamientos agresivos o autodestructivos, y dentro de ellos, el suicidio, a veces, es visto como la única salida.

Por ello, ante semejante desestructuración provocada por la violencia en la infancia y la adolescencia, es preciso favorecer la creación de un espacio terapéutico a través del cual el sujeto pueda construir una "membrana" que evite la desorganización psíquica, la abulia, la sensación de cansancio y el aislamiento masivo.

Comentarios